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Absurdo

27mayoo.JPGIonesco, Artaud, Genet, Becket y Pinter, estandartes del teatro del absurdo, han quedado como aprendices, porque nuevamente la realidad supera a la ficción. En el futuro, cuando se defina el adjetivo absurdo (también se una como sustantivo), se pondrá como ejemplo cualquier periódico español de esta semana. Después del descalabro electoral socialista del domingo, unos piden congreso, otros primarias con un solo candidato y Carme Chacón da una rueda de prensa para retirarse de una competición a la que todavía no se había presentado. El futuro de PSOE parece que va a quedar en manos de Rubalcaba, como si entre los 220.000 militantes socialista no hubiera nadie más que él, que ya en la era Zapatero era un vestigio del pasado. Y mientras se discute el destino de un partido, nadie se ocupa del Estado. Ya puestos, no me extrañaría que algún dirigente canario invitase al Barça a radicarse en Lanzarote, para que deje de tener problemas con los volcanes en sus partidos de Champions, protegido por la Virgen de Mancha Blanca. Y no me extrañaría que IU se abstuviera en Extremadura, con lo que daría el gobierno al PP. Comparado con la actualidad, el cine más delirante de Buñuel es un tratado de lógica.

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Encuentros en la III fase

Ha habido una lelecciones locales y autonómicas con los resultados que ya conocemos y los políticos, los partidos y los comentaristas siguen subidos a la parra, como si todo eso se dirimiera en otro escalón de la existencia y el mundo real nada tuviera que ver. Los perdedores hablan de su derrota con escasa autocrítica, y lo que plantean es qué hacer con su partido; no ven más allá.
2360195586_a3dfc1d92a_o[1].jpgLos ganadores pregonan sus proyectos y tratan de extrapolar su victoria a unas posibles elecciones generales anticipadas. Ya sabemos que no hay correspondencia exacta entre unas elecciones y otras, aunque es evidente la tendencia, pero con el porcentaje conseguido el domingo el PP no alcanzaría mayoría absoluta, IU quintuplicaría sus escaños, los grandes partidos nacionalistas ocuparían un gran arco parlamentario y el PSOE se derrumbaría. Esa es la tendencia, sin duda, pero creo que no en esa medida, porque las elecciones generales tienen otras claves. Lo que sí echo en falta -hace tiempo y ahora más- es una conjunción de los políticos de todos lo partidos, empeñados en sacar a este país de la situación en que está. Si ya se saben unos salientes y otros entrantes, que arrimen el hombro, que hablen con los chicos de Sol a ver cómo se sustancia ese vago maremágnum de propuestas, que pongan firmes a los gobiernos autonómicos para que entren en un juego solidario, que dialoguen con los empresarios y los poderes financieros para empujar todos en la misma dirección. Pero no, aquí cada uno a lo suyo y la casa sin barrer. Es como si hubieran sido abducidos por la ansiedad de llegar al poder o el terror de perderlo. Para hablar con ellos de la realidad hay que tener un encuentro en la III fase, porque se olvidan de que el poder no debe ser un fin, sino un medio para organizar lo colectivo.

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¿Y ahora qué?

Tanto hablar del valor del voto y luego los pactos hacen de su capa un sayo. Con el disparatado sistema electoral que hay en Canarias, la cosa anda entre tres, aunque luego haya una cuarta pata que no suma 31 con ninguna. De manera que para gobernar es necesario que dos de esas fuerzas se unan. Se podría decir que el partido más votado tiene que tomar la iniciativa, pero ni así, porque ya hemos visto cómo, habiendo ganado con holgura las elecciones, un partido se queda en la oposición, o que el más votado no sea el que tiene más diputados, por causa de ese sistema electoral que roza la irracionalidad. 23mayo.JPGAsí que, aunque ya conocemos el escrutinio, no sabemos quién va a gobernar, como siempre. Está claro que habría que cambiar la manera de contar los votos, para que tengan el valor real que nos predican.
En cuanto a los cabildos y ayuntamiento, pues algo parecido. En Gran Canaria y en su capital no basta con ganar las elecciones, hay que hacerlo con mayoría absoluta porque si no es así la llave del gobierno acaba teniéndola una fuerza minoritaria, que es la que pone y quita reyes. También lo hemos visto y seguramente lo veremos otra vez. Ya no es solo una cuestión de regeneración democráctica -que también- sino de racionalizar las correspondencias entre el voto ciudadano y las cuotas de poder que finalmente significan. Porque en un ayuntamiento o un cabildo puedes tener 6 concejales o consejeros y carecer de capacidad de influencia porque suma mal, y en cambio se ha visto que una fuerza con dos concejales -incluso con uno- adquiere una relevancia enorme porque la aritmética le permite decidir. Muchas de estas carencias se solventarían con listas abiertas, pero también habría que mirar los porcentajes mínimos, el sistema D’Hont y el equilibrio entre votos y escaños. Pero es evidente que a los políticos que alcanzan el poder esto no les interesa, porque tal vez no saldrían elegidos. Y así nos va.