Chacho, chacho, el Parlamento
Cuando hace unos días el pleno del Parlamento de Canarias aprobó una proposición no de ley apoyando por unanimidad la candidatura del físico Blas Cabrera para ser homenajeado en el Día de las Letras Canarias 2012, se saltó la normativa dictada al respecto, que establece que se dedique cada año a «un autor diferente de nuestra literatura». Visto que Blas Cabrera no fue un literato, y después de un debate social que ha trascendido a los medios, la parlamentaria Dulce Xerach rectificó. Lo consecuente es que el Parlamento -no una sola diputada- se retractase porque se ha equivocado. Pero no, no se desdicen y ahora la Mesa del Parlamento (los que se sientan arriba, que son cinco) decide proponer a Pancho Guerra, que sí fue un escritor y entra en la normativa. ¿Es que los cinco componentes de la Mesa no votaron en el pleno que aprobó la anterior proposición? ¿Por qué no rectifican el error anterior? Lo único que falta es que otro órgano parlamentario -la Junta de Portavoces, por ejemplo-, proponga a un tercero, y ya puestos que hagan proposiciones los grupos parlamentarios por separado, los servicios jurídicos, los ujieres y los operarios de mantenimiento del edificio del Parlamento. Un poco de seriedad, y dejen que las cuestiones específicas las traten y decidan los organismos que tienen competencias para ello.
Los tiempos van cambiando la percepción de las cosas y hasta la interpretación. Cuando escuchamos una obra de música clásica, ponemos un disco actual, o la escuchamos en un auditorio con una orquesta estructurada seguramente de otra manera a como se hacía hace siglos. Hay por ahí investigadores que incluso tienen grupos de música que tratan de reproducir el sonido que se escuchaba en tiempos de los grandes compositores clásicos. Por lo que yo sé, la cuerda ha ido ganando terreno, y hoy los violines, las violas y los chelos son la base de la reproducción musical de una orquesta sinfónica. En el siglo XIX había menos cuerda y sobresalía el metal, por lo que es de suponer que un concierto de Tchaikovski sonaría más a banda de lo que suena hoy el vals de El lago de los cisnes.