Éramos pocos y… Cameron
No me refiero a Shakira, que en sentido estricto no ha parido, puesto que el natalicio de su hijo fue por cesárea, hablo de David Cameron, que propone a los británicos un referéndum para decidir si se quedan o salen de la UE. Artur Mas desde la pequeñez y Cameron desde la opulencia están haciendo lo mismo, jugar con las cosas de comer, y así no hay manera de consolidar una Europa fuerte que pueda competir en el futuro con Estados Unidos (que siempre estará ahí por mucho que digan) y las potencias emergentes. Los dirigentes europeos parecen creer que seguimos viviendo en un mundo decimonónico, eurocéntrico y colonial, cuando la realidad es que cada día estamos más colonizados por Estados Unidos y China (y espera a ver India y Brasil). Europa nació en el Mediterráneo, y a los pueblos del norte entonces los llamaban bárbaros, y ahora se toman la venganza arrasando lo que un día fueron las glorias de Pericles, Julio César, Felipe II y don Manuel el Afortunado. Creo que ni Mas ni Cameron quieren lo que dicen pretender, y usan los dichosos referéndums como moneda de cambio, uno para pactar una mejor fiscalidad con Madrid, Cameron para chantajear a la UE, cobrar más cada año de Bruselas (ahora se le dan 50 mil millones) y seguir mangoneando el euro desde la City financiera de Londres. De paso, ocultan sus fracasos en la gestión y se presentan como salvapatrias. Nada que no hayamos visto antes.
Lo he dicho más de una vez, pero debo hacer notar que nuestro dirigentes han leído muy mal El Príncipe de Maquiavelo. Decía el autor florentino que el Príncipe (tradúzcase por dirigente) debe mostrar siempre un ánimo distinto al de sus allegados y que así se transmita al pueblo. Cuando todo el mundo está nervioso, el Príncipe se ha de mostrar sereno; si hay desánimo entre los suyos, él debe arengarlos con brío; si su gente está envalentonada, él ha de ser prudente y comedido. Y todo esto porque, al estar de ánimo distinto, todos piensan que él sabe lo que hay que hacer, y en esa confianza se suelen conseguir los objetivos. Está claro por lo tanto que no es que no hayan leído El Príncipe, es que ni siquiera saben qué significa liderar una sociedad, que encima los ha puesto al timón con sus votos. O sea, no saben siquiera quién fue Maquiavelo. El país se va al garete y ellos siguen con su guirigay productivo (para ellos), y hasta son capaces de fracturar una sociedad tan sólida como la catalana para huir hacia adelante acusando a los taimados y borbónicos tribunales a las órdenes de Madrid de una persecución personal. Su corrupción hace que arrastren al abismo a todo un pueblo. El noroeste de África se incendia con una situación muy complicada que puede salpicarnos, Cáritas no da abasto, el tejido económico está yerto, y ellos siguen con sus batallitas particulares. Pero no hay que preocuparse, alguien que pretenderá haber leído y entendido a Maquiavelo nos creará seguridad psicológica porque la gala del Carnaval va a presentarla Bustamante. Pobre Maquiavelo.