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Lo que ellos digan


zoooDSCN4283.JPGLos ingleses decidieron hace muchas décadas que Canarias era una tierra propicia para cultivar los tomates que ellos necesitaban para sus ensaladas, más a mano que las lejanas bayas de ultramar, a dos días de Liverpool y con un dominio total de la producción y el mercado. Ahora es Bruselas la que decide sobre nuestras cosechas; el caso es que nunca hemos gobernado nuestras fuentes de riqueza, fuera caña de azúcar, viño, cochinilla, plátanos, tomates o turismo. Siempre son otros los que, desde muy lejos, dicen cuándo y cuánto hay que producir. Y se nota, sobre todo en las proximidades de citas electorales, en el discurso tomatero de nuestros políticos. El caso es que seguimos pendientes de lo que los europeos quieran comer y lo que quieran pagarnos por nuestros productos. Y nadie se esconde para decirnos que hasta eventos como el Festival de Música o los Carnavales tienen la mirada puesta en lo que la señora Europa desee. Quinientos años de soledad, que diría un amigo mío que es coronel.
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Nada tiene que ver con mi post, pero pongo este enlace con el blog de Alexis Ravelo, y así me ahorro escribirlo.

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Un cruce de la Historia

zzxxxFoto0576.JPGSiempre se ha dicho que la Historia es cíclica, y que funciona a sobresaltos. Hay períodos en los que se mantiene un status quo (el latín está ahora de moda) y, de repente, lo que no ha sucedido en décadas ocurre en semanas, a veces en días. Creo que estamos viviendo una época en que ese vértigo se hace visible, y el problema que tienen los medios de comunicación es determinar qué acontecimiento de los muchos que suceden va a ser destacado sobre otros. Me contaba un viejo periodista que, cuando fue elegido Juan XXIII (1958), al periódico llegó un escueto télex que decía más o menos: «El cónclave reunido en Roma ha elegido como nuevo Papa al cardenal Roncalli, que llevará el nombre de Juan XXIII». En ese momento había que confeccionar el periódico del día siguiente, ir a los archivos a ver qué se sabía del tal Roncalli, encontrar (con mucha suerte) una foto suya, encargar a un sacerdote amigo una semblanza del nuevo pontífice y tratar de conseguir algunas declaraciones del obispado o de algún cargo eclesiástico de la diócesis. Era una proeza llenar un par de páginas. Ahora hay tanta información que resulta difícil escoger, y finalmente casi todos los medios se encomiendan a las agencias y vienen a decir casi lo mismo. Y es tal el vértigo de nuevas noticias, que hay días en los que uno desea que no pase nada. Pero ese día no llega porque estamos en un cruce de la Historia. ¿El nuevo papa? Hombre, siguiendo la línea de Gardel, Evita y Maradona, es una tentación humorística inestimable para parodiar hasta el infinito el tópico del argentino con ser superior. Habrá que preguntar a Valdano (¿lo ven? ya he caído).

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Prohibido llamarse Lenin


Les aseguro que lo que aquí se cuenta no es coña, aunque lo parece. Como no hay asuntos graves y urgentes a los que dedicarles tiempo, el Gobierno marea perdices para que la gente se entretenga mientras ellos siguen laminando el Estado de Bienestar que tanto trabajo costó conseguir. Ahora salen con que en el registro civil se prohíbe apuntar a un niño como Lenin, y a los sudamericanos que se llaman así (allí abunda el nombre) se les obliga a cambiárselo. Aparte de la cortina de humo que esto significa, es claramente un atentado contra la libertad de expresión, e incluso contra leyes que provienen de 1977, zzLenin_CL_Colour[1].jpgque permiten imponer cualquier nombre siempre que no se atente contra la dignidad (se puede imponer a un bebé nombres como Próculo, Canuto o Kevin Kostner de Jesús, pero no puede llamarse Lenin). El argumento para prohibir este nombre en concreto es que no lo es en realidad, puesto que el dirigente de la revolución rusa se llamaba Vladimir Illich Ulianov, y lo de Lenin era un apodo que parece ser le impusieron por algún episodio de su vida relacionado con el río Lena, si bien él procedía de la cuenca del Volga. Decir Lenin, es como decir Gallego, Valenciano, Castellano, Navarro o cualquier apellido que denote lugar de procedencia, puesto que en su origen seguramente estas denominaciones fueron apodos que indicaban de dónde venía esa persona y luego apuntaron a sus hijos con esa palabra, que sustituía a la original, casi siempre un apellido judío en tiempos de persecuciones y expulsiones. Hay apellidos que provienen del aspecto físico (Rubio, Moreno, Castaño, Delgado, Gordo), de profesiones (Molinero, Panadero, Trapero), de lugares (Toledo, Zamora, Sevilla), pero esa procedencia no crea la misma confusión que la de asociarse con el río Lena. Dice el Gobierno que Lenin da lugar a confusión porque no se sabe si es nombre o apellido; con ese argumento, habría que prohibir docenas de palabras que funcionan indistintamente como nombre y apellido: Felipe, Alonso, Borja, Luis, Gonzalo, Miguel, Gabriel y un larguísimo etcétera. Como se les ve el plumero y hasta el penacho, lo próximo será impedir que los niños se llamen Fidel, Hugo, León, Emiliano o Ernesto, no vaya ser que el nombre imprima carácter y se nos llene esto de Trostkis, Zapatas y Che Guevaras.