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Roma traidoribus non premiat


zzzz20140124_134314.jpgEsta es una historia cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia. Se trata del relato que da lugar a la frase «Roma no paga a traidores», que en el título va en latin porque es más solemne (dónde va a parar). Antes nos contaban en el colegio la gesta de Viriato, un valiente caudillo lusitano (portugués, para seguirnos entendiendo), y digo antes porque si en tiempos muy pretéritos se incidía en la historia desde una falsa visión de heroísmo ibérico, los sucesivos planes de estudios casi la han hecho desaparecer.
El caso es que no había manera de que la gran Roma preimperial (siglo II a.c.) llegase al Atlántico, porque, cada vez que los romanos se acercaban a Portugal, Viriato machacaba una detrás de otra las tropas de centuriones tan prestigiosos como Cayo Vetilio, Cayo Plancio y Cayo Nigido (los enumero para documentar que llamarse Cayo era para los romanos como ahora llamarse Manolo). Entonces, el cónsul Escipión mandó a otro centurión, un tal Marco Pompilio Lenas (esto ya tenía más nivel, era como llamarse Carlos Javier), con el encargo de que sobornara a tres lusitanos, con nombres de más porte: Àudax (Pedro), Ditalco (José) y Minurus (Ramírez) para que traicionaran a su líder y lo eliminaran. Cuando el trío se presentó en el campamento romano con la cabeza de Viriato y para cobrar la recompensa, el cónsul Escipión pronunció la dichosa frasecita (Roma no paga a traidores), y además ordenó: «¡Que los quiten del Mundo!»
Y los quitaron. Al menos fue así cómo me lo contaron. Ya digo, una historia que no tiene relación con la actualidad.

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Dale un gallo a Esculapio

Vivimos tiempos en los que todo pierde sentido. Ya no sirve la lógica tradicional, la que venimos utilizando en los últimos 2.500 años, desde la Grecia Clásica, y el doble si nos remontamos a los Sumerios. Una caja de ahorros fue rescatada en 2010 con más de 8.000 millones de dinero público, y ahora se vende con nuevo nombre a un grupo financiero privado por 1.000 millones; pagamos entre todos la diferencia, y nadie responde ni política ni judicialmente. Nos vienen a decir más o menos que son gajes del oficio. Carlos Floriano, preboste del PP, ha dicho sin pestañear que estamos saliendo de la crisis gracias al esfuerzo de los que más tienen. Según mi lógica de siempre, las cifras dicen que los pobres son legión, que las clases medias casi han desaparecido y que las grandes fortuna ganan a veces hasta un 7% más que en ejercicios anteriores.zzzgalloesc.JPG Ya Sócrates no me sirve, debo armar mal mi pensamiento o directamente esta gente miente. Por otra parte, nos dicen que todo mejora, que ya acabó el rescate europeo de la banca española, que el FMI anuncia una recuperación de la economía y la consecuencia es que el Presidente de la Comisión Europea pide a España más recortes. He tirado los libros de Sócrates a la basura (anda, pero si no escribió ninguno), lo cual me viene a decir que son palabras volanderas las de todos: reforma del Senado, nuevos planes de financiación de las autonomías, el sainete catalán, y mientras tanto familias enteras cosidas por el hambre y ateridas por el frío; pero a ellos les da igual, piensan con la nueva lógica, utilizando voceros en sus medios de comunicación, haciéndonos ver que los guisantes son pequeños pero sabrosos, que la judías verdes son muy saludables y que el pimiento tiene vitamina A; no, señores, háblenme del filete, que casi no se ve, y de los grandes chuletones que ustedes consumen por encima de nuestras posibilidades. A estas alturas, empiezan a no interesarme todas esas reformas estructurales y legislativas anunciadas y que nunca se hacen. Incluso si se hicieran, estaríamos hablando de las verduritas de la guarnición, porque en España hay mucha gente que no come, que vive en la calle y no tiene cobertura social. Sócrates no escribió ningún libro, pero tenía tanto sentido de la justicia que, antes de morir, tuvo en cuenta que había que devolverle un gallo a Esculapio, que pudo ser un hecho real o una gran metáfora (en ese caso más me gusta). Así que, no nos hagan luz de gas, ya no cuela; déjense de machangadas de cuello y corbata, dejen de mentir y dejen de robar.
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(Hablar de estas cosas empieza a ser peligroso, porque ya anda de por medio hasta la mismísima Santa Teresa en boca de un ministro, y actuar hace tiempo que lo es, basta mencionar lo ocurrido con Garzón o el proceso al juez Silva).

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Filosofía callejera


Dicen que la gente que trabaja relacionándose con muchas personas sucesivamente acaba teniendo una filosofía vital muy estimable. El galardón se lo adjudican siempre al camarero (más bien al barman) y los/las taxistas. Todo esto es muy discutible, porque es verdad que ambas profesiones se relacionan con muchas personas casi individualmente, pero esa relación suele reducirse a preguntar qué vamos a tomar o a dónde nos llevan. zzzzDSCN428-0.JPGTambién es verdad que los peluqueros (más bien los barberos de toda la vida) deben acabar hasta la coronilla de escuchar a forofos de distintos equipos y a críticos de todos los políticos, pero en este caso el contacto dura al menos lo que un corte de pelo, sin olvidar que la barbería se convierte a menudo en una especie de centro social del barrio, en el que pasan muchas horas charlando parroquianos que no van a usar los servicios del establecimiento. Todo esto viene porque ayer me tocó un taxista muy locuaz, que por lo visto había viajado por todo el mundo. Por su edad esas aventuras debieron suceder no hace demasiados años, pero el caso es que soltó una sentencia que me dejó planchado: «En Estados Unidos te angustias porque no tienes seguridad social para tus hijos; en México porque pueden matar a tus hijas; en Japón porque la radiactividad puede hacer que tengas hijos con tres cabezas; en África porque tus hijos coman y no mueran de malaria o sida; en Oriente Medio porque a tus hijos no les caiga una bomba… Y a aquí tu única preocupación es que tu hijo no se te vuelva del Barça o del Madrid. Esto es una maravilla, ¿no le parece?». Ante la repetitiva preocupación por sus hijos y su convencimiento de lo bien que se vive aquí, tuve que responderle: «Tuerza a la derecha y déjeme en la gasolinera».