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Gobierno de concentración

Hay ocasiones en las que las personas que se dedican a la política dan más que nunca la vitola de su valía. Es en esas circunstancias cuando un político demuestra su compromiso con la sociedad, o por el contrario se ve claramente que no da la talla.
8.JPGEn Canarias vivimos una época complicada, pues si hay una situación preocupante en todo el mundo aquí se refleja porque nuestra base económica es el turismo. Hay incertidumbre, un continente vecino que emerge, es una gran oportunidad y a la vez crea dificultades, y un paro muy superior a la me dia estatal. Para afrontar esta situación habría que hacer una piña, es decir, un plan en el que participen todas las fuerzas políticas, o lo que es lo mismo, un gobierno de concentración.
Pero no veo yo a los políticos canarios en esa tesitura. Unos se atribuyen éxitos y siguen con orejeras, otros andan liados con problemas de su partido, otros poniendo cara de unidad cuando hay división, y no se ve ninguna señal de que el interés general esté por encima de cualquier otra consideración. Y sobre todo, hay que decir la verdad y actuar en consecuencia. Ha de ser así si no queremos hundirnos, y todavía no pierdo la esperanza.

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Indígenas

Desde 1994 se celebra cada 9 de agosto el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas, una fecha, como otra cualquiera en la que lo que se celebra es precisamente porque necesita ser recordado.
321.jpgLas naciones que lideran el mundo, sobre todo la vieja Europa, arrastran mucha sangre en su memoria sobre los pueblos indígenas de cuatro continentes. En su trabajo Caraballo mató un gallo, el poeta y compositor uruguayo Manuel Picón dice con humor negro: «Los indios metían mucho ruido y no dejaban dormir. Hubo que degollarlos. Algunos murieron».
Se ha faltado al más elemental respeto a los Derechos Humanos, y se sigue usando el menosprecio, como cuando Evo Morales, Presidente indio de Bolivia, viste esos llamativos jerseys de pelo de llama. En Europa se siguen burlando, y les sigue pareciendo bien vestirse de pingüino para ir a la ópera.

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Olimpiadas

El ser humano tiene la mala costumbre de manchar todo lo que toca, y los Juegos Olímpicos no iban a ser una excepción.
aros.jpgEl espíritu olímpico se supone que es noble, haciendo caso a la frase del Barón de Coubertein cuando decía que lo importante es participar. Hemos visto que no, que hay que ganar, a veces como sea, y así han infringido el código ético atletas muy celebrados, porque una medalla de oro significa mucho dinero en según qué modalidades.
En cuanto a los estados, ahí la cosa se complica más. Si hablamos de la ultilización de la Alemania nazi de los Juegos de 1936 se nos salen los colores, y hemos visto cómo fueron boicoteadas las ediciones de Moscú y Los Angeles, siempre por política. Ahora estamos asistiendo a burradas tremendas realizadas por los chinos, que han «limpiado» la capital de los Juegos de lo que ellos consideran feo. Puro racismo al que las naciones del mundo y el Comité Olímpico han cerrado los ojos. Y es que hay mucho dinero en juego.