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Enrique VIII el músico

Enrique Viii.jpgMás de uno se verá sorprendido al saber que el autor de la popular canción Somos costeros es el escritor Pancho Guerra, aunque parece ser que pasó a la partitura de la mano del guitarrista Blas Sánchez.
Esto es hasta cierto punto normal, porque las letras y la música no andan muy lejos, y vemos a músicos poetas como Luis Eduardo Aute y a poetas músicos como José María Millares, autor de dos canciones tan distintas como son Campanas de Vegueta y De belingo.
Lo que de verdad es sorprendente es que un tipo tan bruto como el rey Enrique VIII de Inglaterra, que mandó al cadalso a dos de sus esposas y se distingue por su crueldad, haya sido autor de una música tan hermosa como la balada Greensleeves, que todos hemos escuchado e incluso tarareado alguna vez, y otras composiciones de gran altura. Increíble, pero cierto.

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Poder e imagen

Con la generalización de la televisión, la imagen se ha ha convertido en un atributo más importante para la política que el talento que pueda acreditar una persona.
kennedy.jpgDa igual su preparación y su capacidad, si tiene buena imagen, si sabe interpretar su papel de líder ante las cámaras, ese es el candidato elegido, y luego será esclavo del poder y de quienes lo han empujado hasta él. Ejemplos tenemos a docenas en cualquier nivel de la política. Todo empezó cuando John Kennedy se convirtió en Presidente de Estados Unidos hace casi medio siglo. Su presencia de alumno aplicado, guapo, con una sonrisa permanente, era la imagen del seductor, un galán de cine. En este caso, aseguran que era un hombre de una inteligencia excepcional, pero habría dado lo mismo si hubiera sido menos inteligente, siempre que tuviese al lado el glamour de Jackie y una aureola creada por su gabinete de imagen. Eso quiere imitarlo ahora Sarkozy.
Hoy, grandes políticos como Gladstone, Pitt, Cánovas del Castillo, Churchill o De Gaulle no habrían sido tenidos en cuenta por sus partidos para encabezar una lista electoral, Lo de Jordi Pujol es la gran excepción que confirma la regla, porque hoy la democracia se vende también en los medios de comunicación, y ahí la imagen es determinante.

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Prohibiciones hipócritas

mmmmm.jpgAlgunos estudios de cine norteamericano se plantean la prohibición de fumar en las películas, e incluso quitar por medios informáticos escenas de fumadores en el cine clásico.
Mientras las escenas de extrema violencia siguen apareciendo sin problemas, quieren quitar de la memoria colectiva obras maestras que no lo serían sin el humo del tabaco: ¿Sería lo mismo Desayuno en Tíffanys sin Audrey Hepburn fumando en boquilla? Y así muchos casos, hasta el punto de que iconos del cine como Humphrey Bogart y Marlenne Dietrich no serán lo mismo sin sus cigarrillos? Y el Estado es hipócrita porque bien que se nutre de los impuestos del tabaco.
Ese es el cinismo de la sociedad en que vivimos, y por supuesto no defiendo el tabaco, que es evidente que daña, defiendo el arte y la libertad de expresión, que cada día es más cortita en aras de lo políticamente correcto.