Cambio de hora
Está claro que lo de habitar varias dimensiones coincidentes debe ser verdad, porque los dirigentes deben vivir en una distinta a la mía. El Rey dice en La India que los españoles saldrán de la crisis con el cuchillo en la boca, que no sé exactamente qué significa, las cifras del paro son escalofriantes y en medio la pompa de los Premios Príncipe de Asturias (con modelito letiziano incluido) y el rechazo de Javier Marías al Premio Nacional de Narrativa, que, aunque es muy respetable su postura, tampoco se sabe muy bien qué mensaje envía. Por lo pronto, dedico este fin de semana a cambiar la hora de los relojes, porque a lo tonto hay muchos en cada casa y solo se cambia automáticamente el del ordenador. Y mientras, hay gente que vive en otro espacio cósmico, valorando la realidad (que esa es otra, habría que definirla) con distintos parámetros. Ayer fui a comprar el pan, y un señor comentaba el asunto de Cataluña. Otro parroquiano, de sopetón, le preguntó: «¿y si Cataluña es independiente, la liga se juega sin el Barça?, pues vaya porquería, sin la rivalidad con el Real Madrid». El primero le perdonó la respuesta y yo seguí callado esperando mi turno, consciente de que se entrecruzan dimensiones y realidades paralelas.
En los últimos tiempos abundan los programas de televisión y radio y los reportajes en suplementos y revistas donde se dan por ciertos algunos mitos que vienen rodando desde que el hombre empezó a escribir. Internet es una orgía sideral. Que si los annunakis sumerios venidos de otros planetas, que si los hombres del cielo que trazaron las pistas de Nazca, que si las interpretaciones ufológicas de episodios de La Biblia… Recientemente se han puesto de moda los arcontes, que era un título similar al de gobernador en la zona de Alejandría en el siglo III, pero que también dan nombre a unas «presencias» (habría que definir presencia) de lo más pintorescas y dañinas; las explicaciones que aparecen por todas partes no tienen desperdicio, como esta: «Los arcontes fueron producidos por impacto fractal en los densos campos de formación elemental (dema) de los brazos galácticos, cuando el Eón Sophia se arrojó unilateralmente desde el núcleo galáctico». Exacto, la gallina, Groucho Marx sería un aprendiz al lado de estos, y eso que dejo atrás a los reticulianos, el Templo del Sol o los adoradores de la antimateria. Yo alucino con la capacidad de seducción de estos predicadores y con la credulidad inocente de quienes los siguen. Es cierto que lo ignoramos casi todo de todo, pero precisamente por eso no hay que dar credibilidad a historias propias de la literatura fantástica. Es como creer en Supermán, aunque a decir verdad las religiones no se quedan atrás. Simplemente, se trata de tener dominio sobre un grupo, cuanto más numeroso, mejor, con dinero siempre al fondo. Como en la política. Tal cual.