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García Calvo, el penúltimo pensador


zzDSCNff3433.JPGSiempre se repite el lugar común de que con la muerte de un determinado personaje se cierra una etapa colectiva de una sociedad o de una disciplina. Esto se ha dicho de Agustín García Calvo ahora que ha muerto, pero no es verdad del todo, porque lo que parece haberse clausurado es la costumbre de pensar, no la vida de los pensadores. García Calvo fue una pieza fundamental en el pensamiento español en la segunda mitad del siglo XX, como lo fueron también José María Valverde, Martín de Riquer y siguen siéndolo (y ojalá que por mucho tiempo) Emilio Lledó y Carlos París. Todos estos pensadores combatieron la dictadura franquista desde el pensamiento, y todos sufrieron su cerrazón y su furia de una manera o de otra. Unos se preocuparon por la ciencia, otros por el lenguaje, todos por el ser humano capaz de pensar. García Calvo tenía una gran preocupación por el lenguaje y su vertiente de instrumento de formación de seres libres. Por eso indagó en la gramática y en la poesía, y trató de hacer del lenguaje una herramienta de diálogo y de reflexión, nunca de agresividad. Fue un gran pensador y un gran poeta, y su campo de trabajo no tenía límites si estaba el lenguaje de por medio. Se ha muerto un Día de Difuntos, y es verdad que aquella generación que nació a finales de los años veinte del siglo pasado está desapareciemdo. Lo que nunca debe desaparecer es la curiosidad intelectual del ser humano para aprender a administrar la superioridad que tiene sobre el resto de los seres vivos. En eso, García Calvo ha sido ejemplar, porque aunaba lenguaje, pensamiento y conducta. Eso nos lega.

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Llover a gusto de todos

zzzBco. Mogán.JPGPues no, eso nunca pasará, porque los agricultores quiere lluvia para sus cultivos y los empresarios de terrazas playeras se aterran cuando llueve porque sus negocios quedan vacíos. Pero tiene que llover, porque el agua es el bien más imprescindible para la vida. También es verdad que a veces nueve a disgusto de todos, ahí sí que puede haber unanimidad, y sucede cuando el agua cae de una forma destructiva, generalmente mucha cantidad en poco tiempo, y eso destruye cosechas, casas y lo que se ponga por delante, porque el fuerza del agua en movimiento es terrible. En Canarias, el temporal de mucha agua que llena presas y hace correr los barrancos, suele venir casi siempre del suroeste, y por eso en las medianías de Gran Canaria los campesinos lo llamaban antaño «El Tirajanero». Este temporal de ahora mismo es otro Tirajanero, que viene acompañado de viento, y el peligro está tanto en su fuerza como en los disparates que ha hecho el hombre, contruyendo en los cauces por donde debe discurrir el agua, cerrando vías de salida y creando un anuncio casi seguro de que más tarde o más temprano todo aquello se inundará, Ocurre frecuentemente en el sur de Gran Canaria, donde han levantado construcciones turísticas en la desembocadura de barrancos, que de vez en cuando reclaman su espacio natural. Y esto lo sabían nuestros abuelos cuando no se hablaba de líneas isobaras, zona de bajas presiones, satélites meteorológicos o el anticiclón de las Azores. Ellos con el almanaque Zaragozano, las cabañuelas de agosto y el ángulo de Venus sobre una montaña determinada el verano anterior ya predecían el invierno; y casi siempre acertaban. No despreciemos esa sabiduría.

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Finaos, miedos y huracanes

zcastanas-asadas-xl-640x560x80[1].jpgLa palabra «Finaos», que es tradicional por aquí, se refiere a los difuntos, aquellos que ya han finalizado su vida. Sin embargo, la gente la relaciona con castañas tostadas, y es normal, porque ambas cosas forman parte de la memoria colectiva, que se va perdiendo por la presión mediática que hace que cada vez se imite más la fiesta norteamericana de Hallowen (proviene de mucho más atrás, pero no viene al caso), que en realidad es una especie de carnaval con disfraces temáticos, en este caso de terror. Alguien dijo una vez que era curioso que se temiera tanto a la muerte cuando es lo más seguro que tenemos, aunque algunos pueblos, como el mexicano, han conseguido tomarlo con distancia y el 1 de noviembre celebran El Día de los Muertos, pero fiesta-fiesta. Por aquí hay colectivos que tratan de oponerse a esa corriente globalizadora para rescatar los tradicionales Finaos canarios. Y no hay que confundir esta reivindicación de nuestras tradiciones positivas (las negativas, cuanto más lejos, mejor) con los nacionalismos recalcitrantes. Y si de miedo se trata, los norteamericanos tienen este año un Hallowen complicado por el huracán Sandy, que es terrible ver cómo lo cambia todo y tiene un eco mediático enorme cuando sucede en la costa este de Estados Unidos, y apenas se menciona cuando los huracanes arrasan los países pobres del Caribe. De todas formas, ojalá Sandy no sea muy destructivo.