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Canarias, Euskadi, gastronomía y literatura

pili-mojo.jpgLa editorial vasca Literarte, abre su colección Letra y punto con un volumen de relatos en los que la gastronomía es parte fundamental de las narraciones. Cinco plumas de Euzkadi y otras tantas de Canarias componen un mosaico en el que la comida sirve de hilo conductor de las historias y definen de alguna forma la idiosincrasia de vascos y canarios. Toma el título de dos salsas muy populares en ambos territorios, Pil-pil y mojo, y será presentado el próximo jueves 31 de mayo, en el edificio La Bolsa (Sala Ganbara) de Bilbao. Más adelante también será presentado en Canarias.
La iniciativa se debe al impulso de María José Mielgo Busturia, escritora, editora y alma de Literarte Editorial, y de la poeta y narradora Teresa Iturriaga Osa, que también forman parte de la nómina de autores y autoras, que se completa con relatos de Sergio Arrieta, Santiago Gil, Guadalupe Martín Santana, Miren Agur Meabe Plaza, Elisa Rueda, Pablo Sabalza Ortiz-Roldán, Pedro Ugarte y quien esto escribe. El libro trata de tender puentes desde la diferencia.
La gastronomía no solo es un factor clave en los estudios etnográficos, también es el resultado de muchos elementos físicos de cada lugar, su espacio geográfico, sus características climatológicas, el devenir de la historia y las influencias diversas. Al sentarnos ante un plato o un postre propio de un territorio, estamos frente a cientos de años de evolución y de aportaciones que nos cuentan a su manera el relato de muchas generaciones que son como un río que desemboca en lo que hoy somos tantos vascos como canarios. Y si la comida es el resultado de muchas cosas, este es, a su vez, un retrato que define la manera de ser de los pueblos.
Por lo tanto, este es que contiene gastronomía, etnografía e historia, pero ante todo hablamos de literatura, porque cada relato está escrito desde la sensibilidad que han acreditado quienes han dedicado su esfuerzo y su talento a contarnos una historia literaria. La presentación inmediata será sin duda un éxito frente al Cantábrico, y espero que pronto esté ese libro en las librerías canarias y podamos hacer su presentación en medio del Atlántico.

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17 de mayo, San Pascual Bailón

En el mundo rural canario, hasta muy avanzados los años sesenta del siglo XX, existía la tradición de celebrar un baile de taifas el 17 de mayo, día de San Pascual Bailón (o Baylón). La particularidad que tenía tal baile consistía en que eran las mujeres las que sacaban a bailar a los hombres mientras la luz de una vela llegase hasta un lazo azul que habían atado a una altura proporcional al tiempo que determinaban al encenderla. Podemos decir que esta costumbre se ha perdido en Canarias, pero se sigue conservando entre los descendientes de canarios en Venezuela, y en algunos lugares ha pasado a formar parte del folclore local. Lo curioso es que el santo fraile aragonés del siglo XVI, desprendido, profético y milagrero, que yo sepa, nunca tuvo relación con Canarias, pues pasó gran parte de su vida en un convento de Villarreal (Castellón), donde murió y fue enterrado.
sp2.jpgSe cuenta que, para anunciar acontecimientos colectivos, salían de su sepulcro unos golpes secos y ensordecedores, y dependiendo del número de ellos (entre uno y tres) avisaba de novedades, venturas o desgracias, fuese una victoria española sobre los franceses, la llegada de un tiempo de paz, la derrota de Trafalgar o un gran año de lluvias después de una larga sequía. Se documenta que la última vez que se escucharon esos golpes fue en 1994, aunque la fuente no asocia el hecho con glorias o infortunios posteriores. Ayer, alrededor de la medianoche canaria (en Villarreal es una hora más), circulaba por la red la supuesta noticia de que se habían escuchado al inicio de la fecha los míticos golpes, y que en este caso debían de ser anuncio de buenas noticias porque fueron dos. Como saben, poco hay que fiarse de lo que circula por las redes, pero al verlo recordé la tradición canaria de baile tan singular, que tal vez se relacione con el apellido del santo, y la incoherencia de que la estampita popular en Canarias sea una foto de la imagen del fraile esculpida por Pedro de Mena y que está en tesoro de la catedral de Málaga. Esta tradición me sirvió de telón de fondo para novelar una terrible historia impregnada de machismo, poder e ignorancia que sucedió en Gran Canaria en tiempos de posguerra. Por eso la recuerdo ahora:
“Cuando Bernardo, el capataz, sopló la firria metálica que siempre llevaba colgada al cinto como emblema de su cargo, el sonido agudo del artilugio paró en seco a las parejas que bailaban. Cesó la música y los jóvenes se agruparon a un lado de la explanada, frente a donde las muchachas se arracimaban nerviosas. Otra vez Bernardo, en su función de camarlengo de aquel protocolo, sopló su silbato y los hombre tocados se quitaron el sombrero. Hizo una señal a Lucrecia Toledo para que oficiara de sacerdotisa en aquella ceremonia tan vieja que nadie recordaba su principio. La anciana se acercó al altar en el que ya se habían consumido los hachones, parpadeaban los debilitados voltios de las linternas y permanecían incólumes las llamas de las velas. Se persignó y todos los presentes la imitaron. Enseguida comenzó su retahíla que sonó como un conjuro:
-“Con licencia de Nuestro Señor Jesucristo, con la venia de su Santa Madre la Virgen de la Candela y con el consentimiento de todos los santos, honremos a San Pascual Bailón…”
Rezó en latín una jaculatoria al santo, ininteligible hasta para ella, y terminó el rito con la señal de la cruz. Se volvió hacia los presentes y llamó a los tocadores de violín y acordeón para que se incorporasen a la fanfarria de cuerdas que hasta entonces había puesto música a los pies de los bailantes. Un baile de San Pascual debía contar al menos con uno de los dos instrumentos, mejor si eran los dos.
sp1.jpgCuando el grupo estuvo completo, no hubo necesidad de afinar, puesto que ya lo habían hecho antes de comenzar el baile, guiándose por las notas fijas del acordeón. Suavemente, el violín acometió un vals lentísimo y los demás instrumentos lo siguieron. Aquella primera pieza no era para bailar sino para crear el ambiente mientras los hombres se sentaban en la primera fila de las gradas y las mujeres se agolpaban en grupo cerca de la puerta.
Todos se habían vestido para la ocasión, sin llegar a la máxima gala que se guardaba para ceremonias más solemnes o más mundanas; los jóvenes vestían en su mayoría camisas blancas de popelín y pantalones de hilo con dibujo de espiga labrado en el mismo color, gris o negro. Ninguno llevaba chaqueta, en mayo no se necesita y menos si se va a pasar la noche bailando y bajo techado. Las muchachas lucían vestidos de algodón, casi todos blancos, sin más abalorios que alguna medalla o una cinta en el pelo. La pobreza de aquella noche era limpia, no olía a sudor, tierra y azufre, sino a la colonia y el jaboncillo de las grandes ocasiones.
A un nuevo sonido de la firria de Bernardo, Lucrecia Toledo puso una vela delante de la estampa de San Pascual Bailón y le ató un lazo azul en su mitad. El vals se apagaba a medida que prendía la vela y el concertino del violín blandió el arco a modo de batuta hasta hacer el silencio de la orquestina. Un nuevo movimiento del arco puso en atención a los tocadores, que esperaban el nuevo pitido de la firria de Bernardo…”

(Fragmento El baile de San Pascual, publicada con otras dos novelas cortas en el libro Tríptico de fuego. Editorial Sial, Madrid 2008).

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La UD Las Palmas y los latoneros

Si hay algo que me molesta es que alguien te advierta de un posible futuro error y cuando este se produce lance un “te lo dije” que suena a revancha dialéctica. No voy a hacer eso, pero sí digo que, en los días de vino y rosas (hace año y medio) en los que La UD de Quique Setién paseaba su gran fúltbol por la Liga de las Estrellas, tomando café con unos queridos amigos escritores -que vislumbraban un futuro brillante y largo para la UD-, les dije que lo disfrutaran el ratito que iba a durar, porque con los mimbres que estaba construido el cesto no aguantaría mucho, se rompería por alguna parte. Y no es porque yo tenga una bola de cristal, es que se repite el cuento como en un tornillo sin fin.


uuuuu6tgb.jpgDesde aquel descenso de los años 80, después de 19 años en 1ª División, la UD es una sesión continua de blanco y negro, que llevaron al equipo al foso más abajo de la 2º. Cada vez que se avanzó aunque solo fuera un paso, fuera con Pacuco Rosales o con Sergio Kresic, siempre estaba la cantera en el fondo del armario. Y es que esa es la única manera que tienen los equipos modestos de sobrevivir, da igual la categoría en que se juegue. Si hay una buena generación, se va hacia arriba; cuando hay sequía, se llega con dignidad hasta donde se puede. Parece que no se ha aprendido algo tan evidente, y encima tenemos la suerte de que nuestra cantera es propicia a las buenas cosechas, de las mejores y con un sello de denominación de origen muy reconocible. Las catástrofes deportivas de la UD vienen indefectiblemente cuando se empieza a mirar hacia afuera, a fichar mediocridades inferiores a lo que hay aquí y a creer que el equipo puede ser un negocio y un trampolín personal. Otra cosa es que fiches a buen precio a Brindisi, Wolf, Morete y Carnevali, media selección argentina, que encima rimaban con el estilo de juego del equipo. Pero eso es inalcanzable en el mercado futbolístico actual. Que no, que esto no es el palco del Bernabéu. La UD podría ser como la Lezama del Athletic, y siempre tuvo vocación para eso.


Desde hace 25 años, mucho antes de la era MAR, excepto la afición, todo lo que ha tenido que ver con la UD Las Palmas -estadio, directivas, técnicos, políticos entrometidos e incluso algunos jugadores- suena a burla, intereses bastardos, negocio de unos pocos y dinero público dilapidado; seguramente es todo legal, pero la corrupción ética es manifiesta. Como dijo el profeta, ahora es el llanto y el rechinar de dientes; en el mencionado café, mis amigos rieron -y lo agradezco- esta comparación que les hice en tono de chanza: “los latoneros no hacen aviones, solo saben ponerle culos a los calderos”. Así que toca tomar por el caldero mientras esperamos a que aparezcan los sabios, que aquí hay muy buenos ingenieros que saben cómo hacer volar un equipo de cantera.