El cansancio del juego del tonto

Aunque parezca que lo hago, no estoy hablando de Cataluña. Lo que quiero comentar es el cansancio que sobre este asunto agarrota a muchas personas que conozco. Cabría decir que somos unos blandos, que nos agobiamos por poca cosa, o bien que este asunto se alarga indefinidamente en el tiempo. Yo creo que no es por ninguna de las dos cosas, porque se han vivido momentos muy duros y también otros que se eternizaron, y hemos aguantado. Entonces la respuesta debe ser otra. Hace ya bastantes días me preocupó que me sintiera sobrepasado, pero pronto me di cuenta de que lo mismo está pasándole a otras personas. Y es raro, porque un hecho de este calado debería tenernos atentos; pero no, Fotos pruebauuu778.JPGse ha establecido una especie de intento de desconexión entre nuestros cerebros y el ruido que nos llega. Sé de mucha gente que, como yo, pasa directamente hasta de los envíos bienintencionados en clave de humor (chistes, memes, parodias). Los reciben y los borran sin mirarlos. Mi impresión es que lo que cansa no es el exceso de noticias, las distintas opiniones, los disparates que se gritan desde uno y otro lado; lo que realmente nos tiene quemados es que hemos empezado a percibir que lo que se hace, se dice, se grita o se mueve forma parte de una especie de juego, mezcla de escondite, ajedrez y póker, que se hace como espectáculo mediático, y que el verdadero juego es otro, del que desconocemos las reglas, los premios, el propósito y hasta los verdaderos jugadores. Es como el juego del bobo de nuestra niñez, en el que dos mayores se tiraban una pelota y el pequeño que estaba en medio nunca lograba cogerla porque pasaba muy alta. Y como todo esto es un arcano que nada tiene que ver con lo que nos llega, nos agota el constatar que lo ignoramos casi todo y nos negamos a que sigan haciéndonos luz de gas. Por eso, y constatando que en nada va a influir lo que pensemos o digamos (sobre todo porque no sabemos de qué va esto porque la pelota está fuera de nuestro alcance), la idea que ha ido incrustándose en nuestro cansancio es la de que nos torean mientras ellos hacen lo que quiera que estén haciendo. Y ni me molesto en preguntar porque dudo incluso de si algún día -como tantas cosas- llegará a saberse.

2 opiniones en “El cansancio del juego del tonto”

  1. Creo que nos sucede esto «el verdadero juego es otro, del que desconocemos las reglas, los premios, el propósito y hasta los verdaderos jugadores» desde hace ya demasiado tiempo y no solo en esto de Cataluña sino en cualquier suceso que nos venga relatado desde los medios de información en general. Llega un punto en que la única información en la que va uno a poder creer es en la muy poco fiable de la propia experiencia, que siempre es limitadísima.

  2. El cansancio que agarrota. Hartazgo, sí, y preocupación, la inquietud por una distante nube de humo que crece en el horizonte del futuro.
    Usted interpreta esta situación como el juego del bobo: los ciudadanos somos niños vacilados por los interesados poderes humanos (políticos, económicos, sociales…), como si estos fueran personas adultas con las ideas claras (y así lo creemos porque tienen nombres y apellidos quienes toman las decisiones); un incontrolable arcano, oculto en las mentes perversas de quienes dirigen el mundo. Yo tengo otro punto de vista, de naturalista: el mundo tiene sus propia dinámica y se mueve solo, automáticamente; para ir de A a B, una persona puede escoger entre muchos camino posibles, más o menos eficientes, pero al final es el mundo el que escoge su propio rumbo de acontecimientos entre las leyes del caos; cuando alguien empieza algo no sabe cómo va a acabar, sólo cómo desea que acabe; son nuestros gustos y deseos de control o certidumbre los que nos llevan a ansiar e imaginar una trayectoria bien definida, que a posteriori es fácil de reconocer, describir y analizar. Por ejemplo, mire a Trump (un ex-asesor suyo lo calificó de retrasado mental): ¿realmente cree que una inteligencia gobierna el mundo?, sin embargo, nuestro planeta sabe girar alrededor del sol sin necesidad de que nadie lo dirija. ¿Realmente cree que una turba de votantes rabiosos puede elegir inteligentemente su propio destino? (es más, los aullidos de xenofobia y odio al Otro, disfrazados de opinión política, sólo merecen desprecio). Nada tiene de misterioso que una corriente fluya y busque su camino por el valle; de aquellas lluvias de políticas ineptas, corruptas y decadentes, llega este torrente de lodo que nos arrastra sin remedio.
    Creo que ese cansancio que Ud. refiere se debe al estrés o fatiga que produce esta tensión continua y creciente que, en el fondo, nos amenaza a todos. A pesar de nuestros problemas cotidianos, vivimos en una sociedad pacificada, algo alterada y que quizás infravalora la felicidad íntima y cercana del día a día. Y ahora estamos ante un grave y gratuito riesgo, se ha provocado el torrente pasional de una colectividad, el tumultuoso descontrol de una masa enfurecida: no se puede abrir una presa para desalojar la población de un valle, más que irresponsable es criminal; el agua ya corre, ¿se podrá parar?, ¿cómo nos afectará?, ¿hay motivos para tener miedo? Supongo que así son las catástrofes de la historia, se desarrollan infinitesimalmente, sin que sus cansados coetáneos puedan evitar que la situación se les vaya poco a poco de las manos.
    El mundo tiene sus ciclos, así como llegan las primaveras árabes también llega el invierno de las democracias occidentales, el viejo sistema se inestabiliza, se desequilibra, se resquebraja y escapa su presión interna en forma de visceralismos devastadores.
    Hay inquietud por esa nube de humo que crece en el horizonte, quizás recuerda a momentos vividos, muy duros y eternos, D. Emilio, quizás recuerda a momentos de la Historia en los que un ciudadano dejaba de ser un individuo libre, a momentos terribles en los que incluso dejaba de ser persona.
    Ojalá se disipe esa nube de humo que crece en el horizonte del futuro.

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