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Los Reyes Magos

Las fiestas navideñas, la famosa quincena del amor, es por el contrario la época del año en que se notan más las diferencias sociales. La temporada festiva tiene su colofón en el día de Reyes, cuando los niños madrugan para ver si los magos de Oriente les han puesto todos los regalos que han pedido. Hay muchas familias sin trabajo, sin seguro de desempleo y hasta sin techo, pero la televisión llega a todas partes, no sé cómo.
rodin-auguste-haende-1163633[1].jpgLos niños que apenas pueden comer porque esta sociedad ha devorado las ilusiones de sus padres, esperan que Melchor, el generoso rey capitalista, Gaspar, el pelirrojo y tacañón mago que no da mucho para que haya para todos, o Baltasar, el rey que representa a los marginados de Occidente, se acuerden de ellos. Es entonces cuando sienten el terrible dolor de la pobreza; si los Reyes Magos proceden de lugares del Tercer Mundo, podrían vivir en cualquier barrio de nuestro cinturón urbano.
Durante años, escribí cartas a los Reyes, pero no volveré a hacerlo porque ya es tarde para que se haga realidad ese sueño que, como todos, tuve cuando era importante que se cumpliese; ahora ya casi es mejor que no se cumpla, porque las cosas a destiempo vienen envueltas en un celofán amargo y burlesco. Nada espero de los magos de Oriente, porque ya sé quiénes son. De quiénes sí espero es de los seres humanos. Hoy quiero esas cosas tan manidas que suenan cursis; resumiendo ingenuamente, quiero que cesen de una vez la injusticia y el sufrimiento. Si algo o todo se hace realidad, será por el empeño y la obra de personas honestas, coherentes y realistas, no de cruzados mágicos. Por eso nada pido a los Reyes Magos; es que me dan grima los falsos profetas.
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(Las manos de la foto fueron esculpidas por Auguste Rodin)

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Inocentadas

Con tantos días festivos, uno ya no sabe qué día de la semana vive. Hoy, por ejemplo, es lunes, pero huele a viernes, no sé por qué, y veo que la gente anda de acá para allá, haciendo recuento mental que lo que tiene que comprar, porque este es tiempo de regalos y a menudo nos gusta más regalar que recibir.
cohl01[1].jpgEste año 2008, que se las prometía tan felices, se agota en medio de una crisis que ya no sé cómo calificar. Ayer fue Día de los Inocentes y casi no hubo humor para las inocentadas de antaño, cuando la prensa publicaba fichajes futbolísticos e incluso recuerdo cuando le adjudicaron a Jerónimo Saavedra durante su etapa de Presidente del Gobierno una novia, que era una miss tinerfeña. Echo de menos ese sentido del humor, aunque no sean buenos tiempos, para hacer bueno lo de «A mal tiempo, buena cara».
Aunque para inocentadas la que nos ha dado el sistema financiero, que nos ha dejado a todos con el monigote colgado en la espalda. Y lo peor de todo es que, mientras pagábamos hipotecas a altísimos intereses, otros hacían y deshacían (más bien deshacían) sin control. Al menos, los gobiernos debieran tener tanta firmeza para vigilar el sistema como celeridad han tenido para tapar los agujeros que otros han creado.