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Carta imposible

Hace mucho tiempo que dejé de creer en los Reyes Magos, y si lo pienso bien me parece que siempre supe quiénes era. Tal vez por eso no tengo mucho apego a la monarquía, y tampoco a las sibilas, adivinadoras y chamanes, porque tampoco está claro que los tres que venían de Oriente hacia el portal fuesen reyes de un reino o magos de vaya usted a saber que tendencia.
durero.jpgEncima hay investigadores que aseguran que en realidad eran cuatro, pero que uno se perdió, con lo cual la estrella de Belén parece menos fiable que el GPS.
Y aunque no creo en ellos, quiero creer, porque si no ya no sé a quién pedir que ponga su mano para acabar con tanto disparate. La invasión de la franja de Gaza es algo que terrible, y no entiendo quién gana con tanta sangre, y qué gana. Si de verdad existen los Reyes Magos, yo quiero una señal, y esta es que pare ya tanta crueldad inhumana. Tampoco me entra en la cabeza que ni Estados Unidos, ni la UE ni la ONU sean capaces de parar la guerra. O sí lo entiendo, pero preferiría no comprender porque de lo contrario sentiría vergüenza.
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(El cuadro es la Adoración de los Reyes Magos, cuyo autor es Alberto Durero)

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DOMINGOS IM-POSIBLES (II)

Cine a fecha fija
No recuerdo si antaño, cuando la televisión aún no era la dueña de nuestras vidas, los cines programaban películas especialmente navideñas. Si recuerdo que en Semana Santa nos ponían año tras año Los Diez Mandamientos, Espartaco y toda una lista de películas que llamábamos «de romanos», aunque tratasen de griegos, egipcios o babilonios, y que en la mayoría de los casos nada tenían que ver con la crucifixión y muerte de Jesucristo. Las había, eso sí, que como La túnica sagrada o Rey de reyes sí trataban del tema, o aparecía en la resolución de la historia como en Ben-Hur.
El caso es que nos colocaban películas sobre el mundo antiguo en Semana Santa, fuesen Jasón y los argonautas, Hércules o ¿Quo vadis? Cuando la televisión comenzó a generalizarse, copió este tipo de programación, y metió la Navidad en su escaleta. Y por razones que desconozco, en alguna cadena emiten Lo que el viento se llevó, que no sé yo qué tiene que ver con la Navidad.
quebelloesvivir.jpgSiguiendo esas reglas, en la noche de fin de año debieran emitir Havana, pues narra la noche del 31 de diciembre de 1958, cuando los castristas entraron en La Habana y derrocaron a Fulgencio Batista, o Memorias de Africa, donde Robert Redford besa por Año Nuevo a Meryl Streep. De ese modo, tendríamos un canal en el que emitiesen una especie de efemérides cinematográfica, pero no lo hacen, y siguen conservando ese sabor antiguo en la Semana Santa y nos cuelgan las mismas películas en Navidad, aunque nada tengan que ver con estas fiestas. Y es que, para Cuento de Navidad, el de Dickens, pero, mira por donde, esa no la ponen nunca, y por el contrario casi siempre cae Mujercitas, que si se relaciona con la Navidad es acaso por el paisaje nevado que rodea la casa de la chicas.
No, no me he olvidado, ya sé que la película navideña por antonomasia es ¡Qué bello es vivir! el magistral film dirigido por Capra y en el que James Stewart borda una de su mejores interpretaciones. Es una especie de cuento de Navidad, con un malvado tremendo y unas pobres gentes que están a su merced. Ahora vendría bien, puesto que el malvado es un avaro terrible y quien salva al pueblo es un banquero que está al borde de la ruina. Esta película se la pondría yo en sesión continua a los consejos de administración de esos bancos que han desencadenado esta crisis, a ver si aprenden lo que es la misión social de un banquero.
Nadie puede discutir la calidad de ¡Qué bello es vivir! Sin embargo, en lugar de repetírsela a los banqueros nos la repiten a nosotros cada Navidad (algunas, yo he visto que la han programado en varias cadenas) y, la verdad, a veces se vuelve inaguantable. Y es que esa película la hemos visto durante años junto a personas queridas que luego no están, porque viven lejos o simplemente ya no viven. Hace ya muchas navidades que cambio de canal cada vez que me tropiezo con esta hermosa película, pero es que me la sé de memoria y me trae recuerdos dolorosos, porque funcionamos con los reflejos condicionados (los sentimentales también).
Y, aunque la repitan hasta el cansancio, qué gran película es ¡Qué bello es vivir!

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Nadie se muere la víspera

«Me moriré en París con aguacero,/ un día del cual tengo ya el recuerdo». Así comienza uno de los más hermosos poemas del siglo XX, escrito por César Vallejo como una premonición. Y me temo que al final nos moriremos cuando viene marcado en el bote, porque acabaré por creer que cada persona trae impresa su fecha de caducidad. FOTO51.jpgUno ve gente desahuciada que se recupera y personas sanas que se mueren de pronto, y aunque suene a determinismo, tengo que empezar a creer a mi madre, que solía sentenciar: «Nadie se muere la víspera sino el día».
Hablamos constantemente de los avances en medicina. Es cierto que en muchos aspectos se ha avanzado, y para entenderlo sólo hay que mencionar descubrimientos como las vacunas o los antibióticos. Sin embargo, en determinadas enfermedades seguimos igual que hace cincuenta años. Los investigadores han descubierto diferencias entre unos síndromes y otros, y le han ido dando su nombre, pero en la mayoría de los casos sólo hay diagnóstico, no tratamiento.
De vez en cuando nos llega la noticia de que se ha descubierto el gen que transmite hereditariamente tal o cual enfermedad, o un tratamiento preventivo para evitar que otro mal se desarrolle, pero el caso es que la gente se sigue muriendo de esos males. La medicina preventiva evitaría una parte de esas muertes, y siempre nos hablan del diagnóstico precoz del cáncer, pero luego te cuentan que a menudo una mamografía no es fiable. Es decir, nos moriremos tal y como estaba previsto y de la enfermedad designada el día que nos toque y eso no va a evitarlo ni el médico chino. De todas formas, no hay prisa.
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(El cuadro es la reproducción de una foto de César Vallejo que le hizo en 1929 su amigo Juan Domingo Córdoba en Versalles)