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La política no profesional

Lo de las elecciones primarias en los partidos es una demostración del poco apego que los políticos tienen a lo colectivo. Como se ha visto mil veces, se trata de alcanzar el poder, y cuando se tiene de conservarlo. Se supone que un partido tiene un proyecto, y da igual si quien lo encabeza es Juana o la hermana. Pero parece que no, que la cosa es elegir personas, y entonces la contradicción nos salta a la cara. El poder es necesario para liderar proyectos de la comunidad, pero en sí mismo sólo tiene un valor personal, cuando no personalista.
zzgal3577-31.JPGCreo que nuestra democracia necesita un buen repaso. Para empezar, hay que acabar con la dictadura partidista en la que nos ponen unas listas cerradas y tienes que votar una plancha, aunque sepas que el número dos es un impresentable o un inepto. Lo segundo es que hay que limitar los mandatos, aunque las legislaturas fuesen un poco más largas (cinco o seis años) para que las instituciones se fuesen renovando parcialmente cada tres años con elecciones de la mitad de los componentes de esa entidad. Que nadie pueda ser diputado más allá de dos legislaturas si es un cargo legislativo y una si es ejecutivo. De esa manera no se harían cosas pensando en los votos, porque a esa persona ya no se le puede volver a votar para Presidente, Alcalde o Concejal. Es de suponer que en esa nueva manera de hacer política quienes acceden a los cargos tratarían de ser recordados por lo bueno que hicieron para la gente, y se acabarían esos codazos por alcanzar el poder. En pocas palabras, la política no puede ser una profesión.

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Capitalidad cultural


zaDSCN2774.JPGVoy a hacer de abogado del diablo, porque en este asunto el que se duerma en los laureles se lo lleva la corriente, y en Canarias somos muy dados a entusiasmarnos en el regocijo. Como decía Guardiola cuando el Barça iba embalado a media temporada y todo eran piropos, «aún no hemos ganado nada». Se ha pasado un corte importante, pero quedan enfrente seis candidaturas de mucho peso, y hay que volver a convencer para que en junio llegue el triunfo definitivo.
Y sigo haciendo de abogado del diablo. Pienso en el Ayuntamiento de Las Palmas, en el Cabildo de Gran Canaria y en el Gobierno de Canarias. La cultura es materia muy discutible, pero lo que no admite discusión es que, de momento, es una «María» en el currículum de las instituciones. Porque debe ser algo permanente, continuado, y no media docena de eventos lustrosos al año, que finalmente están destinado a un sector que generalmente está de vuelta de todo y ya sabe de qué va. La cultura ha de ser democrática, esto es, para todos, y no cosa de cuatro figurones que siempre son los mismos. Y me callo, porque si empiezo a hablar del trato de Capitán General que se da a los de fuera y el silencio a que están condenados los que hacen cultura aquí, cuento y no acabo. Las Palmas de Gran Canaria Capital Cultural, a ver si es verdad.

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Tebeto y el Proyecto Long

Mi gozo en un pozo. Yo, que soy coheredero de la montañeta de Embauca, una tierra yerma en las medianía, que apenas es capaz de sostener un zarzal y unas tuneras, estaba tratando de ponerme en contacto con el escultor británico Richard Long (Chirino no me servía porque al ser escultor canario nadie iba a hacerme caso), para proponerle que hiciera algo allí. Una fila de piedras como la que Long hizo en La Maladeta vendría bien, trazado de nordeste a suroeste (por aquello de la dirección de los vientos alisios), para fijar la posición de Venus en los crepúsculos veraniegos. z16[1].jpgLa moto se podría vender bien, argumentando que mirar el horizonte a través de la hilera de monolitos sería una experiencia única (igual de cósmica que verse en el centro del proyectado túnel de Tindaya), porque por un lado se puede imaginar (ver no se ve un pimiento) la cumbre nevada del Atlas, y por otro la inmesidad del océano hacia el Hemisferio Sur. Tenía programada una reunión con dos amigos, uno poeta y otro filósofo, para darle al argumento un contenido profundo, que nadie entendiera pero que todos explicarían con grandes palabras. Crearía la empresa Déniz S.L. y el Gobierno entraría al trapo poniendo media docena de millones. Como luego los ecologistas interpondrían un recurso porque por allí he visto anidar un par de cernícalos, la obra nunca se haría y al final tendrían que pagarnos cien millones por lucro cesante, que es mucho dinero para repartir entre tantos primos (lo de primos es por el parentesco, no va con segundas). Ya sé que no tiene lógica, pero como aquí ya se ha hecho, hacerlo una vez más es posible. El nombre estaba bien: «Proyecto Long».
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(¿Qué les parece la montaña de Embauca, de la cual poseo el 3,5714 %? Se puede apreciar el zarzal. Las tuneras no porque están por el otro lado)
Pero, ya digo, mi gozo en un pozo. La cosa es que esta sentencia del Tribunal Supremo sobre Tebeto sienta precedente, y pone en guardia a las administraciones. Así que me he gastado en balde las fotocopias y las llamadas telefónicas a Londres y tendré que ver con mis coherederos si me toca algún tuno o tal vez una cuantas moras salvajes. Qué desatre, con lo bien planteado que estaba…