La política no profesional
Lo de las elecciones primarias en los partidos es una demostración del poco apego que los políticos tienen a lo colectivo. Como se ha visto mil veces, se trata de alcanzar el poder, y cuando se tiene de conservarlo. Se supone que un partido tiene un proyecto, y da igual si quien lo encabeza es Juana o la hermana. Pero parece que no, que la cosa es elegir personas, y entonces la contradicción nos salta a la cara. El poder es necesario para liderar proyectos de la comunidad, pero en sí mismo sólo tiene un valor personal, cuando no personalista.
Creo que nuestra democracia necesita un buen repaso. Para empezar, hay que acabar con la dictadura partidista en la que nos ponen unas listas cerradas y tienes que votar una plancha, aunque sepas que el número dos es un impresentable o un inepto. Lo segundo es que hay que limitar los mandatos, aunque las legislaturas fuesen un poco más largas (cinco o seis años) para que las instituciones se fuesen renovando parcialmente cada tres años con elecciones de la mitad de los componentes de esa entidad. Que nadie pueda ser diputado más allá de dos legislaturas si es un cargo legislativo y una si es ejecutivo. De esa manera no se harían cosas pensando en los votos, porque a esa persona ya no se le puede volver a votar para Presidente, Alcalde o Concejal. Es de suponer que en esa nueva manera de hacer política quienes acceden a los cargos tratarían de ser recordados por lo bueno que hicieron para la gente, y se acabarían esos codazos por alcanzar el poder. En pocas palabras, la política no puede ser una profesión.
La moto se podría vender bien, argumentando que mirar el horizonte a través de la hilera de monolitos sería una experiencia única (igual de cósmica que verse en el centro del proyectado túnel de Tindaya), porque por un lado se puede imaginar (ver no se ve un pimiento) la cumbre nevada del Atlas, y por otro la inmesidad del océano hacia el Hemisferio Sur. Tenía programada una reunión con dos amigos, uno poeta y otro filósofo, para darle al argumento un contenido profundo, que nadie entendiera pero que todos explicarían con grandes palabras. Crearía la empresa Déniz S.L. y el Gobierno entraría al trapo poniendo media docena de millones. Como luego los ecologistas interpondrían un recurso porque por allí he visto anidar un par de cernícalos, la obra nunca se haría y al final tendrían que pagarnos cien millones por lucro cesante, que es mucho dinero para repartir entre tantos primos (lo de primos es por el parentesco, no va con segundas). Ya sé que no tiene lógica, pero como aquí ya se ha hecho, hacerlo una vez más es posible. El nombre estaba bien: «Proyecto Long».