Ah, sí, el sistema; ah sí, el mercado…
Uno puede entender que cuando se está en política hay que mantenerse como sea, buscando vericuetos y haciendo cabriolas. También se entiende que a veces hay cosas muy complicadas que son difíciles de explicar, sobre todo porque hay que justificar lo injustificable. Ser político es muy duro, porque la gente no entiende las relaciones que hay con algunos poderes económicos, estilo esquimal (tú rascas mi espalda y yo rasco la tuya). Todo eso lo entiendo, es el sistema.
Nos han colocado una vuelta de tuerca draconiana contra los trabajadores y jubilados y tratan de decirnos que se ha logrado un feliz acuerdo sobre las pensiones. Mentira, lo que se ha hecho es una puesta en escena para que cada cual se justificase ante su público. Pero lo que está detrás es otra vez el dichoso sistema.
Después de quince años, estoy esperando que alguien me explique con claridad qué propósito hay detrás de lo de Tindaya, dónde demonios han ido a parar los 12 millones de euros que ya se han gastado sin que se haya movido una piedra, por qué abrir una cantera es una burrada ecológica y agujerear la montaña es la quintaesencia del arte mundial. No entiendo tampoco por qué lo que es público ha de ser explotado por empresas privadas, ni sé de dónde sacan que la mitad de los visitantes a Fuerteventura y Lanzarote van a visitar Tindaya, y si es así habrá unas colas tremendas porque la superficie del famoso cubo tiene sólo 50×50, y será un entra-sale con lo que la conexión cósmica va andar jodida de cobertura. Y sobre todo, ¿por qué ahora? Ah, sí, el sistema.
Se reúne el Parlamento para acabar de una vez con los privilegios de los políticos de alto rango, duplicación de sueldo con pensiones y asesorías privadas, jubilaciones escandalosas y otras naderías. Al final, todo se resume en lo que dijo Durán i Lleida (¿Es que quieren un Parlamento pobre?) No se mueve un alfiler. Hay que mantener el sistema.
Sé que hay que explicar lo inexplicable, que el sacrosanto mercado (¿el mercado?) pide sacrificios. Nada se va a mover porque los mecanismos idiotizantes funcionan como un reloj suizo; sé que me van a dar por saco, pero por lo menos quiero que sepan que les he pillado el truco. El culto al sistema y al mercado me toca las narices, y, francamente, me pone de muy mala leche que me tomen por tonto.
Las cancillerías de Occidente se echan las manos a la cabeza porque se les presenta una situación que no tenían prevista. Si la caída del Muro berlinés les venía muy bien, porque llevaban cuarenta años intentando derribarlo, este muro ideológico que ahora se desmorona es un arcano, pues nunca contemplaron la posibilidad de que algo así ocurriera. Durante años han tratado de manejar a distancia todo ese conglomerado de tensiones con Israel en medio, primero a través de la RAU (República Arabe Unida), luego con los tratados de paz de Egipto y Jordania con un estado hebreo tutelado por Estados Unidos, y ahora no saben qué va a pasar con los partidos islamistas, con los negocios multimillonarios en turismo, petróleo y gas natural y con la verdadera democracia que surje de abajo. Pudieron ahogar la victoria del FIS en Argelia y luego la de Hamás en los territorios palestino, pero ahora son muchos países y todo el pueblo en la calle. A ver qué pulso exhiben quienes todavía hoy tienen alguna capacidad de decisión.
P/D: La verdad es que la «pax europea» tiene mucho de hipocresía, manteniendo dictadores en Africa. Ahora en Europa están asustados por lo que está ocurriendo en Túnez y en Egipto. Se les está cayendo otro muro, el del olvido. A ver qué hacen.