Valsequillo
Hace unos días estuve en Valsequillo para dialogar con el alumnado del instituto sobre mi novela La mitad de un Credo, que tiene como protagonista a un personaje trasunto de Juan García el Corredera, que caminó por aquellas tierras, desde el Valle de los Nueve a los Picachos de Tenteniguada. Fue un día de reencuentros. Por un lado el de la mítica figura del personaje con los lugares reales por donde recibió la solidaridad del pueblo llano, y también la mía con una época en la que fui profesor en ese precioso lugar. Ha pasado el tiempo, el aspecto físico del centro urbano del municipio ha cambiado, pero sigue siendo igual la sencillez y la nobleza de unas gentes que son los que realmente dan personalidad a un enclave que todos admiramos por la belleza de su paisaje. Valsequillo es un pueblo de memoria y de futuro, y siempre es muy grato volver, sobre todo cuando en el fondo nunca nos hemos ido.
y obras de teatro y tenía la costumbre de hacerse acompañar por otras plumas, a ser posible los autores de las obras originales, como ocurrió con la inolvidable Doce hombres sin piedad, del dramaturgo Reginald Rose. Si esta película se recuerda por la interpretación de Henry Fonda, otras son recordadas lo mismo: Serpico por Al Pacino, Veredicto final por Paul Newman, Equus por Richard Burton y así una larga lista de películas inolvidables en las que el talento de Lumet se escondía para dar protagonismo a los actores y a la historia. Pero estas obras son lo que son por Lumet. Si miramos el listado de sus obras, nos encontraremos con títulos que ya son clásicos, por lo que tuvieron que darle el Oscar Honorífico después de habérselo negado varias veces cuando estuvo nominado. Cuando vayan al mueble de clásicos del videoclub, pueden coger cualquier película que lleve la firma de Lumet; será buena: El prestamista, Panorama desde el puente, Llamada para el muerto, Tarde de perros, Network, A la mañana siguiente…