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Nuevo diccionario temático


Aunque sé que los libros de papel están en la picota por la amenaza de la digitalización de todo lo que se mueve, si yo fuese editor pondría a trabajar a un grupo de expertos para confeccionar un nuevo diccionario, y sería temático porque no solo se limitaría a dar el significado semántico de la nueva palabra o expresión, sino que explicaría aunque fuese brevemente qué hay detrás de ese significado. Si alguien que hubiese permanecido en coma durante los últimos 25 años se despertase hoy (se nota que vi otra vez hace un par de noches la película Despertares), zzlibro-visitas[1].jpgtendría que aprender de nuevo la mitad de los significados de las nuevas palabras y de muchas de las anteriores que ahora pueden significar otra cosa. Y es que, además de todo el nuevo vocabulario generado por las nuevas tecnologías, nos hemos dado cuenta de que el mundo funcionaba de una manera que desconocíamos, y no sabíamos, por ejemplo, que los estados se sostienen con créditos, ignorábamos que existieran agencias de valoración del riesgo, y así cientos de cosas que salen hoy en los medios y que a duras penas logramos entender. Imagínense cualquier telediario que abra así: «Técnicos de los ministerios de los países de la Eurozona han trabajado toda la noche por videoconferencia, mientras el e-mail, el móvil, el Iphone, la tableta o el Ipad de cada uno de los expertos echaba humo. Se habló del fondo de rescate y de la contención del déficit». Si esta noticia la hubiésemos escuchado hace veinticinco años, habríamos pensado que los de informativos se habían vuelto locos, o que era un palabrerío absurdo. Y es así en casi todo, porque, entre el nuevo campo semántico de la economía y los tecnicismos venidos de otras lenguas en diversas disciplinas, se hace necesario un diccionario muy actualizado y con los temas bien explicaditos, porque así sabríamos con exactitud de qué se nos habla.

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Yeremi Vargas y Sara Morales


zzsos3[1].jpgLos que somos padres hemos sufrido alguna vez el terrible susto de que uno de nuestros hijos se nos fuese de la vista en la playa, en una gran superficie o en la calle. Cuando al final lo encontramos tenemos una sensación de felicidad indescriptible, por eso puede uno imaginarse, aunque lejos, cómo deben estar pasándolo las familias de Yeremi Vargas y Sara Morales. Vemos muchas películas y series de televisión en la que los malos pertenecen al crimen organizado, que se dedica a traficar con personas, y sacan beneficio de la prostitución obligatoria, de tráfico de niños para familias que los compran o incluso del destino terrible de usar los órganos infantiles en el mercado negro de los trasplantes. Por desgracia, eso que vemos en el cine y la televisión es cada día más real en nuestro mundo, y el crimen organizado se ha convertido en muchas partes del mundo en un estado paralelo cuando no en una fuerza superior al Estado, como pasó hace años en Colombia y está pasando ahora en México y Centroamérica. Que haya nuevos indicios para encontrar a Yeremi es una buena noticia, por él, por su familia y porque si se llegase a detener a los culpables se estaría salvando del mismo destino a otros niños. Otra cosa es que haya casos en los que se trata de venganzas personales, pero nunca un niño puede servir de moneda de cambio para nada. La Humanidad se está deshumanizando, y todo lo que se pueda canjear por dinero (y más si es mucho) está en el punto de mira de los desalmados. Ojalá este nuevo empuje dé resultado, pero lo que ha sufrido Yeremi y los cinco años de su infancia que se ha perdido su familia no tienen precio.

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¿Un futuro informatizado?


zaFoto0283.JPGEra el final de la década de los 80 cuando me puse por primera vez delante del teclado de un ordenador. La velocidad de porcesamiento y la memoria de aquel artefacto harían partirse de risa a los adolescentes de hoy, acostumbrados a las últimas tecnologías y familiarizados con las líneas ADSL y la fibra óptica (entonces, incluso con ordenadores sobre la mesa, pensar en algo parecido a Internet era ciencia-ficción). No fue fácil para quienes pensábamos que la máquina de escribir electrónica (que era capaz de memorizar una página) era un avance imposible de superar. No existían discos duros, y había que guardar los programas y archivos en formatos flexibles que hoy se nos antojan rudimentarios, pero a la vez uno piensa que con esos mimbres el hombre llegó a La Luna (si es que llegó). El gran argumento era que, cuando todo estuviese en las computadoras, el ahorro de papel sería bestial, e incluso recuerdo haber leído entonces un artículo que hablaba de las dificultades por las que pasaba la industria papelera para financiarse, porque los inversores huían de ella sospechando que era un negocio sin futuro. Y mira por dónde, resulta que las impresoras escupen mucho más papel que las máquinas de escribir de antaño, y lo más curioso es que, aunque en todas partes estamos fichados y nuestros datos en todos los sectores de la vida se guardan en enormes almacenes informáticos, lo que sigue valiendo documentalmente son los papeles. Dicen que con la generalización de la firma electrónica eso cambiará, pero como los demás anuncios no se han cumplido, yo espero a ver.
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(En la foto se puede apreciar el prototipo de una complejísima computadora del futuro… O eso me han dicho)