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RETOMAR LA SALUD

 

Hoy he tenido que visitar las consultas externas de un hospital porque desde hace meses  tenía pendiente hacerme una prueba, que no había sido posible hasta ahora. Por aquello de la compañía, vino conmigo  mi amigo el escritor Santiago Gil. La verdad es que en estos tiempos siempre surgen reparos cuando uno tiene que acercarse al hospital, pero la gente tiene otras dolencias que hay que vigilar y tratar.  La verdad es que estaba muy bien organizado, con el distanciamiento, las mascarillas, el gel hidroalcohólico, y los profesionales ponían un cuidado exquisito para que los pacientes se sintieran seguros. Cuando me tocó, entré solo, y Santiago se quedó acompañado de Baroja, metido en una novela de juventud de don Pío.

Al terminar, tuve que sacar a Santiago como de un sueño, pues estaba sumergido en Baroja. Echamos a andar y desayunamos en una cafetería cercana (desayuné yo, porque él lo había hecho horas antes y se limitó a un café). Cuento esto porque creo que hemos de retomar las consultas y los tratamientos, que ahora se vuelve todo muy engorroso, pero es necesario seguir velando por la salud. Hay un virus que lo ha puesto todo patas arriba, pero sigue habiendo otras enfermedades que necesitan vigilancia, tratamiento y cuidados, porque pudiera suceder que acabásemos con el virus y la salud en general se deteriorase en otros muchos campos por miedo a acudir a las consultas. Además, pasear media ciudad con Santiago Gil es muy agradable, y encima nos cruzamos con José Luis Correa, otro escritor amigo que iba a sus asuntos.

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Dudas y certezas

 

Aunque ya está muy manido el título de la película de Spielberg Encuentros en la III Fase, no me resisto a utilizarlo porque viene al pelo del actual momento. Entramos en una fase en la que dependemos en un porcentaje muy alto de nuestra responsabilidad para convivir en medio de una situación que llaman nueva normalidad. Hay normas sobre distintos aspectos, pero lo básico es que hay que evitar a toda costa contagiar y ser contagiado, porque es la única manera actual de mantener a raya el virus. Lavado de manos, distancia física y mascarilla allí donde no es posible mantener ese espacio y evitar aglomeraciones.

Se puede entender que en los transportes públicos se produzcan situaciones indeseadas, pero que no sería terribles si cada cual hiciera lo que está estipulado, pero en el asunto de las terrazas, y ahora en los locales de ocio nocturno, es necesario mantener el tipo para cumplir las normas, y ya sabemos que a la segunda o la tercera copa hay mucha gente que pierde el norte, y me imagino que en esos locales donde se juega con las luces y las sombras no es tan sencillo saber dónde está la siguiente persona, a no ser que se haga la luz total y esos juegos lumínicos desaparezcan y las salas sean un gran espacio iluminado. Esas y otras situaciones requieren de una gran responsabilidad, tanto de los locales como de quienes acuden a ellos.

Otra opción es que los responsables sepan cosas que nosotros ignoramos, y los que nos hacemos preguntas en realidad lo que hacemos es aplicar lo que nos dijeron hace un mes, o dos semanas, y que entonces era muy peligroso. ¿De repente, reunirse un grupo de personas alrededor de una mesa no tiene el riesgo de hace unas semanas? Porque las autoridades pueden tratar de controlar playas, paseos y establecimientos públicos, pero una reunión en una azotea o en una casa particular está al albur de quienes allí acuden. Nos decían que no había que tocar nada, pero ahora vemos que la gente se sienta en los bancos del parque. Es decir, me parece muy bien que aprendamos a convivir con un enemigo invisible, pero llamo la atención de que sigue ahí, tal vez con menos carga vírica, pero que sigue contagiando, y en estas condiciones reducir a cero esos contagios sería tanto como acabar con la pandemia en dos semanas, pero eso no está sucediendo.

Y luego está el debate de los guantes, con defensores y detractores, y la conclusión es que es son útiles en determinadas circunstancias pero que en otras se convierten en transmisores. Pero no están claras cuáles son estas situaciones, y ante la confusión cada cual actúa según su criterio, que puede ser acertado o erróneo, dependiendo de lo que haya escuchado o leído. Luego contrastan nuestras dudas con la seguridad que exhiben los políticos y empresarios sobre el turismo, la apertura de corredores fronterizos y el optimismo moderado que quieren transmitir en general, seguramente porque las caras visibles del liderazgo tienen que dar impulso.

Supongo que, hasta los más temerarios, tiene su corazoncito, y ese es el que va a funcionar como recordatorio de que el error de una persona puede perjudicar a otras e incluso a colectivos, y no solo en la salud. He oído que un alto porcentaje de la población va a necesitar ayuda psicológica para asimilar todo lo que está sucediendo. Tal vez sea así, pero es seguro que la lección ha sido muy dura y muchas cosas cambiarán. Siempre se ha dicho que lo que no ocurre en décadas puede ocurrir en un instante. Ya lo hemos visto, el deseo es que haya otro instante en el que todo vuelva a cambiar para bien. Hay muchas dudas, pero también la certeza de que el día de hoy existe. Buena semana.

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TIEMPO LÍQUIDO. Cuando las cosas se hacen bien… (08/06/2020).

 

Pues también acaba el tiempo líquido, y a partir de ahora haré entradas en el blog sin título genérico, porque hemos entrado en una fase que se parece mucho a la vida real, pero con precauciones. La inmensa mayoría de la gente cumple las normas básicas (lavado de manos, gel hidroalcohólico, mascarilla donde es necesaria y distancia de dos metros), pero el temor está en los despistes y en la negligencia de quienes se creen invulnerables. Da escalofríos ver esos botellones o esas fiestas en casa particulares sin espacio posible para el distanciamiento.

La otra parte son las administraciones públicas. No acabo de entender por qué se empeñan en que Canarias esté en la tercera fase solamente una semana, cuando la idea era que los 14 días previstos al principio servían para saber qué incidencia tenía esa nueva fase en los contagios. Me temo que la economía están haciendo mucha presión, y ojalá acierten, porque un paso atrás, aparte del sufrimiento humano, sería un desastre aún mayor. Y luego hay discusión sobre si están disponibles los medios para afrontar un posible rebrote.

Así que, este nuevo tiempo es un arcano, y ojalá demos los canarios la misma medida que hemos dado hasta ahora. Yo quiero pensar que sí, y para ello se necesita que las administraciones, el empresariado y la gente haga lo que deba hacer en cada momento. Hay que asumir que los actos individuales influyen negativamente en el control de la pandemia. Nadie está blindado, por muy fuerte que se crea, y, además hemos de pensar como sociedad. Aquí no vale el “sálvese quien pueda”. Debemos caminar al mismo paso con los pies en el futuro, y el mejor ejemplo es Nueva Zelanda, que ahora mismo ha conseguido reducir a cero el número de personas con el virus. Ya, ya sé que es otro país y otra mentalidad, pero la advertencia es que, cuando se hacen las cosas bien, salen bien.