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DIARIO DESPUÉS DE LA CUARENTENA (FASE I) Jornada 63: Un mundo humano. (16/05/2020).

 

Ayer murió el pintor valenciano Juan Genovés, un artista que llevó su obra más allá del arte. Su trayectoria es la de la lucha por la libertad a través de la cultura, y en estos momentos que vivimos creo que es un punto de referencia obligado. Tenía 89 años, pero siempre es pronto para que se apaguen los faros. Es una ironía que su famosa obra El abrazo, de 1976, que llamaba a la reconciliación después de una época muy oscura, choque precisamente con las normas que ahora nos vemos obligados a cumplir. Insisto, no me gusta la expresión “distanciamiento social”, prefiero que sea físico, porque ahora más que nunca el pensamiento es necesario para avanzar en un mundo que ha de ser  más humano o no será.

Recuerdo a Juan Genovés durante una temporada que estuvo en Gran Canaria, impartiendo su magisterio artístico e intelectual. Fue a mitad de la década de los 80, e impulsó un muralismo que llenaba los paredones de arte y mensaje, como el que fue pintado colectivamente en la bajada de la Plaza de San Bernardo de Las Palmas de Gran Canaria. Pero acaso su huella más profunda quedó en la pared junto al colegio Rafael Alberti de Jinámar, un mural colectivo que el tiempo y la desidia ha ido deteriorando. Hay que recuperar la obra, pero sobre todo el espíritu de Juan Genovés. Tuve ocasión de escucharlo en sus discursos informales entre la gente más joven, y estaba claro que era un artista necesario. Y lo sigue siendo; que la tierra le sea leve.

Fue desapacible la tarde de ayer, con viento, sobre todo cuando te asomas a una ventana muy elevada de la calle. Volvió a salir la niña nueva que se llama Carlota. Sofía y Diego estaban con su madre, ella con una coleta que le daba todavía más luz a la cara, y ya decidió que mi compañera no le compre unas maracas, sino que le dé unas pequeñitas que a veces hemos sacado para mostrárselas. Eso sí, “cuando se vaya el bichito”. Buen sábado, y pensemos en los demás. Y en hoy. Buen día.

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DIARIO DESPUÉS DE LA CUARENTENA (FASE I) Jornada 62: Cuando se vaya el bichito. (15/05/2020).

 

Hoy es Día de la Familia, aunque precisamente en estas circunstancias ni falta hacía tal recordatorio, la tenemos más presente que nunca. Estamos pendientes de nuestros familiares que están en otra población, en otra isla o simplemente en otra casa. Y curiosamente, por lo menos en mi caso, me vienen a la memoria constantemente las personas queridas que ya no están. Familia es una palabra que suele definir lazos de sangre, pero hay gente que es familia porque se lo ha ganado, y por ello hay una línea difusa que permite que hoy celebremos los afectos de las personas que amamos, como ayer, como siempre.

En este episodio que será histórico en el futuro, se han inventado palabras y conceptos que tratan de definir acciones y hechos que, por novedosos, no tenían asignadas expresiones  para nombrarlas. Es como en el primer capítulo de la novela Cien años de soledad “el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Pero creo que, con aciertos o dando patadas a la RAE, vamos entendiendo, porque la sociedad se ha visto obligada a asumir una realidad impensable. Es tan nueva, que cada vez que despertamos tenemos que ponernos en situación, porque ya dijo Einstein que la realidad es una ilusión muy persistente.

El comienzo de las fases de desconfinamiento asimétrico (lo que decía de las expresiones enrevesadas) coincide con el final de la obra en el edificio de enfrente. Al mirarlo tengo la sensación de que está desprotegido, porque los andamios eran como un abrigo hacia el exterior. Todo esto es metafórico, y espero que para bien, porque cada día dependemos más de nuestra correcta manera de actuar. Esa salida a la ventana se ha convertido en un intercambio entre vecinos y hoy surgió de otra ventana una niña nueva, Carlota. Creo que por la redes circula una gran convocatoria para el domingo por la noche, como agradecimiento a los sanitarios. Ayer salieron los vecinos habituales, y estuvo también Octavio. A Sofía se le escapó su maraca roja y verde, pero esta vez no había andamios y cayó desde un quinto piso a la calle. Se hizo añicos, y menos mal que no pasaba nadie. Mi compañera le dijo que le compraría otra, y la niña, con buen juicio dijo: “cuando se vaya el bichito”. Pues ya sabemos que el bichito se irá, Sofía lo ha dicho. Buen día.

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DIARIO DESPUÉS DE LA CUARENTENA (FASE I) Jornada 61: Un mundo raro (14/05/2020).

 

Estamos en un momento que no sé cómo calificar, porque, con esto de las fases, da la impresión de que mucha gente piensa que el virus se ha ido. Pero siguen doliendo los muertos, más allá de lo que estadísticamente representen. Y eso no hay que olvidarlo, por respeto y por prevención. Esta semana he tenido que hacer salidas imprescindibles, y también he realizado varios paseos con mi compañera. A partir de las 8 de la tarde se ha puesto desagradable, aunque en esas otras salidas he podido aprovechar el sol de mediodía. Me protejo con una pantalla facial transparente, a la que añado una mascarilla. En mis recorridos no he encontrado aglomeraciones, y claro, procuro ir siempre por zonas en las que no haya posibilidad de que nadie se me acerque. Me he cruzado con algunas personas conocidas, pero nos hemos limitado a saludar desde la distancia. Y, claro, cumplo todos los protocolos al regreso. Supongo que acabaremos acostumbrándonos a esta manera tan rígida de salir a la calle, pero ahora mismo a mí me causa tristeza, porque el peligro está en la gente, algo que nunca imaginé que sucedería. Un mundo raro, como en la canción de José Alfredo Jiménez.

Luego viene la confusión que se genera al no haber directrices claras en algunos asuntos. Que si son o no obligatorias las mascarillas y en qué situaciones, que si hay quien dice que los guantes son armas de doble filo porque pueden convertirse en agentes contaminantes, y menos mal que hay acuerdo en que es necesario el frecuente lavado de manos y el uso de gel hidroalcohólico. Y hablando de alcohol, inconseguible en farmacias y supermercados, pero ayer encontré una botella de un litro en una farmacia de uno de mis recorridos. La verdad es que no recuerdo cuál era antes el precio normal, pero me cuentan que 15 euros por un litro de alcohol es caro. Debe ser lo de la ley de la oferta y la demanda, pero se supone que en estas circunstancias los elementos necesarios estarían controlados.

Ya el edificio de enfrente está sin andamios y perfectamente terminado de pintar. A las siete de la tarde siguen las personas habituales, pero ya no sabemos  si al estar en otra fase de desconfinamiento se sigue aplaudiendo. Pero nos vemos las caras, hablamos y Sofía sigue presidiendo,  seguida muy de cerca por Diego. Hoy estaba Angie, que no tenía turno, Sofía descubrió que en la ventana del piso que está encima del nuestro se asoma un gato gris, del que la niña exigió inmediatamente el nombre. Siguió insistiendo pero no pudimos decirle cómo se llama porque no lo sabemos. Pero se conformó con que le mostrara a Luna, la gata de peluche. Buen día.