Otra de galgos y podencos
En una tertulia radiofónica, mujeres dedicadas a la política de los partidos representados en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria debatían ayer sobre la situación de un barrio como El Lasso, en el que un ciudadano anónimo ha pagado la cuota de comedor de tres meses de diez alumnos cuyas familias no podían afrontarla. El caso de este barrio es solo un botón demuestra de lo que sucede en toda la ciudad, y lo más triste es que las tertulianas se pasaron casi una hora quitándose responsabilidades de encima, que si esto es cosa del Gobierno Autónomo que es quien subvenciona los comedores escolares, que si es del Ayuntamiento porque es consecuencia del estado de precariedad familiar, que si Soria dijo, que si Zapatero hizo. En fin, que me dio vergüenza ajena escucharlas, porque lo que transmitían a la ciudadanía es que lo único que les importa es echar basura sobre el oponente político y mantener o lograr algún día el coche oficial. Eso no anima a la gente, porque siente que sus responsables políticos miran muy poco a su alrededor y solo se mueven para tratar de dejar buena imagen de lo que hacen o dejan de hacer y para destruir la imagen del otro. En un momento llegaron a hablar de una moción que no se presentó por problemas de redacción, y por lo visto hay una filóloga encargada de corregir esos documentos. Es el colmo, un asunto gramatical obstaculiza una gestión urgente. No sé qué demonios desayunan nuestros políticos, pero deben tomar algo que los traslada a un mundo de fantasía, y parecen no darse cuenta de que vivimos una situación de emergencia, mientras ellos siguen discutiendo si son galgos o podencos. El problema es que cuando nos alcancen los perros -da igual su raza- ellos estarán a buen recaudo.