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Otra de galgos y podencos


En una tertulia radiofónica, mujeres dedicadas a la política de los partidos representados en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria debatían ayer sobre la situación de un barrio como El Lasso, en el que un ciudadano anónimo ha pagado la cuota de comedor de tres meses de diez alumnos cuyas familias no podían afrontarla. zzzpeerrr.JPGEl caso de este barrio es solo un botón demuestra de lo que sucede en toda la ciudad, y lo más triste es que las tertulianas se pasaron casi una hora quitándose responsabilidades de encima, que si esto es cosa del Gobierno Autónomo que es quien subvenciona los comedores escolares, que si es del Ayuntamiento porque es consecuencia del estado de precariedad familiar, que si Soria dijo, que si Zapatero hizo. En fin, que me dio vergüenza ajena escucharlas, porque lo que transmitían a la ciudadanía es que lo único que les importa es echar basura sobre el oponente político y mantener o lograr algún día el coche oficial. Eso no anima a la gente, porque siente que sus responsables políticos miran muy poco a su alrededor y solo se mueven para tratar de dejar buena imagen de lo que hacen o dejan de hacer y para destruir la imagen del otro. En un momento llegaron a hablar de una moción que no se presentó por problemas de redacción, y por lo visto hay una filóloga encargada de corregir esos documentos. Es el colmo, un asunto gramatical obstaculiza una gestión urgente. No sé qué demonios desayunan nuestros políticos, pero deben tomar algo que los traslada a un mundo de fantasía, y parecen no darse cuenta de que vivimos una situación de emergencia, mientras ellos siguen discutiendo si son galgos o podencos. El problema es que cuando nos alcancen los perros -da igual su raza- ellos estarán a buen recaudo.

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El valor de la espada


La huelga es un instrumento que tienen los trabajadores para tratar de hacer valer sus derechos, pero como todos los recursos hay que gastarlos sabiamente. Dice el clásico que pesa más la espada en la vaina que en la mano, porque cuando está enfundada es un valor desconocido y por lo tanto misterioso, que puede disuadir al otro por temor a que el acero brille al sol.
zzespppad.JPGCuando se ha desenfundado y entra en acción ya sabemos el verdadero peso que tiene, y entonces puede que no sea tan eficaz como se temía. Por eso la espada de la huelga, que es un instrumento legítimo, puede ser también un factor que actúe en contra de quienes la blanden si no se hace con mesura y destreza. La huelga general es sin duda la Tizona suprema de los trabajadores, y por lo tanto no puede ser utilizada de cualquier manera, pues sus filos son muy delicados y se corre el riesgo de que un uso excesivo o inadecuado haga mella en el acero. Es una Excalibur que puede romperse al intentar sacarla de la piedra si se hace mal. La satanización que algunos líderes conservadores hacen de la huelga nos retrotrae a tiempos en los que ni siquiera habíamos nacido, es como leer titulares de la prensa de principios del siglo XX, y ese afán por desacreditar a los sindicatos no debe ser echado en saco roto, porque ya decía Goebels que una mentira mil veces repetida empieza a sonar como verdad. Es lo que llamamos propaganda. Esa y otras muchas son las razones por las que los líderes sindicales deben medir muy bien su fuerza y administrarla con la mayor eficacia posible.

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La resaca útil

Como era de esperar, estamos en el día de las valoraciones y de la guerra de cifras sobre el seguimiento de la huelga. En realidad, lo importante es que haya habido una huelga general, sacralizada por unos y criminalizada por otros, y yo creo que ni una cosa ni la otra. Y la resaca útil debería ser para reflexionar, no para seguir jugando al frontenis infantil de las descalificaciones. La campaña que se ha hecho contra los sindicatos, especialmente contra las dos centrales mayoritarias, es como la sopa de Mafalda, porque todos tenemos esqueletos en el armario, y es evidente que tiene que haber una fuerte renovación del concepto sindical. Pero lo mismo podríamos decir de los partidos políticos, de las instituciones públicas y hasta de la Constitución, que empieza a tener holgura en los cojinetes. Vivimos en un sistema democrático imperfecto (pero democrático) y es evidente que muchas de sus piezas experimentan lo que los ingenieros llaman fatiga de material.
zzzzFoto0300.JPGPues hay que cambiarlas. Dicen algunos que ahora no es el momento, que estamos en una crisis de caballo; pues yo creo que precisamente por eso hay que hacerlo, porque en tiempos de bonanza nadie cambia un tornillo de la maquinaria. Si en España hubiera alguien con autoridad para ello (que lo hay) y sentido del estado (eso ya…), tendría que convocar una gran conferencia en la que estarían representados los distintos aparatos que en su conjunto conforman el motor de la sociedad: Gobiernos y Parlamentos (central y autonómicos), sistema judicial, partidos, sindicatos, empresarios, universidades, sistema financiero, sectores culturales y religiosos, sociedad civil… Y propondría una especie de catarsis colectiva, que les instara a dejarse de la machangada histórica de siempre en este país, que es la dicotomía enfermiza que dura ya siglos: Joselito-Belmonte, Real Madrid-Barça, PP-PSOE (y la de PP y PSOE frente a los nacionalismos periféricos). Si uno tira del cabo para extender la vela y el otro trata de arriarla, nunca se aprovechará el viento, y eso es lo que viene ocurriendo en España desde 1812, con la breve salvedad de la Transición, que duró un suspiro pero en la que ese mirlo blanco que invoco fue capaz de hacer lo que propongo (Suárez y los Pactos de La Moncloa). La estructura de los partidos, la función de los sindicatos, el entramado empresarial, la red universitaria, hasta la liga de fútbol, todo se ha quedado obsoleto. No hay más cera que la que arde, pero es necesario renovarla pensando en España como país. El comadreo político y el «y tú más» conducen al bloqueo de las ideas. Y una vez reunida esa conferencia, habría que encargar a un grupo (reducido) de personas especializadas el diseño de un proyecto colectivo, que se vincularía al futuro siempre a través de las urnas. Eso sería lo razonable y no dedicarse a quemar un gobierno detrás de otro. Dicen que perdemos credibilidad, y lo peor es que estamos empezando a no creer en nosotros mismos. Y eso sí que es grave.