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Pobre África, siempre expuesta al sol

Dicen los arqueólogos que África es la cuna de la Humanidad, donde una aventajada subespecie de chimpancé se puso de pie hace 190.000 años. Por eso, cuando se habla de la vieja Europa, me entra la risa, porque si de vejez histórica y prehistórica hablamos tenemos que referirnos a África, que en latín africano significa «expuesta al sol». Y tan expuesta sigue, que las noticias que nos llegan son casi siempre malas, cuando no es un golpe de estado en Mali es el endurecimiento de la dictadura militar de Guinea-Bissau, una hambruna en Somalia o una sequía en el Sahel. zzchobegamelodge[1].jpgEuropa y el mundo Occidental se limitan a expoliar materias primas, a crear guerras civiles de las que sacan provecho, y siguiendo la estela del terrible Leopoldo de Bélgica, los dirigentes europeos se relacionan con África para recibir diamantes valiosos (Giscard D’ Estaing), para hacerse los machitos yendo a buscar rehenes liberados o para ordenar bombardeos (Sarkozy) o para ir a escondidas a cazar elefantes, con lo que significa el comercio del marfil de un animal en peligro de extinción. Con semejante apoyo, se han creado monstruos del tamaño de Bokassa, Idi Amín Dadá y demasiados coronelitos enchatarrados que manejan como suya la ayuda internacional. Cuando aparece alguien que intenta actuar con algo de lógica, se le quita de en medio de la forma que sea (Patricio Lumumba, Moise Tshombe, Ben Bella…) Y ahí sigue África, expuesta al sol de los traficantes de armas, de marfil, de coltán, de personas, consumida por la guerra, el hambre y el sida, y al Papa, cada vez que va de visita, lo único que se le ocurre es decir que no usen condón.

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Un 14 de abril descolorido


Decía Albert Camus que los debates políticos hay que hacerlos en la sobremesa, refiriéndose a la necesidad de que hay que tener primero cubiertas las necesidades básicas para luego dedicarse a polemizar. Y eso es lo que pasa en este país y en este tiempo, que se confunde lo urgente con lo importante, porque a veces la urgencia es tan evidente que hace desaparecer los grandes temas de fondo. Ayer fue 14 de abril, una fecha en la que los republicanos sacan a pasear su pensamiento tricolor, y en este año en el que la monarquía española no pasa por su mejor momento.
aaaeap.JPGEstá claro que ninguna persona es superior a otra por nacimiento, eso ya viene en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de hace doscientos cincuenta años, pero la verdad es que no hace falta frase alguna, la propia monarquía está haciendo una sesuda campaña antimonárquica. Parece que la propia familia que ostenta el privilegio de sucederse en la Jefatura del estado no acaba de entenderlo, y del Rey abajo todos, porque entre lo de Urdangarín y el escopetazo de Froilán parece los yernos reales fueron elegidos por fervorosos republicanos. Nuestras abuelas recomendaban tener siempre muy limpia la ropa interior, por si ocurría algo, y ahora todos nos estamos preguntando qué se le había perdido al Rey en la punta sur de Africa, en plena ruta de los elefantes. Aparte de lo mal que queda esa afición por liquidar animalitos, está la imagen del derroche, pues son muchas las familias que comerían caliente con lo que ha costado esta juerga. España es un estado muy peculiar, dado al caudillismo, en el que un monarca suele representar ese papel, aunque últimamente la imagen de un caudillo con muletas no ayuda mucho. Tampoco acabo de fiarme (por venir de quien viene) de esa república presidencialista que algunos proponen. En idea de Lampedusa, cambiar algo para que todo siga igual; y como dijo aquella vez Ortega «No es eso, no es eso».
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(Este post sale un día después de su fecha ideal no por olvido, sino por decisión propia -ayer no era día de palabras-, lo mismo que ayer y hoy me he inhibido del centenario del hundimiento del Titánic, puesto que ya publiqué hace unos días un relato sobre el asunto).

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Agua mansa, agua brava

Del agua mansa líbrame Dios, que de la brava me libro yo.
(Refranero español)

Supongo que todos preferimos que quien esté al mando sea justo, ecuánime y firme. Ser líder no es fácil, porque, aparte de ese don que dicen que existe y que llaman carisma, también hay factores que mueden mejorarse. Decía Maquiavelo (que no era nada conspirativo como tampoco Kafka era enrevesado) que el Príncipe (el líder) debe mostrar siempre un ánimo distinto al resto, porque si los demás están nerviosos y asustados él tiene que transmitir serenidad y valentía, y si los demás están confiados él tiene que mostrarse inquieto, alerta, como un perro cazador. De esa manera el líder genera confianza, porque los demás suponen que él siempre sabe lo que hay que hacer y qué actitud tomar.
zzzzFoto0267.JPGPero la mayor parte de los que tienen que gobernar no ha leído a Maquiavelo, y suelen comportarse de dos maneras: o son autoritarios y expeditivos, o se presentan como suaves corderitos indecisos. Puestos en esta tesitura, me remito al refrán del principio, y prefiero a uno que me venga de frente y no se esconda en subordinados o en silencios injustificados. Mariano Rajoy de momento es de los segundos, y uno no sabe a qué carta quedarse con él, porque trata de parecer buena gente, gobernante comprensivo y padre de la gran familia nacional, pero luego aparecen los hachazos que hacen que uno no confíe en lo que dice ni en lo que transmite. Rajoy responde al tópico del gallego, que cuando está en mitad de una escalera nunca sabemos si sube o baja. A su manera, Zapatero era igual, seguramente porque León tiene frontera con Galicia. Y es que a una persona que tiene verdadera vocación política lo que le gusta son las situaciones difíciles, que es cuando hay que tener el temple necesario para dar la talla. Con miedo no se puede gobernar, y sin duda ahora mismo tanto Paulino Rivero como Mariano Rajoy están en la situación deseada por un político de raza, porque si hoy Churchill, De Gaulle, Kennedy o Suárez están en la historia con letras grandes es por cómo gestionaron situaciones muy complicadas. Y, francamente, estoy a la expectativa de nuestros dirigentes actuales, y en el caso de Rajoy más bien da señales de que no es capaz siquiera de controlar a su gente, y Esperanza Aguirre es el ejemplo. Así que, estoy esperando que aparezca un Rajoy que me sorprenda, piense en la España de dentro de cinco años y sea capaz de hacerse con todos los hilos. De lo contrario, será agua mansa al que borrarán de la historia sus allegados.