¿Transparencia para quién?
Hoy hablaré solo de un hecho que es en sí mismo un declaración de principios de esto que quieren vendernos por democracia (*): en el borrador de la ley de Transparencia económica enviado por el Gobierno al Parlamento, quedan fuera de esa ley la Casa Real, los partidos políticos, los sindicatos y el Banco de España. Si algunos de los focos de corruppción más evidente quedan fuera, ¿para qué la ley? Se cumple otra vez la sentencia de El Gatopardo de Lampedusa «cambiar algo para que todo siga igual». Es como si se hiciera una ley de Tráfico que no se ocupase de los turismos particulares, las vehículos de pasajeros y los camiones. Solo se aplicaría a las motos y a los peatones. Eso es cinismo, y no el humo del cigarro de Bogart en El sueño eterno. Está claro, España es diferente.
Para que no se me malinterprete, la alternativa a la democracia es la dictadura, que es corrupta en su propio origen. Por lo tanto, mis críticas a esta democracia son precisamente porque entiendo que es con transparencia como se contruye una verdadera convivencia democrática, y quienes tienen la obligación de velar por ella están dilapidándola.
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(Aunque no tiene que ver con lo que hablo -o sí-, propongo el enlace con este post del blog de Miky Ayala en Canarias7).
Lo he dicho más de una vez, pero debo hacer notar que nuestro dirigentes han leído muy mal El Príncipe de Maquiavelo. Decía el autor florentino que el Príncipe (tradúzcase por dirigente) debe mostrar siempre un ánimo distinto al de sus allegados y que así se transmita al pueblo. Cuando todo el mundo está nervioso, el Príncipe se ha de mostrar sereno; si hay desánimo entre los suyos, él debe arengarlos con brío; si su gente está envalentonada, él ha de ser prudente y comedido. Y todo esto porque, al estar de ánimo distinto, todos piensan que él sabe lo que hay que hacer, y en esa confianza se suelen conseguir los objetivos. Está claro por lo tanto que no es que no hayan leído El Príncipe, es que ni siquiera saben qué significa liderar una sociedad, que encima los ha puesto al timón con sus votos. O sea, no saben siquiera quién fue Maquiavelo. El país se va al garete y ellos siguen con su guirigay productivo (para ellos), y hasta son capaces de fracturar una sociedad tan sólida como la catalana para huir hacia adelante acusando a los taimados y borbónicos tribunales a las órdenes de Madrid de una persecución personal. Su corrupción hace que arrastren al abismo a todo un pueblo. El noroeste de África se incendia con una situación muy complicada que puede salpicarnos, Cáritas no da abasto, el tejido económico está yerto, y ellos siguen con sus batallitas particulares. Pero no hay que preocuparse, alguien que pretenderá haber leído y entendido a Maquiavelo nos creará seguridad psicológica porque la gala del Carnaval va a presentarla Bustamante. Pobre Maquiavelo.