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La vida y la muerte

Me quedo perplejo cuando veo la ligereza con que algunos comentaristas aquí y allá se toman el asunto del preso belga Frank Van Den Bleeken, que lleva 30 años de reclusión por violaciones y un asesinato. Basándose en una ley del 2002 que permite la eutanasia voluntaria en casos de dolor físico y psíquico insoportable, los tribunales decidieron autorizar la muerte asistida del recluso el 11 de enero. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha fallado en contra de la decisión del tribunal belga, y cuando parecía que finalmente la muerte del preso tendría lugar el domingo, los médicos han decidido cambiarlo a un centro más especializado en el que pueda tratarse su estado. zzzzz belga preso.JPGParece una forma política de no saltarse las leyes europeas y al mismo tiempo mantener las belgas, aunque ello no ha podido impedir que siga el debate sobre si se trata de una muerte por eutanasia o se parece más a una ejecución. Ante situaciones como esta, se supone que los razonamientos públicos debieran estar muy respaldados por argumentos médicos, psiquiátricos, jurídicos, sociales y éticos, de manera que me parece muy temerario que se lancen al ruedo a teorizar personas que en general apenas si tienen un barniz en esas disciplinas tan rigurosas que mencionaba. La situación es muy nueva, porque no es una enfermedad física, y por otra parte se habla del derecho de cada persona a una muerte digna. La cuestión es si esta manera de morir lo es. Yo no lo sé, y también pudiera suceder que a determinados enfermos mentales no diagnosticados se les ocurriera pedir la eutanasia porque en realidad desean (o creen desear) morir pero no se atreven a suicidarse. He seguido este caso y, a pesar de haber leído toda la información publicada que he encontrado, no consigo formarme una opinión. Paralelamente, se arma el debate sobre si las prisiones belgas no están dotadas con medios para atender a este tipo de reclusos, y me pregunto si hay países donde sí lo están; otros pensarán que un criminal no tiene derecho a ser tratado de manera tan especializada, pero todo esto no nos aleja del núcleo del asunto, que es si un ser humano tiene derecho a pedir su muerte y si un estado tiene o no la obligación de facilitársela. ¿Es el debate de la pena de muerte al revés? ¿Pueden los médicos revocar una decisión de un tribunal? Solo tengo preguntas, y por ello me asombra que haya personas que despachan un asunto así con la levedad de un cotilleo.

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D’Ors, la gaseosa y la ruleta rusa


imagen cahmapaña.JPGEugenio D’Ors fue un escritor que formó parte de un movimiento llamado novecentismo. Parece ser que, además de su demostrada capacidad para la reflexión profunda, tenía una gran rapidez mental para pronunciar dardos con gracia, y por ello, como a Oscar Wilde, se le atribuyen muchas citas, que unas serán ciertas y otras no, porque siempre se habla de escenas vivas, no de textos, y de ese modo tenemos que fiarnos de quien lo cuenta. A él se le atribuyen resplandecientes frases como que, en la literatura es más difícil tener el estilo limpio que brillante, o que el ingenio es la calderilla del talento, o que una síntesis vale por diez análisis. Pero de todas, la que más fortuna ha hecho es la que dirigió a un camarero que derramó un caro champán francés mientras explicaba la técnica para descorchar la botella; «Los experimentos, con gaseosa», dicen que recriminó al joven por haber desperdiciado el valioso líquido. Y me viene a la memoria el escritor novecentista en estos primeros días de un 2015 que se anuncia muy novedoso políticamente, y empiezo a estar hastiado de que viejos rockeros, allegados a unos y otros e iluminados eternos o de nuevo cuño nos estén diciendo cada día cuál es la receta mágica que dicen conocer (cada uno tiene una diferente). No sabemos quién realmente tiene certezas y quién miente por propio interés, mientras en la gente se mezcla la esperanza con el miedo, la valentía con la desconfianza y muchos se apuntan a jugárselo todo a la ruleta rusa. Y porque es el futuro de todos lo que está en juego, he recordado a Eugenio D’Ors: «los experimentos, con gaseosa».

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Carta abierta al Papa Francisco

A Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco. Ciudad del Vaticano.
Cuando fue elegido y tuvo aquellos primeros gestos que tanto impacto causaron, no me puse a aplaudir porque demasiadas veces la jerarquía católica se quedaba en meras palabras, y si encima era usted argentino, pensé que habría más verborrea hueca para cerrar el tópico. No es momento de hacer repaso de la historia de La Iglesia, que es tanto como decir la historia de Occidente, porque no pueden entenderse la una sin la otra y viceversa. Frente a la devoción, la entrega y la generosidad del pueblo, la hipocresía de los jerarcas. Llovía sobre mojado y no era fácil creer al séptimo pontífice que uno ve pasar por su vida; porque el peso del Vaticano incide en millones de personas, sean o no creyentes. Así que, expresé alguna vez mis reservas ante tanto entusiasmo y me senté a esperar, porque los hechos determinan los liderazgos más que las palabras.
imagen francisco 1.JPGNo se han cumplido aun dos años desde que se calzara las sandalias del Pescador y siento una enorme alegría al tener que rectificar mi postura. Por primera vez, en la historia reciente de más de un siglo de convulsiones, la máxima figura del catolicismo se ajusta a las palabras evangélicas. Han pasado muchas cosas, la cúpula eclesiástica siempre junto a los poderosos, muchas actitudes inexplicadas en pontificados brumosos en tiempos conflictivos y de bonanza, encíclicas, catecismos, discursos… todo pura retórica y hechos muy confusos. Tendríamos que remontarnos 133 años, a la encíclica Rerum Novarum de León XIII (mayo de 1891), para encontrar un posicionamiento tan rotundo de un Papa a favor de los más débiles.
En teoría, el Vaticano carece de poder temporal estimable, es simplemente la cabeza de un poder simbólico; pero es tan fuerte este símbolo que su vibración se percibe inmediatamente. Utilizar esta enorme influencia a favor de lo que es justo se entiende como el abc de un pontífice y todos sus pastores, pero la historia nos dice que no ha sido así. Lo que ha hecho usted, Papa Francisco, es que ha logrado conjuntar los gestos, las palabras y los hechos como ninguno de sus antecesores. Su actitud decidida, su discurso directo, sencillo y a la vez muy profundo, su posicionamiento claro en asuntos vitales para la Humanidad, lo convierten ya en un referente del tamaño de Gandhi o Mandela, y parece que va a más.
imagen francisco 2.JPGLa tragedia de la inmigración desde la miseria, las guerras como negocio de la industria armamentística, la agresión al planeta, el esclavismo, el derecho a la dignidad a través del trabajo… Parece imposible que en tan poco tiempo haya puesto sobre la mesa los verdaderos sufrimientos de los seres humanos y haya señalado con el dedo a sus responsables (ahora anuncia una encíclica ecologista). Los temas doctrinales son otro asunto, pero ahí también lo veo distinto.
Al mismo tiempo está limpiando la casa y poniendo en orden lo que no era de recibo. Sin miedo, con una sonrisa afable, con la cercanía del que sabe que está haciendo lo que debe. No habla como un iluminado, ni se adjudica la representatividad divina; es usted un hombre que retira su plato de la mesa, que responde al teléfono, que toca a la gente. La divinidad -teólogos aparte- es la unión de voluntades para avanzar en armonía; y yo creo en ese Dios al que no dice representar, pero que empieza en usted sencillamente porque, como dicen sus paisanos argentinos «no se la cree». Usted mismo se bajó de la torre cuando dijo a los periodista en un avión «¿quién soy yo para juzgar a nadie?»
No van a ponérselo fácil. Un hombre así molesta a muchos poderes, empezando por los vestigios recalcitrantes de boato, avaricia y connivencia de su propia casa. Por eso necesita del apoyo de toda la gente de buena voluntad para derribar obstáculos muy duros. Creo que usted, Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco, es providencial en este momento de la historia.
Atentamente.