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Confusiones de ida y vuelta

Un amigo llegó a la playa entre alarmado y muerto de risa. Había visto en una revista de tirada nacional una información en la que la fiesta del Pino se celebraba en Agaete y terminaba con un baño masivo en un charco de barro. Mayor síntesis, imposible; meter en una sola fiesta al Charco, la Rama y el Pino parece cosa de chiste, sólo que le faltó decir que esa fiesta se hacía en época de almendros en flor y se anuncia con la traída del agua; como resumen, podría haber dicho que todo ese conjunto de festejos forman lo que llamamos carnavales, en el transcurso de los cuales se elige a la Reina del Atlántico y como colofón se entrega el Premio Nobel del disparate. Uno va a acabar por no creer en los papeles, porque si dicen tantas barbaridades de Canarias, lo mismo harán con otros lugares. También hay que poner en el otro plato de la balanza que a veces somos más papistas que el Papa, y nos adjudicamos hasta supuestas palabras propias, como «morisqueta» o «despercudido», que usaban nuestras abuelas, y que yo acabo de releer en una novela de Vargas LLosa publicada en 1986. Por cierto, Vargas Llosa es peruano.

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El perdón los vencedores

Me ha llamado la atención la información que ha salido en estos días con motivo del 65 aniversario de la rendición de Japón en 1945. El Gobierno japonés pide perdón por el dolor causado por ese país durante la II Guerra Mundial, como ya lo ha hecho en repetidas ocasiones Alemania, naciones que, con Italia, formaban el famoso eje Roma-Berlín-Tokio, algo parecido a lo que Georges Bush Jr. llamaría el eje del mal. Cierto es que las atrocidades perpetradas por los gobiernos totalitarios de estas naciones fueron terribles, incluyendo a Italia, que empezó la guerra en un lado y acabó en el otro y todavía los italianos no saben muy bien si ganaron o perdieron la II Guerra Mundial. Tal vez por eso Italia no ha pedido perdón.
París bombardeada.jpg Los vencedores ni se lo plantean. No ha pedido perdón Estados Unidos por las bombas de Hiroshima y Nagasaki o por las vejaciones que sufrieron los japoneses residentes en Norteamérica, encerrados en campos de concentración mientras duró la guerra. No ha pedido perdón Rusia, que planteó un exterminio de los judíos, polacos, bálticos y romanís menos espectacular pero tan dañino como el nazi. No ha pedido perdón Gran Bretaña por los muertos civiles no sólo en Alemania, sino en la Francia ocupada. Tampoco han perdido perdón los aliados por los bombardeos de alfombra que arrasaron ciudades alemanas como Dresde, Colonia o Leizip, o por el bombardeo inútil que prácticamente destruyó Viena ¡una semana después de que Alemania se hubiera rendido! Y es que por lo visto, sólo piden perdón los vencidos.

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Dependencia

zdependencia.JPGCada vez que siento caer sobre estas islas la canícula sahariana me echo a temblar, porque se me hace presente la endeblez de nuestra economía, que se basa en gran medida en el turismo, y que mantiene un tipo de vida artificial a base de quemar hidrocarburos y potabilizar agua del mar. Cuando veo los campos resecos y ardientes del sur de las islas siempre pienso en lo que pasaría si hubiera una crisis mayúscula que nos privase del turismo, y al mismo tiempo del dinero con el que mantener el tipo de vida a que estamos acostumbrados. Hablar hoy de los sectores primario y secundario en Canarias suena a jerga de viejos, pero hemos de tener en cuenta que de alguna forma habría que ir reconvirtiendo nuestra economía para que no fuese tan dependiente del exterior, cosa harto complicada cuando la población es mucho más alta de lo que correspondería a nuestra extensión. Pero claro, seguramente muchos pensarán que se me ha metido el sol en la cabeza. El monocultivo, ya saben.