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El médico chino

zz-medico chino.JPGLa playa da para mucho, y las tardecitas cálidas de Gran Canaria inducen a la tertulia. Al final, mi amigo Clodoaldo y yo hemos llegado al acuerdo de que en Canarias no hay burguesía, y lo que se da por tal es un entramado de intereses económicos bien diferenciados, según hablemos de Gran Canaria o de Tenerife. La supuesta burguesía tinerfeña, politizada desde hace siglos, mira hacia el pueblo y se implica con él porque sabe que sin él no puede llegar a ninguna parte. La grancanaria, en cambio, hace la guerra por su cuenta porque da igual la tesitura económica general de los isleños, a los que tienen el dinero siempre les va bien, porque tienen una vida económica que no depende de los grancanarios. Así las cosas, los partidos políticos, reflejo siempre de los realmente poderosos que están en la trastienda, carecen de margen de maniobra. En resumidas cuentas, esto no lo arregla ni el médico chino, a no ser que fiche por la UD.

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Cien años no es nada

aaxxxxx.JPGParece que lo de que La Tierra gira sobre sí misma es verdad, porque si miramos una hemeroteca vemos que hay noticias de hace cien años que parecen actuales, o al revés. La cruzada que el ínclito Nicolás Sarkozy está perpetrando contra los gitanos rumanos en Francia suena a anacronismo. A principios del siglo XX, en Francia hubo un gran movimiento xenófobo, y hay por ahí filmaciones de los Hermanos Lumiére en las que grupos de manifestantes fanatizados enarbolan pancartas en las que se lee «Francia para los franceses» (en francés, claro).
Merodeando páginas francesas, el escándalo de corrupción actual que salpica a las cercanías de la presidencia tiene ecos del famoso proceso Dreyfus, en el que tanto se implicó el novelista Emile Zola, que acabó en el banquillo tras publicar su famoso artículo «Yo acuso» (también en francés, que es una manía que tienen los franceses). Es como si no hubiera pasado un siglo, y lo mismo que pasa en Francia ocurre en cualquier otra parte, porque parece que en cien años sólo hemos cambiado de número de móvil.

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70 años después de Trostki

Para las nuevas generaciones, seguramente el nombre de León Trotski (Liev Davídovich Bronstein) (1879-1940) no significará gran cosa, pero hay que decir que fue un personaje clave del siglo XX, uno de los pilares de la Revolución Rusa y posible sucesor natural de Lenin. Al final, la sucesión fue para Stalin, que tuvo en sus manos la posibilidad del socialismo real y la convirtió en una dictadura inmisericorde, manchada de sangre y corrupción. Nunca sabremos qué habría pasado en la Unión Soviética si el liderazgo hubiese caído en manos de Trotski, esa es una incógnita que ya no podremos despejar.
leon-trotsky[1].jpgStalin sembró el terror y fue eliminando a todos sus posibles opositores. Trotski, antes uno de los grandes líderes de la nueva Rusia, se convirtió en un perseguido. Tuvo que exiliarse y fue a parar al México legendario de Lázaro Cárdenas, aquel país que a finales de los años treinta del siglo pasado asilaba a los republicanos españoles y, cómo no, al huido Trotski y a su esposa. Pero la mano de Stalin era muy larga, y a pesar de las medidas de seguridad que el presidente mexicano había puesto en la casa que habitaba el líder ruso, Trotski fue atacado por el español Ramón Mercader, clavándole un piolet de alpinista en la cabeza.
Eso sucedió el 20 de agosto de de 1940, y Trotski murió el 21, hace ahora 70 años. Su figura y sobre todo sus últimos tiempos en México forman parte de narraciones y leyendas, pues era aquella una época legendaria, en el México de Frida Kahlo, que con su marido Diego Ribera acogió al fugitivo, mientras que otros artistas se le oponían, pues Siqueiros había intentado matar a Trotski en mayo del mismo año. El líder ruso fue un intelectual y un hombre de acción, en un tiempo en el que parecía posible cambiar el mundo. Su importancia es enorme, y las historias que alrededor de su estancia en México se cuentan (romance con Frida incluido) son material para novelas. Por eso recupero hoy su estela, por eso y porque un amigo poeta me lo recordó, y sigo preguntándome qué habría pasado si en lugar de Stalin llega a ser Trotski el sucesor de Lenin, y son libros suyos importantes Mi vida (1930), Historia de la Revolución Rusa (3 volúmenes, 1931-1933) y La revolución traicionada (1937), porque no hay que olvidar que Trotski fue un gran teórico del marxismo, y , para bien y para mal, el siglo XX no se entendería sin el marxismo y sus aplicaciones más o menos heterodoxas.