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La vieja Europa

En los últimos 50 años, Europa ha vivido la etapa más próspera de su historia, y se ha creado la idea de que siempre fue así, que las calamidades y las hambrunas sólo sucedían en otros continentes, y que en Europa sólo había dificultades cuando las potencias entraban en guerra. VIENA%20Jardines[1].jpgNo es verdad, Europa es un continente muy castigado por todo tipo de desgracias. Desde la época de los romanos, los europeos se han peleado por fronteras, religiones y etnias. Queda esa sensación de que es la cuna de la civilización occidental, pero también lo es de los genocidios y la intolerancia. Como dato, en la hoy próspera y ejemplar Austria, que fue un centro generador en muchos aspectos (político, intelectual, científico) durante los dos últimos siglos, después de la II Guerra Mundial y hasta bien entrados los años cincuenta hubo casi una hambruna, hasta el punto que muchos niños fueron evacuados a otros lugares de Europa para que comiesen tres veces al día. Inglaterra también pasó hambre por esa época, y ni en Francia ni en Alemania se vivía prosperidad. Sobra hablar del sur de Italia, de Grecia, España y Portugal, porque sabemos cómo fueron aquellos años de plomo. Europa está perdiendo una oportunidad de oro en estos momentos, y los errores que hoy se cometan (por acción u omisión) pueden traer consecuencias futuras no deseables. Así que, no creamos que Europa está vacunada contra los desastres, pero al contrario que otros países con menos recursos, tiene la ocasión de evitarlos, y para ello hace falta una generación de políticos, empresarios e intelectuales que dé la talla. Esa es la gran pregunta: ¿Los tenemos?

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Esto es África

Después de que hace medio siglo se fueran descolonizando, de grado o por la fuerza, los territorios africanos, se había mantenido un status quo bastante hipócrita sobre todo en los países riberenos del Mediterráneo-sur y los de Oriente Medio. Mientras en Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón se entonaban himnos a la democracia, esas mismas potencias, antiguas metrópolis de territorios africanos y asiáticos, protegían durísimas dictaduras, regímenes feudales y extrañas componendas que nadie tocaba. Desde Yemen a Marruecos y de Jordania y Siria a Libia, Egipto y Túnez, sólo Argelia fue capaz de enfrentarse a sangre y fuego contra su colonizadora, aunque al final ha sido lo mismo, si bien sus mentores estaban en Moscú y no en Occidente.
DSCN3493.JPGHacer una transición de la dictadura a la democracia no es fácil, ya lo vimos en España, y en países donde las diferencias sociales son tan grandes, los elementos religiosos también cuentan. Y da grima pensar que mientras se atacaba Irak porque Sadam Hussein era un dictador, se compadreaba con Mubarak, Gadafi y compañía, porque actuaban de guardianes de los yacimientos de energía que tanto necesitan en Europa y América. Finalmente, yo confío en que todo se ponga en su sitio, que será otro distinto al de ahora, pero los dirigentes occidentales siguen dando vergüenza ajena. Como dice la canción de Sakira para el Mundial, «Esto es África», pero una que de momento es un arcano porque nadie sabe qué va a pasar y las potencias de siempre ahora mismo no tienen capacidad para nada. Y menos mal, porque cuando intervienen lo único que saben hacer es usar la fuerza. Alguien hará negocio, no lo duden, porque hay quien dice que en el viaje de Cameron a Egipto la venta de armas estaba en la agenda. Pero aquí nos seguirán tratado de despistar con que si Messi o Ronaldo, La Esteban o La Campanario y los metros que hay que alejarse para echarse un cigarro sin que te multen.

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La profesora de la Unión Soviética

xmurgaa.JPGAl escuchar el discurso del Estado de la Nacionalidad del Presidente canario, me pareció volver a los chistes críticos sobre la Unión Soviética, que circulaban durante la Guerra Fría. Había libros completos que afirmaban que aquellas chanzas procedían de la URSS. Es decir, que los rusos tenían sentido del humor, negro en este caso. Uno de los más populares en los años setenta era el que contaba que un maestra rusa de Primaria glosaba a su alumnado las maravillas de aquel sistema. «En la URSS», decía la maestra, «todos los niños están escolarizados, la gente come tres veces al día, tiene vivienda y abrigo para el invierno, hay acceso a la cultura en todas sus manifestaciones, todo el mundo tiene derecho a unas relejantes vacaciones, a ser atendido en los hospitales cuando está enfermo y a vivir su ancianidad sin problemas, protegido por el Estado; y lo que es más importante, en la URSS hay libertad y no la opresión de la sociedad capitalista». Una niña de la primera fila levantó la mano y exclamó: «¡Señorita, Señorita, yo quiero irme a vivir a la Unión Soviética!» Pues eso, después de haber escuchado el discurso de Paulino Rivero, no puedo menos que gritar: «Presidente, Presidente, yo quiero irme a vivir a Canarias!»