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Arozarena ya lo comprende todo

Con Rafael Arozarena se va uno de los más grandes escritores que ha dado Canarias en el siglo XX. Este septiembre ha sido cruel en exceso con nuetra literatura, pues nos ha arrebatado también a José María Millares. He contado aquí -y me repito porque define al escritor que ahora nos deja- lo que un día Rafael Arozarena me contó: Su abuela le dijo que poner palabras en columna era ser poeta, que era el puesto más alto que podía alcanzar un ser humano. Entonces aquel niño trazó garabatos y compuso una columna. La abuela, que era poeta sin versos, le dijo que aquello era un poema, lo mandó a hacer otro y el niño se sintió poeta. Luego se hizo mayor, y llegó Fetasa, que tiene que ver con su concepto de la poesía cuando era niño, la sublimación del sentido de la pureza, que lo llevó a formar parte del grupo fetasiano, que invocaba a Fetasa no en el sentido que Tzara proclamaba a Dadá, sino como un intento de concreción imposible. Los fetasianos dijeron que Fetasa es más que Dios, es Dios al infinito, el temblor de estar ante una deidad. Se dieron cuenta de que las religiones se agrietan precisamente porque tratan de explicar a Dios. Y entendieron que eso no podía expresarse. Para Arozarena Fetasa no es nada y sigue siendo Fetasa. No es soberbia, porque la humildad suprema es decir «No lo comprendo, pero hay más». Arozarena, como Sócrates, se sabía humano y Fetasa es NO tratar de explicar lo inexplicable ni de comprender lo incomprensible. Lo más parecido a lo fetasiano es cuando fue sobrepasado por el Misterio de la Santísima Trinidad.
Rafael Arozarena pertenece a esa estirpe de escritores que lo son por el mismo hecho de la escritura. Cuando él era joven, Canarias era un desierto cultural, y los poetas y novelistas una especie de secta secreta a quien nadie hacía caso. El brillo del oropel no existía, por lo tanto se era poeta por serlo, no por esa ambición de triunfo que a veces mueve a los artistas. Aunque ya de mayor le llegaron reconocimientos y se le colocó en el estante de los grandes, durante años, la mayor parte de su vida literaria activa, Arozarena fue un escritor puro, ajeno a la gloria porque la poca que había se repartía en Madrid, a favor y en contra de la tiranía.
Fue un gran poeta, y creo que se sentía exclusivamente poeta, y su ambición literaria en prosa la plasmó en una novela tan especial como Cerveza de grano rojo, que la crítica aplaudió pero que no tuvo el tirón editorial que él esperaba de una obra en la que se había vaciado. Y es que su anterior novela, Mararía, pesaba mucho. En cierto modo él a veces refunfuñaba minusvalorando Mararía, porque su brillo era tan cegador que impedía ver otras facetas de su obra. Ya he dicho también que Rafel Arozarena tuvo en esta novela ya mítica la intuición juvenil de sugerir mucho más de lo que contaba, y ya sabemos que las sugerencias tienen efectos distintos en cada persona. La idea de belleza que nos sugiere Rafael Arozarena es tan sublime y al mismo tiempo tan diabólica, que resulta inalcanzable en la realidad aún por una mujer, aunque sea muy bella. La Mararía de Arozarena tiene una belleza tan imposible que ni siquiera puede existir en la novela, sino en la imaginación de quienes la leen. Es algo así como Fetasa. Arozarena sabía que el mito lo había superado, va más allá de la novela. Como narrador creo que ese debiera ser el objetivo de todo novelista, contar historias que lo sobrepasen.
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(El pueblo de Femés, en Lanzarote, es un elemento fundamental en el mito de Mararía, la mujer que quemó su belleza porque generaba el mal a su alrededor)
Espero que ahora sepa ya Rafael Arozarena qué es exactamente Fetasa, que entienda con su abuela la verdadera naturaleza de la poesía, lo que para Canarias significa un mito como su Mararía, que es más que una novela. El libro se puede discutir, como todos, pero no esa figura enlutada arrastrando su soledad entre las casas blancas de Femés. Los mitos son así, insondables, impredecibles, incluso monstruosos. Mararía es como Lolita, como Jane Eyre, como Madame Bovary, mujeres nacidas de la literatura que no obedecen ni a su creador. Rafael: Estoy seguro de que ahora estás en paz.
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(Este trabajo fue publicado ayer en la edición impresa de Canarias7)

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Cuidado, que el diablo anda suelto

Ya sabemos, por haberlo visto en las estampitas, que San Miguel Arcángel sostiene una espada flamígera con la que capitaneó los ejércitos celestiales que vencieron a Luzbel, que yace derrotado y sujeto a los pies del jefe de los ángeles. Pero dice la tradición, que San Miguel, cada 29 de septiembre, día de su onomástica, deja al diablo suelto durante una hora como deferencia anual con el vencido. Lo malo es que no sabemos es en qué hora exacta queda libre Lucifer, y así puede sorprendernos cuando menos lo esperemos.
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Como precaución, sería conveniente andarse con ojo durante las veinticuatro horas del día, no vaya a ser que le dé a uno por prometer subidas del IVA o por convocar una reunión urgente del G-20, que luego vaya usted a saber qué efectos se producen. Aunque lo mejor es ser precavido siempre porque en Canarias me temo que el diablo anda suelto todos los días.
Y es que el diablo está de moda incluso en las artes, como elemento simbólico de la tentación del mundo contemporáneo. Hay un diablo clásico en el teatro, el gran tentador; ahora, en el cine, como contraste con la moda de los ángeles americanos, Al Pacino, metido en el papel de Lucifer, afirma: «Dios crea la belleza y el instinto y dice: mira, pero no toques; toca, pero no disfrutes…¿no es esta la actitud de un sádico?». Lucifer fue antes Luzbel, y para los especialistas no es lo mismo el demonio que Satanás o Belcebú; hay matices, y cada uno de nosotros es ángel y demonio a un tiempo, aunque el porcentaje no se distribuye siempre igual. Pero donde verdaderamente está de moda el diablo cada 29 de septiembre es en Tijarafe, San Migel Abona o Valsequillo. Es decir, la noche el Perro Maldito de los infiernos es tradición y fiesta popular. Así que, toca divertirse, que tiempo habrá para hablar de teología.
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(Aunque los contenidos suelen ser parecidos, tranquilos, la ilustración no es una reunión del G-20, se trata de un aquelarre. Es de Goya… Sí, hombre, Goya, el paparazzi que sacó desnuda a la Duquesa de Alba).

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Las memorias engañosas

En Francia y en los países anglosajones es habitual desde hace siglos que los grandes personajes escriban sus memorias. Eso no ha ocurrido en España, aunque algunos personajes históricos, sobre todo desde La Ilustración, han dejado textos escritos, que no son propiamente memorias, pero que seguramente dicen más sobre ellos que si se hubieran propuesto contar su vida. Los memorialistas clásicos extranjeros ni siquiera se tomaban la molestia de adornar sus memorias con títulos sonoros, como el Confieso que he vivido de Pablo Neruda; simplemente suelen titularlas Memorias de… o Autobiografía de… El más sencillo fue Giacomo Casanova que se tomó el «atrevimiento» de llamar a sus memorias nada más y nada menos que Historia de mi vida. Ahí es nada.
zv6.JPGSiempre he pensado que la memoria es una facultad engañosa, que puede ser admirable cuando se trata de recordar fórmulas matemáticas o hechos históricos fechados hace milenios. Me refiero a esa memoria que se ejerce deliberadamente, cuando uno decide almacenar un nuevo conocimiento, que en las personas memoriosas se vuelve inalterable por mucho tiempo que pase. Es la memoria del estudiante, la que se pone a prueba en los concursos de televisión, la memoria colectiva que está en los documentos y que puede llegar a ser dominio de todos.
La memoria de la que no acabo de fiarme es la personal, esa que debe registrar sin decisión previa las cosas que nos van ocurriendo, y que finalmente es nuestra identidad. Como dice el filósofo Emilio Lledó, somos nuestra memoria, porque si un día dejamos de recordar nuestro nombre, nuestros afectos y nuestro pasado dejamos de ser lo que somos. De nada vale que podamos recordar la fecha de la batalla de las Navas de Tolosa o la fórmula del volumen del tronco de cono. Tal vez esa memoria sea más selectiva que ninguna otra, y encima se almacena desde una opinión concreta, a favor o en contra, asunto en el intervienen la ideología personal o el manejo de datos que tengamos, pues, si sabemos unas cosas e ignoramos otras, es más que probable que la opinión final sea diferente.
Venía a decir el escritor chileno José Donoso que la memoria más fiable de los novelistas es aquella que se apega inconscientemente a sus novelas, en las que se desnudan detrás de la máscara que son sus personajes, porque cada uno de ellos forma parte del propio autor en el aserto flaubertiano de «Madame Bovary c’est moi». Según Donoso, cuando el novelista prescinde de la ficción y trata de contar sus recuerdos desde una voluntad de ser veraz, su inconsciente se enroca y maquilla cada una de sus actuaciones, de manera que finalmente resulta un relato escrito desde el estado psíquico y vital en que escribe; es decir, se puede escribir desde la culpabilidad, el miedo, la prepotencia, la ira, el victimismo, la pereza mental, el odio o la venganza.
De ese modo, cada uno de nuestros actos en el relato irá encaminado a construir un personaje que deba parecerse a la idea que cada uno de nosotros tiene de sí mismo, y que probablemente no refleje con exactitud nuestra verdadera personalidad. Somos capaces de falsear datos sin que nos demos cuenta, porque el tiempo pone sobre los recuerdos sucesivas capas de barniz que a menudo vuelven irreconocible lo que tratamos de que sea la verdad. Raramente se escribe sobre la propia vida desde el amor, porque unas memorias se parecen mucho a un ajuste de cuentas.
zDSCN2408.JPGPor otra parte, García Márquez dice en el pórtico de su primer tomo de memorias Vivir para contarla que «la vida no es como la vivimos, sino como la recordamos», lo cual está muy bien desde el punto de un novelista, pero confundir la vida con la memoria es una manipulación. Pero está bien, porque la literatura es simplemente una manipulación de la realidad para crear otra realidad. Y las memorias debieran ser rigurosas, pero nuestro propio cerebro no lo permite.
Hay por ahí un estudio (debe ser de una universidad americana, para variar) en el que se dice que la vida no es un sucesión de hechos, sino una acumulación de momentos, que son los que recordamos. Creo que han descubierto la pólvora, pero es cierto que hay momentos que se nos quedan para siempre y hay días, incluso semanas, en los que no nos ocurre nada digno de resaltar, y según ese estudio es como si no hubiésemos vivido.
En España no ha habido tradición de memorias, porque nos habría gustado conocer de primera mano las impresiones de personajes importantes, que, salvo excepciones, como Nicolás Estévanez o Ramón y Cajal, no han dejado por escrito. Ahora sí que salen libros, pero son más que nada ajustes de cuentas y justificaciones de los propios actos, si son políticos los que escriben. Cuando son artistas suelen derivar en contenidos rosa, aunque siempre se salvan algunas, como las de Fernando Fernán Gómez.
zzSCN2254.JPGLo que es terrible es que nos inunden de memorias estúpidas de personajillos que nada tienen que contar, o de algunas personas venidas a más en la escala social, que han pasado por todas las piedras habidas y por haber y ahora quieren reescribir su historia. Lo que es tremendo es que hayan escrito sus memorias ídolos de masas con sólo 25 años, como hizo Raúl, el jugador del Real Madrid. Todavía no se ha retirado y hace media docena de años que publicó sus memorias. Esto es impresentable, y lo terrible es que fue un éxito editorial, aunque ya nadie recuerda siquiera el título. Ojalá se escriban buenas memorias como en los países anglosajones, aunque también por allá ha empezado el choteo del mundo rosa.
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(Este trabajo fue publicado en el suplemento Pleamar de la edición impresa de Canarias7 el día 23 de este mes)