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Las ironías de la publicidad


Dicen los entendidos que cuando no entendamos un anuncio es que no va dirigido a personas de nuestro perfil. Seguro que es así, porque no tendría sentido que los anunciantes se gastasen un pastizal en un anuncio que no entiende nadie. Es decir, hay un estudio previo para el sector del mercado al que se quiere llegar.
Narciso.JPGSin embargo, hay campañas que me resultan chocantes, aunque seguramente también son muy efectivas, pero lo que nadie puede negarme es que son hipócritas. A veces chirría que un cantante multimillonario, un tenista montado en el dólar o una actriz que cobra cifras imposibles nos hablen de solidaridad con los más necesitados, pero la campaña que más me desconcierta es la que hace la selección española de fútbol para ahorrar energía. Vamos a ver: son estrellas de deporte que cada semana hacen cientos o miles de kilómetros en aviones, autobuses o trenes rápidos que consumen muchísima energía; juegan de noche en estadios profusamente iluminados con millones de watios de luz; exhiben automóviles de gran cilindrada, y se van de vacaciones a lugares muy lejanos o pasean en yates de muchos caballos. Podrían recomendarnos cualquier cosa, pero servir de ejemplo en el ahorro de energía suena a chiste.

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El gran debate nacional

Siempre nos habían dicho que los dirigentes solían poner cortinas de humo delante de los ciudadanos, para que se entretuvieran en lo accesorio y no dieran la tabarra con lo importante. Decían los rojetes que el fútbol era el opio del pueblo en tiempos del franquismo, pero 35 años después está más presente que nunca: Liga, Copa, Champion y Eurocopa a todas horas. 1110000.JPGEl fútbol fue una vergüenza intelectual hasta que se supo que Serrat y Vázquez-Montalbán eran culés y Joaquín Sabina un sufridor del Atlético de Madrid. Por lo tanto, el fútbol por lo visto ya no sirve, porque seguramente será considerado asunto vital, y hay que poner otros temas para distraer. Llevamos más de dos meses debatiendo en los medios, las cafeterías y la calle la nueva Ley del Tabaco, y cuando empieza a agotarse la alegría de unos y el cabreo de otros, nos dicen que hay que bajar la velocidad a 110 en las autovías y autopistas; nuevo gran debate, que inmediatamente es aderezado con otra medida, la de reducir al 50% el gasto en alumbrado en estas vías. Con esto el personal puede ir moliendo una temporadita, hasta que se les ocurra otra gran medida-estrella. Mientras tanto, las cajas de ahorro que son de todos acabarán siendo de unos pocos, y en la Sanidad pública seguirán recetando aspirinas contra el resfriado aunque luego se lo gasten doblado en neumonías y subirán la gasolina con la disculpa de lo de Libia, que aporta un irrelevante 3% de petróleo a la UE. Pero, oiga, lo de los 110 kilómetros por hora sí que es un debate digno de Voltaire.

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¡Qué falta de sensibilidad!

Lo ocurrido con la propuesta de dar el nombre de José Vélez al Palacio de la Cultura de Telde es una muestra más de la falta de sensibilidad del consistorio. Utilizan el nombre de un artista para sus fines políticos, sin tener el menor cuidado en el daño que eso puede hacer a la imagen pública y a su propia autoestima, porque todo el mundo tiene su corazoncito. general[1].jpgEs sabido que la mayor parte de los acuerdos políticos se hacen antes de llegar a las sesiones oficiales, que es donde se escenifican. Que un ayuntamiento dé a una calle, una plaza o un edificio el nombre de alguien destacado es normal, pero cuando esa persona está viva no se puede estar jugando. La escena oficial ha de ser que se aprueba, y eso hay que saberlo antes. Cuando no hay acuerdo previo, no se lleva al pleno, porque resulta humillante para la persona homenajeada, para la gente que la quiere y para sus seguidores. Si hubo acuerdo anterior y alguien se rajó, malo; y si lo que sucede es que una fuerza política no tiene la seguridad del acuerdo y sigue adelante, peor. Pero claro, hay que sacar réditos políticos. No se puede humillar públicamente a un artista; si, en su derecho, este ahora se negara a que dieran su nombre a un edificio dirían que es un desagradecido. Yo lo entendería, es humano y han jugado con él. Aunque ahora digan salmos en latín, jugar políticamente con el nombre de José Vélez es una tremenda falta de sensibilidad cultural, política y humana.