Éramos pocos y…
Como éramos pocos, parió Miguel Bosé. Yo no sé qué tienen en la cabeza estos estrellones de no sé qué, pero hacen comunicados sobre sus cosas, supongo que porque hay gente a la que le interesa la vida de los demás. Me encantan Al Pacino, Paul Auter, Céline Dion o Eduardo Arroyo, pero me importa un comino su vida personal, sobre todo cuando nada añade a su carrera artística o literaria. Dicen que es importante conocer la vida de los escritores, pintores o cineastas para alcanzar a entender los procesos de su obra. La verdad es que no lo creo, es puro cotilleo, porque poco sabemos de Sófocles, Fidias o el Padre Soler, pero sus tragedias, sus esculturas y su música atraviesan el tiempo. Que ahora nos salga Miguel Bosé con que es padre de dos hijos (supongo que mellizos) no le quita ni le pone absolutamente nada a su trayectoria artística, que consiste en un par de canciones interesantes y mucha morralla, además de ser un intocable por ser hijo de torero y actriz. Habla a los medios como si nos estuviera perdonando la vida a todos, y no es más que un mimado de la promoción y de los clanes que controlan la cultura. Y dicen que es actor; ¿se acuerdan de alguno de sus papeles memorables? Tiene dos hijos, enhorabuena, sigue las miguitas de Ricky Martin para así tener más presencia mediática y vender más entradas en sus conciertos (los discos ya se venden poco). Pues nada, que sea enhorabuena, y así que pasen veinte años tendremos otros dos Bosé viviendo del bote.
En este país, en el que buena parte de la población dice que el Estado debe ser laico, la Semana Santa es una de las vacaciones clásicas. No he visto que haya movimientos para suprimir estas fiestas en el calendario laboral, y resulta contradictorio puesto que tanto estas vacaciones como la Navidad y las fiestas de los santos patronos y la mil vírgenes que pueblan España son las que rigen no sólo el calendario laboral, sino la guía de las tradiciones de muchas comunidades. Aparte de la significación religiosa que puedan tener para los creyentes, estas fiestas, como otras muchas, son el referente de asuntos culturales y artísticos (es inmenso el arte que hay en las iglesias) y de tradiciones seculares que han ido conformando unas sociedades europeas en las que sin duda el cristianismo es una de sus columnas culturales. También es cierto, que con motivo de esta o aquella festividad, hay costumbres que podríamos ir desterrando, porque por mucha tradición que haya es una salvajada martirizar un toro en una vega de Valladolid, realizar encierros y espectáculos con toros en los que suele haber accidentes mortales o lanzar cabras desde los campanarios. La religión es una cosa, la tradición otra y la cultura otra, aunque, como ocurre en Semana Santa, se dan la mano.