Políticos, vacaciones y recortes
El viejo adagio popular dice que «En tiempos de guerra, no se oye misa», tratando de explicar que cuando hay que estar con los cincos sentidos en algo no hay tiempo de hacer otra cosa, que aunque sea importante lo es menos que lo principal. Y de alguna manera esta frase podría aplicarse a la actualidad, porque no está el horno para andarse con tonterías, y estoy esperando a ver qué vacaciones van a tomarse los políticos que ahora están llegando a ayuntamientos, cabildos e instituciones autonómicas. Entiendo que todo el que trabaja tiene derecho a un descanso reparador, pero cuando en la guerra se da permiso a un soldado siempre hay otro que ocupa su lugar en la trinchera. Es decir, lógico y humano es que los políticos tengan un período de descanso -es necesario para recuperar y volver con más brío- pero no que cierren las instituciones, porque chirría en las meninges que en verano cierre el Parlamento y que los distintos gobiernos no estén en pleno funcionamiento, cuando hay problemas urgentísimos que no pueden esperar a otoño. Para eso están los tenientes de alcalde, vicepresidentes y vice lo que sea, para que las instituciones sigan funcionando, y más ahora que hay temporal. Y es que los políticos -no todos, digamos que algunos-, sean del partido que sean, deben pensar que se merecen su cargo y que están ungidos por una gracia sobrenatural que los convierte en seres alados; cuando creía que algo había cambiado, veo informaciones en las que se refiere que un alcalde catalán se sube el salario el 32% y otro andaluz ha decidido tomarse un descanso de dos meses y no piensa dar clavo hasta septiembre. Los dos son del PSOE, pero tienen apoyos de otros partidos, y en cuanto al PP, resulta que el proclamado recorte de cargos e instituciones que María Dolores de Cospedal va a hacer en Castilla-La Mancha para controlar el gasto supone el 0,11% del presupuesto. Parece un chiste, pero así se las gastan los políticos a quienes por lo visto debemos estar muy agradecidos por dignarse a ser contemporáneos nuestros. Sin encima nos escucharan sería la leche.
Pero si los eclipses de Luna son curiosos, los totales de Sol son tremendos. Cuando digo eclipse total es total, y el último que de esas características hemos visto en el centro de la diana en Canarias sucedió el 2 de octubre de 1959. A las 11:45 de la mañana de un día luminoso, oscureció totalmente; se veían las estrellas y las aves buscaron su palo para dormir. La ignorancia de lo que estaba sucediendo hizo que muchas personas fuesen presa del pánico, mientras gritaban que era el fin del mundo que se había adelantado, ya que por entonces estaba anunciado para 1960, tres meses después, que era cuando decían que iba a ser abierta la tercera carta de Fátima. Mientras tanto, los niños en la escuela no se asustaron, porque los profesores los habían preparado, y lo observaron con cristales ahumados. Luego hubo otro eclipse total de Sol el 30 de junio de 1973, y se anunció a bombo y platillo porque el avión Concorde repleto de científicos y periodistas salía de Gando para seguir la ruta del eclipse y observarlo por más tiempo. Pero no se hizo de noche, fue como un día nublado, y hasta circulaba el chiste de que al día siguiente iban a repetir el eclipse porque no había salido muy bien. Pues lo mismo ha ocurrido con el de Luna, porque las nubes no lo han dejado ver en Las Palmas. Seguramente será culpa de Zapatero, y no me extrañaría que el PP pida que lo repitan.