Solo en una isla desierta: esta
Aunque no nos han explicado debidamente en qué consiste ser capital cultural europea, debo suponer que es algo bueno para la ciudad. Y desde aquí animo a que se haga el último esfuerzo mañana en Madrid, si es que hay que hacer alguno, que tampoco lo sé, porque en un proceso que lleva tanto tiempo es de suponer que el jurado tendrá a estas alturas datos suficientes, y un criterio formado después de haber visitado repetidamente las ciudades candidatas. Si Las Palmas sale elegida -que espero y deseo que sí- aplaudiré como un loco; pero lo haré en soledad, en una isla desierta para mí solo. Lo digo porque me he encontrado a muchas personas que mañana «no van a estar», porque afirman que tienen que estar en Madrid «con lo de la candidatura»; y he sabido que a amigos míos les pasa lo mismo. Así que, en consecuencia, mañana va a estar todo el mundo en Madrid, menos yo, porque por mis cuentas deben haber viajado varios centenares de personas; por supuesto, todas indispensables. Si esto es verdad, me pregunto para qué tanta gente, y si no lo es puede estar ocurriendo con la candidatura europea lo mismo que con la fiesta de la onomástica del Rey celebrada hace años en el Club Náutico, cuando eran legión las personas que aseguraban haber sido invitadas, pero que declinaron la invitación. O peor, se escondieron en su casa sin coger el teléfono para que no las vieran en otra parte a la hora de la recepción. Es más, me consta que hubo incluso quien se hizo acompañar a comprar un vestido para una fiesta a la que sabía que no iba a asistir, pero como se decía que quien no estuviese invitado «no era nadie», se guardaron las apariencias para mantener el pedigree en su círculo. Pues algo así debe estar sucediendo ahora, porque no creo que un tumulto de personas vaya a influir en el fallo del jurado.
Ahora hay cambios políticos en las instituciones canarias y la gente de la cultura otea el horizonte como los centrocampistas de Matías Prat a ver qué se divisa a lo lejos. Nada. Hace treinta años que estamos pendientes de que se realice el despegue de eso que llaman cultura canaria, se han realizado congresos, encuentros y septenios y siempre el propósito no pasa de ser proyecto. Lo que enrama uno lo desenrama el otro, y la gente pone el grito en el cielo cuando se habla de sacar dinero público para apoyar a la cultura. Siempre es una miseria cuando se trata de hacer cosas productivas, y cuando hay dinero grande se gasta (malgasta) en grandes fastos o pagando cachés copiosos a los que vienen de fuera. No hay dinero para apoyar la música popular y aparecen grandes cifras para que actúen Sting, Alejandro Sanz o Shakira. La capitalidad cultural se apoya con novelistas extremeños, poetas catalanes y ni siquiera se acuerdan de utilizar la memoria de Galdós (para uno grande reconocido que tenemos…) Tampoco hay problema cuando se apoya el deporte o cualquier otra actividad, se mete dinero público y todo el mundo aplaude. No hay un Instituto Canario del Libro, una editora-distribuidora potente, una compañía profesional de teatro o de danza… Dicen que cuesta mucho dinero y luego se gastan más en burradas que ni siquiera tienen reflejo exterior. No es la costumbre de la queja, es la legitimidad de la crítica, porque no se entiende que una sociedad que quiere tener personalidad propia menosprecie lo único que se la puede dar: la cultura, que es mucho más que romerías. Por eso lo critico.