La terrible conspiración del 15-M
Detrás del 15-M hay una gran conspiración y hasta tiene soporte económico. Eso es lo que ha dicho con todas las letras la delegada del Gobierno en Madrid, y Esperanza Aguirre si no ha manifestado algo parecido debe ser que se lo he oído decir en mis pesadillas. Y, amigos y amigas, puedo decir que es cierto, tengo datos. Hay soporte económico, me lo dijo anoche un amigo de la mili que vive en Vallecas, y me contó que le llevó a la Puerta del Sol unos bocadillos y unas cervezas a un sobrino suyo, para que no pasara hambre si decidía acampar. Como es su padrino, le llevó bocadillos de jamón pata negra, y cerveza alemana, en una neverita de playa. Mi amigo se gastó una pasta, me dijo que unos 40 euros, un dineral de apoyo a la causa. Por otra parte, sin duda está detrás una sociedad secreta, que pertenece al rito maltés, que son muy rumbosos, en contraposición de los del rito escocés, que son muy tacaños. Esta sociedad practica una ideología que viene de la época de los sumerios, y que consiste en oponerse a la guerra, ayudar a los desempleados, acoger a los inmigrantes y otras actividades subversivas. Es el fin del Estado, hablan de conceptos como solidaridad, justicia y humanidad. Un desatre. Así que, mucho cuidado con el 15-M, porque unos cuantos muchachos y muchachas acampados en una plaza pueden generar el Armagedón, se puede abrir el séptimo sello del Apocalipsis, y hasta puede que hagan una tortilla de papas con una campingás (si tienen neveras de playa puede ser alta traición, y ya tortilla con jamón es la leche). No cabe duda, es una conspiración, pero no judeomasónica, son peores, tratan de salvar el planeta para las próximas generaciones, una plaga terrible, contando mentiras sobre el calentamiento global, la desertización y la contaminación nuclear con los vertidos de la central de Fukushima. Le he dicho a mi amigo que se ande con ojo, porque como lo pillen llevando un bocadillo a la Puerta del Sol le pueden aplicar la Ley antiterrorista por colaboracionismo. Lo tenía por gente de orden, y ahora resulta que financia a miembros de la sociedad secreta de la tortilla de papas. No acaba uno de conocer a la gente.
No cabe duda de que la actuación de Bruce Springsteen esta noche quedará fichada en los anales de Canarias en la misma medida que la de hace unos años Michael Jackson en Tenerife o alguno de los irrepetibles de la música clásica que han pasado por aquí. Siempre digo (lo digo tanto que hasta de eso me salió una novela) que Canarias es un lugar en el que los que verdaderamente dejan huella son los transeúntes. Nacer, vivir y morir aquí no se valora, y también he dicho que para que reconozcan a alguien aquí hay que vivir media vida -o más- fuera (Chirino), o venirse a Canarias cuando ya se tiene medio vivida (Gelu Barbu). Es lo que tiene ser isleños, aunque todavía no entiendo esa fascinación por los transeúntes en esta tierra; eso se deja para lugares perdidos por donde no pasa nadie, y si alguien llega una vez se monta la fiesta eterna, como les pasa en las islas Galápagos con Darwin. Pero es que por aquí han pasado centenares de figuras que están en letras muy grandes en la memoria del planeta, desde el primer descubridor Cristóbal Colón hasta el más reciente y afamado, el astronauta Neil Armstrong. Pero aquí seguimos, fascinados porque llega el «El Boss». Por otra parte, hay que decir que aunque suelen venir a actuar grandes figuras del espectáculo, también es verdad que de las gigantescas muy pocas, y desde luego Springsteen lo es, porque, salvo el mencionado Michael Jackson, no llegan hasta aquí con frecuencia Madonnas y Sinatras. Por eso tal vez hoy haya que hacer una excepción y considerar que la actuación en vivo del «Boss» será para contarla a las generaciones futuras.
Era tan perfecto que hasta se equivocaba; estuvo en muchas batallas (en todas) y siempre defendió con honestidad lo de todos, aunque a veces esa coherencia se le volviese en contra por las curvas de ese laberinto que se genera en la confluencia de la política con el Derecho Administrativo y el Derecho Penal. Aurelio Ayala es un claro ejemplo de lo que dicen los peruanos de su país: «Si Kafka hubiera nacido aquí sería costumbrista».