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El Presidente de vacaciones

Mi amigo Quintín Silva ha vuelto a escaparse de mi novela El As de espadas y me envía estas dos décimas:
Nuestro señor Presidente zzzxf678100022.JPG
con su talante galaico
ha dibujado el mosaico
y se larga con su gente.
En Doñana, el muy valiente
hará una cura de sémola
se colgará de una pérgola
y a esperar que todo amaine,
bien sea el motín del Caine
o la enfermedad del ébola.
Parece que no ha aprendido
que nunca las soluciones
llueven como los millones
de un sistema corrompido.
De vacaciones se ha ido
y no cambian los extremos
porque tratan de blasfemos
a los que bilis no tragan,
y las luces se le apagan
cuando le dicen «Podemos».

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El ébola da la medida de lo que somos

No estoy soprendido, porque por desgracia vemos cada día el cinismo de los poderosos. Con la crisis de la epidemia de ébola en varios países de Africa Occidental ha vuelto a suceder. Sería casi hipócrita echarse las manos a la cabeza, porque no es nuevo. Pero sí da mucha tristeza. Los medios de comunicación, los gobiernos y hasta las organizaciones internacionales como la ONU y la OMS han puesto a funcionar rápidamente sus protocolos. zzzzFuerttttt.JPG¿Para actuar en ayuda de los países que sufren ese azote? No. En las reuniones de emergencia se toman decisiones sobre el control de los aeropuertos y las mercancías, el rescate de ciudadanos de los países desarrollados o incluso se habla del cierre de las fronteras de Sierra Leona. La repatriación de dos misioneros españoles se ha convertdio en la noticia-espectáculo del día, con un lujazo de detalles sobre el hospital madrileño en el que los cuidarán, entrevistas con familiares y reportajes sobre la transformación del avión en un recinto aislado. Todo muy bien y por supuesto muy necesario, pero ni una sola palabra de qué se va a hacer con los miles de ciudadanos de estos países africanos que mueren como moscas. El propio misionero español decía por teléfono que en Liberia estaba desatendido y prácticamente condenado a muerte. Se me ocurre que los grandes estados, con una ínfima parte de los millones que se gastan en bombardear, sitiar y saquear países muy lejanos, podrían montar un dispositivo de emergencia para dar a estas personas los mismos cuidados que van a recibir los evacuados a España y Estados Unidos. Ya han rebasado la frontera de la hipocresía y están claramente en territorio del cinismo, y parecen gritar: «vamos a salvar a los nuestros y los africanos que se las entiendan con el ébola». O sea una condena a muerte casi segura.

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El día más grande

zzodkfhgfnvuu.JPGLa exageración es la norma de nuestro tiempo, y cada día somos víctimas de ella, porque hoy casi todo es publicidad. Nos hemos acostumbrado a convivir con ella, y eso nos está impidiendo separar la paja del grano, porque cuando nos anuncian algo extraordinario lo tomamos con el mismo escepticismo tanto si lo es verdaderamente o si se trata de un enganche publicitario más. Cada día nos anuncian el proyecto más importante de la década, el partido del siglo, el ciclista más grande de la Historia o la película que marca una época; y al día siguiente aparece otro proyecto, otro partido, otro ciclista y otra película, que lava más blanco, tiene menos calorías y es insuperable. Acabarán vendiéndonos plomo ligero o hielo caliente. Yo sólo sé con seguridad que hoy es el día más importante de toda la Historia de la Humanidad. Estamos vivos y de momento siguen fabricando cerveza.