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Eli Wallach, de Elia Kazan a Oliver Stone

Hoy han muerto dos grandes figuras; una es sin duda Ana María Matute, de la que hablaré más adelante, otra, Eli Wallach a los 98 años, un actor de los más grandes de la historia del cine. Sí, de los más grandes, aunque nunca interpretase un protagonista; ya sé que no tenía los ojos de Paul Newman, la garra de Marlon Brando, la elegancia de Cary Grant, la dureza de Steve McQueen o la distancia de Robert Mitchum, pero tenía un talento especial para construir personajes imprescindibles en las grandes películas que todos recordamos, como Walter Huston, Walter Brennan o Judith Anderson, la impenetrable ama de llaves de Rebeca. Sin ellos, las películas habrían sido muy distintas, eran como el pegamento que lo unía todo, las columnas casi ocultas en las que se sostenían las obras maestras. Debutó en el cine en 1956, después de haber pasado por el Actos’Studio y por las tablas de Broadway, de la mano del gran Elia Kazan en Baby Doll, haciendo el primer secundario de su larga carrera de 54 años delante de las cámaras. Cerró su presencia en el cine en 2010, en Wall Street, el dinero nunca duerme, de Oliver Stone. Dos directores que son alfa y omega de una carrera en la que trabajó con todos los grandes y en muchas de las películas inolvidables que forman parte de nuestras vidas.
zzzeliwalach.JPGFue la sombra indispensable de los nombres más rutilantes y prestigiosos de más de cinco décadas, desde Clark Gable y Audrey Hepburn a Michael Douglas y Diane Keaton. Cuando empezó decían que tenía un aire con Errol Flynn, pero él luego se distanció de esas pretensiones de galán y, todo sea dicho, el fisico se le fue volviendo ideal para papeles de bandido, mafioso, pistolero y a veces hasta hacía de venerable anciano en las más recientes comedias de Hollywood. Tenía instinto para entrar en los repartos de cintas que son historia grande del cine. Como muestra, piensen que sin Elli Wallach serían distintas películas como Vidas rebeldes, La conquista del Oeste, Lord Jim, Gengis Khan, Los siete magníficos, Mistic River, El escritor, El Padrino III, El Oro de Mckenna, Cómo robar un millón y… Elli Wallach, cine en estado puro.

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Uccellacci e uccellini (papanatas-papanatas)

zzzz ucelini.JPGDicen que todo aquel que escribe un folio con pretensiones literarias lo que en realidad pretende aunque sea remotamente es el Nobel, y aquellos que se dedican al cine en cualquiera de sus modalidades lo que persiguen es que les den un Oscar. Eso de escribir o hacer cine porque sí es una chorrada, a juzgar por los comportamientos. Hay una legión de escritores que se sienten minusvalorados, y lo están colectivamente, porque el eso de la periferia y la aldea global ha quedado en lo que los más viejos esperaban: nada; y aquí cultura es arrastre de bueyes. Finalmente, muchos son los llamados y pocos lo que consiguen una cierta visibilidad, y es humano que quieran que se les lea fuera, se les traduzca, ser académicos, ganar el Príncipe de Asturias y el Cervantes, y, por qué no, el Nobel (claro que eso depende si el nivel está ese año en Echegaray o en Faulkner). ¿La gente de cine quiere hacer una buena película o ganar un Oscar? Cuando ya los reconocen en España, van por el mercado europeo, y luego el norteamericano. Paco Rabal, Berlanga o Concha Velasco no son nada porque no han salido en la portada del Vanity Fair americano, los grandes son Antonio Banderas, Penélope Cruz y Javier Bardem porque cuentan en Hollywood, y, claro, Buñuel, no porque fuese bueno, sino porque una vez le dieron un Oscar. Como bien dijo Pasolini en 1966, Uccellacci e uccellini, que en esperanto bengalí quiere decir papanatas-papanatas.

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Miradas de cine


Ahora que empiezan todos los premio cinematográficos, no me resisto a volver a rememorar las miradas desde la pantalla. Mujeres que saben mirar:

El cine es para mirar, pero hay otra mirada que es la que procede de la pantalla, y que transmite a veces mucho más que las palabras. Para mí, nadie ha expresado más con una sola mirada que Jack Lemmon en la escena de Missing, cuando le comunican sin que se oiga que su hijo ha muerto. En realidad, creo que Lemmon es probablemente el mejor actor que dado el cine en toda su historia, aunque no sea un mito como Brando y otros tantos.
En los años treinta y cuarenta del siglo pasado, se llevaban los galanes duros con mirada triste, que van desde el demoledor Gary Cooper hasta el impasible Robert Mitchum, aunque también los había menos duros aunque igual de tristes, como Cary Grant o James Stewart. Luego llegó el método, pero a pesar de ello el cine logró algunas miradas tan limpias como la de Paul Newman… Y ahí creo que se llegó al tope.

pic[2].jpgPero, desde mi mirada masculina, son las miradas femeninas las que más me han llegado, y para mí el erotismo está en los ojos, en la forma de mirar, mucho más que en cuerpos sensuales que a veces no saben moverse, que rompen la sensualidad y convierten en zafia una escena magnífica.
Cómo olvidar la mirada de Ava Gardner, que siempre era triste aunque sonriera; la de Claudia Cardinale que siempre era alegre aunque llorase; la de Jane Fonda, mostrando inseguridad desde la pretendida fuerza; la de Greta Garbo, indefinible y lánguida; la de Ingrid Bergman, que es para mí la equivalente en mujer a Jack Lemmon, tremenda, inalcanzable, superior; la de Grace Kelly, aristocrática y distante; La insinuante y destructiva de Marlenne Dietricht; la de Irene Jacob cuando es moldeada por el talento de un sabio como Kieslowski; la Marylin Monroe, tan inocente, tan atormentada mientras aparentaba intranscendencia; la de Sofía Loren, llena de rabia y dulzura a la vez…
No, claro que no, ¿cómo iba a dejar atrás la mirada infinita de Julie Christie interpretando a Lara en Doctor Zhivago?
Eso es el cine, porque un actor que no sabe mirar debería dedicarse a otra cosa. Y a todas estas y a pesar de la envidiosa rabieta nacional porque le han dado un Oscar, creo que Penélope Cruz está empezando a aprender a mirar.
Sé que faltan miradas inolvidables por su ternura, su dureza, du singularidad: Klaus Kinski, Silvana Mangano, Orson Welles, Alida Walli, Humphrey Bogart…
Vaaaleeee, Audrey Hepburn