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Madeira, la isla del vértigo

Siempre que hablamos de Madeira, mencionamos sus costas escarpadas, sus sinuosas carreteras colgadas de los abismales barrancos de la isla, de su arriesgado aeropuerto que se nombra entre el chiste y el miedo. Pero Madeira es mucho más para los canarios, forma parte de un espacio y una historia común, una isla que también fue paso hacia Canarias, y que nos envió los míticos carpinteros de ribera que tanta fama dieron a los astilleros de Gran Canaria, como taller necesario en los viajes hacia América durante siglos. También usamos muchas de sus palabras y, en fin, creo que el archipiélago de Madeira, con sus cinco islas habitadas, es nuestro gemelo del Norte, mucho más afín a nosotros que las Islas de Cabo Verde y Azores, que juntos conforman la Macaronesia (a mitad de camino están las islas Salvajes, deshabitadas, pero también parte del conjunto).
zmadeira.JPGY esta Madeira hermana es hoy una tierra dolorida por la desgracia, pues también la azotan los mismos temporales que a nosotros. Su orografía es poco aconsejable para quienes tengan vértigo, porque sus acantilados, sus abismos y sus pendientes ponen a prueba el equilibrio de cualquiera. Y esa inclinada orografía es la que, combinada con la lluvia y el viento, es la que ha causado el terrible desastre de ayer. De calles muy inclinadas bajo la lluvia sabe mucho Santa Cruz de Tenerife, y Funchal, la capital de Madeira, ha sido arrasada por uno de nuestros demonios necesarios: las borrascas del suroeste, que son las que llenan las presas y a la vez causan mucho daño. Desde este sur cercano a Madeira, solidaridad con nuestro gemelo archipiélago del Norte.

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Perder el tren

Dicen que para que el cerebro no envejezca hay que estar al día, no perder ningún tren. Pero son muchos los trenes que pasan y al final acabamos perdiendo algunos, seguramente los que consideramos de menor importancia. Un escritor está al loro de lo que se escribe, un pintor de lo que se pinta y la gente en general está al día en lo que le gusta. Y eso es importante, porque finalmente tienes que ser selectivo para no perder los trenes que realmente son importantes.
zpinkc.JPGRecuerdo haber hablado con el insigne médico y pintor don José Gómez Bosch, cuando contaba 102 años, y seguía pintando con un pulso envidiable. Me asombró que estuviera interesado en la última versión de Windows, porque a su edad había entrado en el mundo de la informática. Eso es admirable. Pero hay trenes de menor calado que uno pierde casi a conciencia. En los años sesenta yo estaba al día de cantantes y canciones, y entrando en los ochenta seguí la pista de muchos, pero llegó un momento en que me perdí. Es evidente que figurones como Sting en la música extranjera o Amaral en la española también son mis músicas, pero me pierdo entre tanto nombre de cantantes y grupos, y es casi como que no quiero saber. Y me sorprendo cuando nombran a una cantante de mucho éxito, que ha conseguido no sé cuántos premios y vendido millones de discos, y yo la percibo por primera vez. Está claro, he perdido ese tren a conciencia, porque me interesa subirme a otros, y como dijo aquel conocido político canario aficionado a la música: «Respecto a la música moderna, yo me quedé en Pinck Floyd»

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No aprendemos ni en siglos ni en milenios

zJefferson.jpgDos citas históricas circulan estos días por Internet como la pólvora, pero por si alguien aún no se topado con ellas, las reflejo aquí. Una proviene del muy conocido párrafo de la carta que el presidente norteamericano Thomas Jefferson envió en 1802 a su Secretario del Tesoro:
«Pienso que las entidades bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que todos los ejércitos listos para el combate. Si el pueblo estadounidense permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos privados, y todas las entidades que florecerán en torno a ellos, privarán a los ciudadanos de lo que les pertenece, primero con la inflación y más tarde con la recesión, hasta que sus hijos se despierten, sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron.»
zCicero[1].jpgPor si esto fuera poco, un amigo me recordó hace unos días uno de los pasajes oratorios de Marco Tulio Cicerón, datado hacia el año 55 a. de C.
«El presupuesto debe ser equilibrado, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la asistencia a los países foráneos debe ser cercenada para que Roma (*) no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa de la asistencia del Estado».
Hombre, yo cambiaría lo de ayudar a países pobres por no participar en costosas guerras inútiles. Por lo demás, no parece que estos textos hayan sido escritos hace doscientos o dos mil años respectivamente.
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(*) En lugar de Roma, que era el estado de Cicerón, podríamos poner España.