Malos tiempos para Hare-Krisna
Nuestra sociedad ha llegado a un punto de zafiedad alarmante. Y tengo que acusar claramente a las personas con responsabilidad y a los medios, especialmente la televisión, que permiten que estos comportamientos, actos y actitudes sea ya casi la normalidad. Luego nos quejamos de que un niño de nueve años ponga patas arriba a todo un colegio, o que unos padres pidan ayuda pública porque incluso tienen miedo a sus hijos, por no volver sobre el calvario que sufre cada día el profesorado con todo tipo de violencia.
¿Qué se puede esperar de un país en el que a todas horas en la televisión la gente se insulta, se amenaza e incluso llega a las manos, sin que nadie ponga coto porque tiene miedo a que le acusen de coartar la libertad de expresión? Luego se rasgan las vestiduras porque, en la televisión pública, un rapero se lleve las manos a los genitales, si aplaudían cuando lo hacía Michael Jackson. Si una persona insulta, veja o amenaza a otra en un plató no está ejerciendo la libertad de expresión, que como toda libertad, tiene el límite exacto de donde empieza la libertad del otro. Yo no digo que volvamos a los tiempos remilgados en los que en la radio y en la televisión estaban prohibidas palabras tan normales como bragas (y hablo de tiempos democráticos), pero es que lo de ahora es una escuela de educación permanente en la violencia, el machismo y la intolerancia (¿Les suena de algo la frase «es mi verdad»?)
La agresividad ya está en los personajes públicos, que se burlan, ridiculizan y hasta insultan incluso a los de su partido a poco que crean que han cerrado los micrófonos. ¡Si pierde los nervios un ex-presidente y hasta el mismísimo Rey de España, haciendo «peinetas» a quienes los abuchean! De acuerdo en que no es de recibo (es ya un círculo vicioso, más de lo mismo) que se insulte a gritos a personajes públicos, pero se espera de ellos el temple suficiente para capear el temporal. Hasta Zapatero, «Míster Talante», está empezando cabrearse en público, ¡quién lo iba a decir! Corren malos tiempos para los Hare-Krisna.
Ahora La Iglesia pondrá el grito en el cielo, y a vender discos. La verdad es que a un artista de su altura no le hacen falta estas salidas de pata de banco. Todavía suenan los ecos de cuando hace más de cuarenta años John Lennon dijo que Los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Y la gracia es que La Iglesia entra a todos los trapos y lo que consigue es un efecto publicitario gigantesco, como ocurrió con El Código Da Vinci, pues creo que El Vaticano debiera exigir a Dan Brawn parte de los multimillonarios derechos generados por su libro, porque ayudó, y mucho, a venderlo.
Para varias generaciones Ariel Ramírez fue siempre una bandera, porque nos mostró la altura poética de la canción argentina que sabía volar muy lejos, porque a muchos descubrió quién fue y qué hizo la poeta Alfonsina Storni, y porque es autor de una de las canciones más bellas que se hayan escrito,