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¡Vamos, vamos, que estamos liquidando!

zsaritiss.jpgLa gente se muere; por lo visto es normal, aunque recuerdo a un campesino que cuando se enteraba de que alguien había muerto solía decir: «¡qué raro, pero si no tenía costumbre de morirse! La vida es una carrera de relevos, pero uno está acostumbrado a que se hagan cada 100 metros y de uno en uno, pero últimamente esto va muy rápido. Es como si un ente superior hubiese dado la orden de que hay que liquidar lo que queda de una época en la que, dicen, la gente todavía tenía esperanzas y creía en el futuro. Pero ahora, encima de que nos roban el futuro, nos liquidan el pasado, y como el presente va muy justito uno ya no sabe qué pensar. Casi a la vez nos han llegado las noticias del fallecimiento de Margaret Thatcher y de Sara Montiel. La política británica fue, junto con Reagan y Juan Pablo II, una de las banderas del neoconservadurismo que nos ha llevado a la actual situación. Los que vinieron después simplemente bailaron su música, fueran Clinton, Aznar, Blair, Merkel, Zapatero o Bush. En cuanto a Sara Montiel, su esquela viene a unirse a la catarata de fallecimientos en el cine español durante los últimos meses: Tony Leblanc, JL Galiardo, Fernando Guillén, María Asquerino, Sancho Gracia, Pepe Sancho, y en la última semana Mariví Bilbao, Jesús Franco y Bigas Luna. Lo de Sara Montiel sí que cierra toda una época, porque aunque nunca fui fan suyo -para gustos se hicieron colores-, siempre fue una especie de mito artificial (mito al fin y al cabo), y, francamente siento mucho su muerte. A ver si esa máquina exterminadora que han puesto a funcionar para de una vez. Descansa en Paz, Sara.

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Impostores, además

zzzimpostoress.JPGVeo, leo y escucho lo que dilapidan algunos y siento vergüenza ajena. Las damas de este pelaje suelen gastarse tres mil euros al día en cuidado personal y acuden al rastrillo con un diamante de no sé cuántos quilates al cuello; los caballeros pagan fortunas indecentes por un yate en propiedad o miles de euros diarios por uno de alquiler, y dan fiestas que cuestan lo que un colegio. No temen al Estado ni a los jueces, el dinero les concede impunidad, sólo se temen entre ellos. Se dice que nunca van a la cárcel por falta de pruebas, y eso es falso, porque su forma de vida es la prueba de su maldad, y serían una llamada a la subversión si no fuera porque ellos fabrican la ignorancia, y encima, los hambrientos aplauden. Yo los metería en la cárcel porque tanto dinero junto nunca es legítimo. Y aunque lo fuera, son exhibicionistas, insultan a la gente y, en definitiva, son culpables porque se creen divinos; suponiendo que haya dioses, sólo puede haber uno (si es un dios no admite competencia), por lo tanto son, además, unos impostores.

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Pintar perros

zzpintar perro.JPGGran Canaria deber ser el lugar del mundo donde más polémicas surgen por metro cuadrado, las cultivamos y les echamos guano. Por cualquier cosa montamos una carajera, y eso estaría bien si desembocase en verdaderos debates que dieran luz al asunto y conciencia crítica a la sociedad, pero no, aquí se largan cuatro patujadas, se descalifica al adversario llamándolo imbécil, no hay quien ponga sobre la mesa un argumento que vaya más allá del insulto y al final no encontramos la raíz del arbolito que tan mimosamente se ha cultivado. Que voy a pintar un perro. Ni hablar, el perro lo pinta Fulano. ¿Y por qué no yo? Porque es usted un ignorante, un vendido, un traidor. Ya, de acuerdo, además de llamarme todo eso, supongo que tendrá argumentos técnicos para oponerse a que yo pinte un perro. ¿Argumentos técnicos?, por supuesto, es usted un mameluco… luego no hay quien pinte, el presupuesto se vence, el perro se oxida y mientras tanto en Tenerife han pintado una jauría entera.