Publicado el

Santiago Gil, mucho más que «2»

Vuelvo a definir a Santiago Gil por enésima vez como el escritor que tiene un periscopio siempre fuera del agua para ver qué ocurre alrededor de los 360 grados de la vida. Pero no se limita con ver e informar de lo que ve, sino que indaga y deduce qué significa cada una de las cosas que atraviesan el juego de espejos de su mecanismo observatorio. Tiene la facultad de escarbar en los sentimientos más ocultos de sus personajes, que indefectiblemente son perdedores, o al menos se ocupa de los momentos en que el alma humana es poseída por la certeza del abandono y la desolación.

2 santiago gil.JPG
Esos momentos oscuros son comunes a todos los seres humanos, aun a los que parecen brillar sobre la peana de oropel de los triunfadores. Desde ese punto de vista, el novelista rebusca en el territorio más íntimo, ese que nadie comparte ni con la persona más cercana. Cualquiera que conozca a Santiago en su vida personal puede encontrar una gran divergencia entre su manera de ser y en los mundos que crea en sus novelas. Es un hombre jovial, alegre y extrovertido, un arquetipo que raramente vemos en sus páginas. Cuando se calza el uniforme de novelista, trata de encontrar ese otro yo que existe en todos nosotros. Sus libros no suelen ser una verbena, y cuando el humor aparece lo hace de una manera tan dura que pasa a formar parte del retrato de esos personajes, que a veces ríen hasta sin motivo.
Continuar leyendo «Santiago Gil, mucho más que «2»»

Publicado el

«El conocimiento» de Jonathan Allen

El novelista Santiago Gil suele insistir en la diferencia entre narradores de mapa y narradores de brújula. Los primeros son los que lo planifican todo, hasta el último detalle, antes de emprender la redacción de una novela; los de brújula son los que se echan a la mar y se dejan llevar por la propia fuerza de la narración. Como en todo, no existen autores puros en ninguno de los dos tipos, pues siempre hay algo de planificación en los de brújula y de improvisación en lo de mapa. Jonathan Allen pertenece sin duda a los de mapa, aunque a menudo no lo parece porque la fuerza de la narración lo conduce con frecuencia a territorios que él no contaba pisar.
Dentro de los narradores que planifican, los hay que han de hacerlo por necesidad técnica porque si no sería imposible emprender una novela, y esto suele ocurrir claramente en quienes escriben novelas de géneros concretos, especialmente históricas o de la amplia gama de lo que hoy llamamos novela negra. Jonathan Allen necesita el mapa porque la mayor parte de sus narraciones, especialmente El conocimiento, su novela más reciente, responden a la definición clásica de mito, que es un relato metafórico que sirve como ejemplo y es aplicable en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Continuar leyendo ««El conocimiento» de Jonathan Allen»

Publicado el

Lola o la mancha de la literatura

Desde que nos conocimos, una tarde de otoño de 1982, no recuerdo haber hablado nunca en serio con Dolores Campos-Herrero. Desde que nos conocimos, en la vieja redacción del Canarias7, mantuvimos una comunicación humana y literaria fluida, transparente y cómplice. Ambas afirmaciones parecen contradictoria, pero no lo son; por alguna razón que ambos desconocíamos, usábamos entre nosotros un idioma que solo tenía dos hablantes, que sonaba como el castellano normativo pero en cuya ejecución nada era lo que parecía. Sin embargo, el otro siempre entendía. Nuestra lengua común fue la ironía, usada unas veces con elegancia florentina y otras como la más pura esencia del sarcasmo.

Fotos pruebalola77.JPGCon esas cabriolas lingüísticas mantuvimos una relación permanente que duró toda la vida común que nos fue permitida, 25 años en los que no tengo memoria de una traición, un malentendido o siquiera un leve contratiempo. La sonrisa presidía nuestras conversaciones en esa lengua imposible (para los demás), que usaba las palabras siempre con otra semántica. Continuar leyendo «Lola o la mancha de la literatura»