Desde que se ha puesto en funcionamiento eso que llaman nueva normalidad, la cultura ha tratado de estar presente, aunque es evidente que es una actividad muy sencilla y muy compleja a la vez; sencilla porque es una creación, un libro, un cuadro, una pieza musical, y complicada porque poner en común estas creaciones en su medio habitual no es tan fácil. Hay espacios en los que se limita el aforo, la gente se distancia y se establece un ambiente de frialdad sin que nadie de los presentes lo pretenda.
Pero a eso tenemos que ir adaptándonos poco a poco. Desde luego, pienso acudir a donde antes iba, siempre con las precauciones establecidas. La cultura no puede quedarse atrás en este momento tan importante. También he comprometido mi participación en algunos eventos que se realizarán de manera virtual gracias a las nuevas tecnologías. Uno está en su casa, delante de la camarita del ordenador, y establece diálogos con personas que están muy distantes en el espacio pero en la misma onda, de manera que cualquier “asistente” puede escuchar y ver simultáneamente a las personas que participan, y hasta interactuar.
Puede parecer frío, pero tendremos que acostumbrarnos, y les garantizo que algunas de estas tenidas vía Internet son a menudo más vivas que esas presentaciones o conferencias plúmbeas que a veces tenemos que sufrir (posiblemente también protagonizar, el camello no se ve la joroba). Es más, cuando todo esto haya pasado (que pasará) es muy posible que ya los modos sean distintos, porque lo mismo que la pandemia está influyendo en el teletrabajo también lo hará en las formas de comunicar la cultura.
Todo esto viene porque ya camina el III Festival de Literatura de Los Llanos de Aridane y porque esta noche se presenta en la Casa-Museo Pérez Galdós la esperada Biografía de nuestro eminente autor, escrita por la profesora Yolanda Arencibia, con acompañantes de la categoría de Jonathan Allen o Victoria Galván, como en otro momento también fue acompañada por Juan Carlos de Sancho. Y en ambas ocasiones las circunstancia no me han permitido estar presente, pero les aseguro que esa biografía merece la pena porque pocas personas han buceado en los universos (son muchos) galdosianos como Yolanda Arencibia. No en vano, el trabajo se hizo a principios de año con uno de los premios de ensayo más importantes de este país.
Así que, no les extrañe, que en unos años, la mayor parte de este tipo de actos sea de manera virtual, no por necesidades sanitarias, sino porque todo está cambiando, y mientras tomas café con alguien en una ciudad puedes estar a través de la tecnología en otros lugares, incluso al otro lado del mundo, participando o siendo un simple asistente. A lo que no podemos renunciar es a la cultura, al pensamiento, a la comunicación de ideas, pues los soportes y las formas han ido cambiando durante todos los siglos que conforman nuestra civilización. Y tal vez tengamos que olvidarnos de la desvalorización de la palabra “virtual”, porque el cine no es teatro virtual ni hablar por teléfono tiene menos peso que hacerlo cara a cara. Vienen nuevos tiempos y tenemos que estar en ellos. Buena semana.
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