Las paradojas son tozudas
Para tener sentido de la realidad presente nada mejor que conocer la historia. Es una paradoja, como la mayoría de las grandes verdades, y una paradoja es simplemente una verdad que no lo aparenta. Andamos metidos en superficialidades que consumen horas y horas de radio y televisión y ríos de tinta en los periódicos y revistas; la gran tragedia es que el Real Madrid ha perdido la capacidad de lucha y el Aleluya es que al Cordobés le han concedido la Medalla de Oro de las Bellas Artes (que sí, que no deliro, digo yo que será por filosofar a lo Juan Belmonte, que tampoco filosofaba). Y uno relee la historia, compara y se da cuenta de que estamos viviendo uno de los momentos más convulsos de los últimos decenios, hay acontecimientos embalsamados desde 1945 y otros desde 1918 e incluso aplazados desde el siglo XIX, que parece que tienen fecha de vencimiento y se precipitan a velocidades de vértigo. Las viejas heridas cerradas en falso comienzan a supurar, desde el Kurdistán hasta Crimea, desde Palestina hasta Cataluña. Y hay muchas más cosas que huelen a podrido, pero resulta que es un temporal de nieve lo que abre y cierra los telediarios. Y las paradojas son tozudas.