Políticas monetarias
Antaño, la política monetaria era uno de los elementos con que trabajaba cada estado, pero con el euro ese cometido lo tiene el Banco Central Europeo, que casi siempre está dirigido por un alemán o un francés. Es evidente que las fluctuaciones de estos dos países de fuerte economía no son las mismas que las de los estados más débiles, pero todos tienen que bailar al son alemán y francés, con todos sus problemas y ninguna de sus ventajas. Nos dicen que, fuera de la UE, al globalizarse la economía ahora todo es una reacción en cadena, pero yo lo que veo es que los únicos países que están en crisis profunda son los europeos, Estados Unidos y Japón, porque China es el banquero del mundo, India crece muchísimo y hasta Turquía ha crecido el año pasado un 8%. Todo esto me lleva a pensar que en la UE algo se está haciendo mal, porque se deja llevar por Estados Unidos, que dice una cosa para Europa y aplica para sí políticas distintas. Dicen que la semana pasada en Washington estaban cruzando los dedos para que los griegos no lograsen aprobar las medidas impuestas por la UE, lo que habría originado un cataclismo en la zona euro. Si Estados Unidos nos embarca en guerras inútiles (que cuestan vidas y dinero) y Europa le baila el agua, está claro que los norteamericanos no son leales con los europeos, porque seguramente piensan que les conviene una Europa débil. Está claro que falta unidad y liderazgo, y volver a la senda de los últimos cincuenta años. Si los yanquis quieren neoliberalismo, todo para ellos, a Europa le iba mejor cuando trataba de mantener el Estado de Bienestar.
Pero ellos siguen empeñados en que la homosexualidad se puede curar. Para empezar, sólo son suceptibles de curación las enfermedades, y por lo visto no se han enterado de que hasta un organismo tan lento como la OMS hace años que estableció que ser gay no es una enfermedad. Es una opción sexual, cultural si se quiere, o biológica, qué más da, pues es el individuo quien libremente decide cómo y con quién realiza sus relaciones sexuales, y por supuesto también es muy dueño de ser célibe porque es libre. Tratar de curar la homosexualidad es como hacer terapias para que deje de gustarte la música de Mozart, que en vez de las morenas te gusten las pelirrojas o que te conviertas en un opositor militante de los macarrones con tomate. Creo que hay cosas que sí se pueden curar, como la avaricia, el abuso de poder o la hipocresía, pero nunca he visto que La Iglesia haya organizado cursillos para ello. Normalmente suele ocurrir lo contrario, pues la jerarquía, rodeada de un boato espectacular y carísimo, suele estar cerca del poder absoluto y abusivo y proclama hipócritamente lo contrario de lo que dice.Y fíjense que digo la jerarquía, porque los católicos y buena parte de los sacerdotes están muy lejos de eso, y desde luego merecen todo el respeto. Ellos sí.