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Agua

El agua es el elemento fundamental de la vida terrestre. Dicen que todos los procesos biológicos que han conducido a la rica diversidad del planeta comenzaron en el agua. iguazú.jpgLo que sí es cierto es que el agua ha sido siempre un factor determinante, y lo vemos en las fundaciones de las ciudades, que suelen nacer junto a un río porque es el que le da posibilidad de sobrevivir. Cada ciudad histórica tiene su río, y no es por casualidad. También el agua es cómplice de la belleza.
En Canarias, el agua ha sido siempre motivo de inquietud. Las hambrunas canarias fueron consecuencia de las sequías, y ahora mismo esto sería un desierto si no fuese por las potabilizadoras. Pero, ¡ay!, desalamos agua a base de petróleo, y eso es algo que no consigo entender a estas alturas, porque si hay un lugar sobre la tierra rico en energías alternativas (sol, viento, oleaje) ese es Canarias.
De hecho, hay quien afirma que si las guerras actuales son por el control de la energía, las del futuro serán como las primitivas, por el control de agua. Y mientras tanto, la derrochamos en destinos inútiles, del que sólo se benefician unos pocos.
(En la foto, las cataratas de Iguazú)

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Newman, el hombre nuevo

Paul Newman ha muerto. Parece un disparate, una obcenidad, porque las leyendas se supone que no mueren. Tengo la impresión de que Newman no ha muerto o en realidad lo estuvo siempre, porque siempre lo vimos como un ser irreal, guapo, elegante, generoso, valiente, discreto: perfecto. No era un actor, era el actor.
paul newman1.jpgDirigió, además, seis películas, todas muy buenas, y una, Rachel, Rachel, que es una obra maestra. John Huston escribió en sus memorias: «Sólo conozco a tres grandes actores que sean también grandes directores: Wells, Chaplin y Newman. Sólo conozco a tres grandes directores que sean también grandes actores: Wells, Chaplin y Newman».
En mis años de servicio militar había un sargento de película, que cuando quería reforzar un juramento invocaba a Paul Newman. «si esto no es verdad, que se muera Paul Newman», «Te voy a tener a paso ligero hasta que Paul Newman se vuelva feo»… Y Paul Newman no se iba a morir porque en el imaginario colectivo era un icono inmortal, y nunca se volvería feo, como no fuera por el maquillaje para representar al castigado boxeador Rocky Graziano en la película Marcado por el odio.
Después hemos sabido de su compromiso, su generosidad (160 millones de dólares de beneficio de su empresa de salsas donados todos a obras sociales sólo en 2007), y siempre hemos sabido de su gran talento como actor. Tenía la elegancia de Cary Grant, la dureza de Bogart, la profundidad de Montgomery Clift, la rebeldía de Dean, el desparpajo de Gable y la fuerza de Brando. Y un físico único. Ha muerto con la misma discreción con la que vivió. Fue uno de los grandes, pero sobre todo fue una buena persona, ese hombre nuevo que aparece en su apellido.

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Memoria

Dicen que no moriremos del todo mientras haya alguien que nos recuerde. Esto, por supuesto, no es ningún consuelo, porque, a la larga, todos seremos olvidados, porque no creo que nadie recuerde a un tatarabuelo suyo que murió mucho antes de que él naciera.
bandera.jpgPero sí hay que recordar a los muertos sociales, aquellos que fueron víctimas del odio, los que fueron eliminados por pensar distinto o simplemente aprovechando la situación para cerrar una venganza personal. Yo no sé si la Ley de Memoria Histórica tiene errores jurídicos, pero lo que está claro para mí es que había que hacer algo para rescatar nuestra memoria como sociedad, porque ya saben aquello de que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.
Tampoco sé si la entrada del Juez Garzón en este asunto es técnicamente correcta o no. Eso es lo de menos, porque quienes arman ruido con estos argumentos lo que tratan es de desviar la atención del hecho central. Algunos usan la ley en su beneficio, pero cuando no les gusta se rasgan las vestiduras. Es tan simple como buscar a nuestros muertos y enterrarlos dignamente. Nada más, y eso es lo justo.