Publicado el

El eterno debate sobre la producción cultural

ghy.jpgEl debate sobre la producción cultural en Canarias viene dando tumbos desde aquel Congreso de Cultura en los años 80 del siglo pasado (han pasado 25 años), y la cuestión es que todo sigue igual, de manera que la gente piensa que las personas que se dedican a esto son unos vagos que se ponen a la rueda del poder. Siempre fue así, tanto en la Florencia de los Medicis como en la corte de Felipe IV que dio fenómenos como Velázquez o la corte imperial vienesa que protegió a músicos hoy imprescindibles.
Pero eran otros tiempos. Hoy las cosas deberían hacerse de otra manera. Por ello, enlazo con un interesante trabajo de Nicolás Melini para que el debate continúe, porque lo peor no es que la gente crea que los culturos son unos profesionales de la mamandurria, sino que eso crea familias, desconfianzas y desunión, con lo que nunca llegamos a ningunga parte sencillamente porque ni siquiera zarpamos. Como dice Melini, si hay subvenciones para todas las actividades (pregunten por el IAEM, por ejemplo), no hay por qué avergonzarse de que haya dinero público para la cultura.

Publicado el

A ver si ahora se le quita el cabreo a Marsé

Juan Marsé es un excelente novelista, eso está fuera de toda discusión, pero sus comportamientos en este mundillo de la literatura se asemejan a los de un niño caprichoso. Está claro que merece el Premio Cervantes que ayer le otorgaron, incluso creo que se lo han dado tarde, porque ya lo tienen medianías mientras que autores como Juan Goytisolo, Caballero Bonald y el propio Marsé lo veían pasar cada año por delante de sus narices.
www.gifPertenece Marsé a una generación en la que había muchos señoritos, que se mezclaban con los señoritos de la generación anterior: Los tres Goytisolo, Barral, Valente, Semprún (aunque estuviera en Francia), Gil de Biedma (tío de Esparanza Aguirre), y otros de ese pelaje, que eran magníficos poetas y novelistas pero que tenían los riñones bien cubiertos. Marsé era pobre de cuna, tanto que fue adoptado por otros tan pobres como sus padres biológicos, y nunca pudo estudiar. Es un autodidacta y, a juzgar por sus comportamientos, sus novelas nacen del resentimiento, que es, como el odio o la venganza, un buen motor de la literatura. Sobre eso hay una anécdota muy ilustrativa:
Desde tiempo inmemorial y nadie sabe por qué, arremete contra el novelista en lengua catalana Baltasar Porcel, que pertenece a esa clase social con la que Marsé parece tener un permanente ajuste de cuentas. Hace unos años un periodista le preguntó por qué odiaba tanto a Porcel, y Marsé contestó: «No me acuerdo». Y es posible que no se acuerde, lo odia simplemente por ser Baltasar Porcel. Lo que digo, resentimiento.
Yo lo recuerdo siempre cabreado, y por cosas que se supone que a un proletario no lo alteran, como la vanidad, los premios y los reconocimientos. En su fuero interno debía creer que lo despreciaban por su origen, pero, ya coronado con el Cervantes, se ha quedado sin argumentos. Seguiré releyendo a Marsé (Si te dicen que caí es una de las grandes novelas del siglo XX), y espero verlo sonreír el próximo 23 de abril por primera vez, cuando el Rey de España -esa es otra- le entregue el máximo galardón de las letras en nuestra lengua.
Enhorabuena, maestro, y a ver si se le acaba ese cabreo crónico.

Publicado el

Sobre la monarquía

Se montó hace unas semanas un pifostio del carajo cuando se publicó el libro de Pilar Urbano sobre la Reina, se estuvo hablando del papel de doña Sofía, del silencio necesario sobre algunos temas y sobre su papel institucional, que no constitucional, porque la Constitución de 1978 no le da ninguna misión, puesto que sólo es la esposa del Jefe del Estado, que es quien ostenta la representatividad y tiene que mantener una posición equidistante y prudente respecto de cada una de las opciones políticas; al menos en público.
Ayer, un periódico de Madrid corona.pngsacó una información sobre la intervención del Rey en el asunto de la venta de una parte de Repsol a una petrolera rusa. Será verdad o será mentira, pero está claro que lo que haga o diga el Rey sí que es fundamental porque constitucionalmente sí que tiene un papel en la estructura del Estado. Y la extrañeza me viene al ver que nadie ha entrado en ese asunto, ni a favor ni en contra, cuando esta vez sí que tiene importancia. Todo lo más, unos tímidos desmentidos de segunda mano por parte de la Casa Real.
Y este sí que es un asunto clave, puesto que la mujer del César no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo, pero hay como miedo (o al menos precaución) cuando se habla del Rey, y yo creo que en una sociedad verdaderamente democrática esto no debería ser así. Es raro, la verdad.