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Sesenta años después

Fue en aquel año 1948, el mismo en el que, paradójicamente Gandhi fue asesinado, cuando nació la Declaración Universal de los derechos Humanos. Y fue un 10 de diciembre, tal día como mañana, que es también el día que se entraga el Premio Nobel y en España la salida del mayor puente del año.
paloma.jpgHay que pensar que, mucho antes de esta declaración hubo otras que cambiaron la concepción del mundo, tales como la que redactó Thomas Jefferson y que luego fue asumida casi literalmente por la Revolución Francesa. Hablar de la conculcación de los derechos fundamentales de los seres humanos en nuestro planeta sería interminable, y casi resulta irónico que siga celebrándose con lo que está ocurriendo en Afganistán, Irán, Guantánamo, Dafour, El Sahara, Somalia, Georgia, Zaire, Chad… Aquí mismo. En realidad todos somo culpables porque ya sabemos que a menudo el silencio es el cómplice indispensable para que siga la barbarie.
Por eso no debemos callar.

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Pereza

Está claro que ya es Navidad por decreto: arbolitos, bolitas doradas, promociones de operadoras telefónicas, el hidrógeno como elemento navideño de discordia…
dalí.jpgEste es un puente raro, pues se ha celebrado el 30 aniversario de la Constitución y observo que ha sido como de mala gana. Tampoco ha ayudado mucho el reciente atentado de ETA, y ya ni siquiera existe la esperanza del Rey Negro, Obama, que por lo que se ve en la composición de su equipo va a ser el mismo perro con distinto collar.
Hasta yo escribo de mala gana, y eso que soy un enfermo terminal de la escritura, porque ya no sé a donde mirar, porque hacia donde quiera que lo haga veo dejadez, injusticia y superficialidad. Ayer estuve con un viejo amigo al que veo poco, pero siempre que coincidimos es como si el tiempo no hubiera pasado, y saco la conclusión de que la amistad es uno de los patrimonios más hermosos que tenemos y que no solemos valorar. Me da pereza tanta historia con el salmón de Soria, el árbol de Saavedra, la quietud de Rivero y la hiperactividad de López Aguilar. Y, con la que está cayendo, no entiendo esas verborreas bizantinas sobre tonterías.
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(No hace falta decirlo, pero el cuadro es de Dalí)</em

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A Franco no le gustaban las novelas

Carmen Franco, la hija del dictador, acaba de publicar un libro sobre su padre con la ayuda de dos periodistas, un español y un inglés. Como bien dice la «Carmencita» de aquellos anuncios de NO-DO, no era de esperar que ella fuese a poner sombras sobre la figura Franco, porque lo normal es que las hijas vean en su padre a un hombre cercano que alguna vez, cuando no andaba haciendo guerras, incluso pudo haberle contado un cuento antes de dormir.
letrero.jpgHay de todo, como el caso de Svetlana Stalin, la hija del dirigente soviético, que publicó un libro en Occidente en el que le decía a su padre de todo menos bonito, o la hija de Fidel Castro, o… Pero eso no era posible con Carmen Franco, puesto que ella misma ha sido parte del sistema, o al menos correa de transmisión de lo que hacía su marido, el yernísimo Marqués de Villaverde, que era tan osado que cuando Barnard hizo el primer trasplante de corazón en Ciudad del Cabo, él, que también ejercía de cardiólogo, hizo el suyo en Madrid, con pretensiones de récord, que cumplió, puesto que el paciente fue el primer trasplantado de corazón español en fallecer.
Pero todo esto es hacer llover sobre mojado, y es notorio que Franco no es precisamente una de mis devociones. Y por si fuera poco, su hija echa más leña al fuego, porque dice que Franco leía mucho, pero novelas no, sino libros serios. Me gustaría saber qué opinión tendría Franco de libros tan «ligeros y divertidos» sobre dictadores como Yo, el Supremo, El otoño del Patriarca, La fiesta del Chivo o Tirano Banderas. No le habrían gustado, él prefería la realidad de una dictadura a esos dictadores de papel que al fin y al cabo sólo existían en la imaginación de algunos seres inútiles que malean las mentes de los jóvenes. Es que hay tanto Unamuno, tanto Galdós, tanto Hemingway suelto…
Franco aborrecía a los novelistas, a mí me dan náuseas los dictadores.