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El fútbol, los millones y la horterada

Es indudable que los 94 millones de euros que se han pagado por Cristiano Ronaldo y sus 10 millones de sueldo anual libres de impuestos (publicidad aparte) han sido la gota que ha rebosado el vaso. Líbreme Dios de defender a CR94 como ahora lo llaman, pero conviene no olvidar que hace casi una década el Real Madrid pagó 65 millones por Zidane, que ahora mismo se acaba de pagar esa cantidad por Kaká, y que cualquier futbolista aventajado se traspasa por 25 o 30 millones, que no es poco. Es más, en números más modestos, son legión los fichajes de entre 5 y 10 millones y hay una caterva de salarios que sobrepasan los 2 millones de euros.
1cc.jpgTambién nos olvidamos de que hay una lista interminable de futbolistas que cobran más de 3 millones de euros limpios. Hace una década que viene siendo así, y la nómina es impresionante, prácticamente todo el Madrid y el Barça titular, medio Atlético de Madrid, buena parte del Valencia, el Villarreal y el Sevilla, y en el extranjero por el estilo, pues las ligas italiana, francesa y alemana tampoco se quedan atrás. La liga inglesa se lleva la palma desde que los magnates rusos empezaron a comprar equipos y a pagar cifras irracionales.
Como se ve, esto no es de ahora, pues ya hace años se denunciaba este disparate. De repente, todos han puesto el grito en el cielo, porque las cantidades son espectaculares y porque Cristiano Ronaldo tiene estampa de hortera de barriada, pero su fichaje no deja de ser otro escalón más de la locura del fútbol.

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La normalidad debe ser la respuesta

Por desgracia, la muerte es casi siempre la noticia, porque hay quien dice que son las malas nuevas las verdaderas noticias. Lo bueno casi siempre está previsto, o es previsible, pero la muerte siempre es sorpresiva, aunque parezca que la barca de Caronte siempre está lista.
el-bote-solitario.jpgEsta semana hemos tenido demasiadas noticias de muerte, y termina con tres igualmente tristes. El fallecimiento de Vicente Ferrer y el de la viuda de Salvador Allende nos entristecen, porque él era un hombre necesario y ejemplar para este mundo insolidario y egoísta, y ella fue la campañera leal de otro gran hombre y ella una mujer firme y con una entereza que ha servido de espejo a los demás.
La tercera muerte, la del inspector Eduardo Puelles, además de entristecernos, nos indigna, porque es consecuencia del terrorismo de ETA, un cáncer social que se alarga en el tiempo. Aparte de la condena más enérgica, ya nada nuevo puedo decir, pero sí apuntar que ETA no debe dictar la agenda de la democracia, y por ello no estoy de acuerdo en que Zapatero y Patxi López hayan suspendido su normalidad por una bomba. No podemos hacerle el juego ni en eso.

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Ya no es tiempo de duelos a cuchillo

Hace apenas dos días nos conmovía la noticia del asesinato de una mujer. Ahora seguimos perplejos por la muerte de un joven en una reyerta. Da igual las causas, pero es terrible que la vida valga tan poco. Hubo un tiempo en que así era, incluso estaban permitidos los duelos de honor, y hombres tan cultos como Valle-Inclán llegaron a batirse (dicen que perdió su brazo en uno de estos lances), y el poeta ruso Alexander Pushkin murió en un desafío, y de manera menos glamurosa se mataban a tiros en el oeste americano durante los años de la fiebre del oro.
240px-GauchosvonALE[1].jpgCon la llegada del siglo XX y la generalización de la democracia en occidente la vida empezó a estar más considerada, a tener un valor real, pues se trata de un bien único, y cuando ocurría un crimen era noticia durante años, y casi siempre se trataba de un asesinato, no de una pelea. El enfrentamiento a muerte dio para mucha literatura en el Martín Fierro y en la novela Don Segundo Sombra, ambas de ambiente gaucho argentino, pero estamos en el siglo XXI y hoy la vida no se pone en juego y menos por orgullo.
Por eso me preocupa cómo está evolucionando esta sociedad, en la que la gente va armada con cuchillos y navajas, y cualquier diferencia puede acabar dirimiéndose a puñaladas. No es este el mundo que hemos querido construir, con respeto a valores tan evidente como la vida y la libertad de los otros. El honor calderoniano es una antigualla, la vida vale más, pero no parece que esta sociedad esté en ese camino. Nos queda mucho por hacer a todos.