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Más dura será la caída

La realidad está dando argumentos a los charlatanes tremendistas que afirman aquello de «mientras más alto subas, más dura será la caída», que muchos relacionan con una ya mítica película sobre la trastienda sórdida del boxeo, con Bogart incluido, pero que tiene un origen bíblico como casi todas las grandes frases de la cultura norteamericana (la verdad es que a veces da la impresión de que la Tierra Prometida no era Israel sino el Oeste americano).
zeppelin-1[1].jpgUn argumento irrebatible es Michael Jackson, que repite esquema como Elvis, Hendrix, Joplin… Parece que esto nos advierte que si subimos demasiado alto nos daremos un gran castaña. Pero esto no es verdad, porque muchos hay llegado muy alto y allí permanecieron siempre. Al final todo el mundo muere y nadie se libra de la Parca, da igual que sean Mozart, Napoleón, Dante o Picasso. Pero nos siguen diciendo que más dura será la caída como si predicaran el conformismo.
Y esto también nos remite al mito de Icaro, que voló tan alto que el Sol le derritió la cera con que había construido sus alas. Y claro, la castaña. No confundir el legítimo deseo de superación con la vanidad enfermiza. Pero si hablamos de salir de un laberinto hacia el cielo, como hizo Icaro, tenemos que hablar del preso italiano que trató de escapar de la cárcel en un dirigible, que por cierto era ridículo, porque cuatro metros nada tiene que ver con aquellas gigantescas naves que diseñó el conde Zeppelin. Al final, todas en el suelo, como los huesos de Icaro, pero no olvidemos que hay quien tiene alas reales que no hay sol que las derrrita.

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En la partida de Baltasar Porcel

Ha muerto Baltasar Porcel, el más conocido escritor en Lengua Catalana, una vez desaparecieron Josep Pla y Salvador Espriu. Fue un autor prolífico pero poco conocido fuera de Baleares y Cataluña, precisamente por su militancia rabiosa en las letras catalanas. Políticamente dio bandazos, desde el maoísmo al nacionalismo burgués de Pujol, e incluso fue uno de los fundadores del PSOE de Andrax, su pueblo natal. Su incoherencia ideológica fue siempre proporcional a su coherencia idiomática.
porcel.jpgPor eso tuvo siempre agrias polémicas con autores de ideas más firmes, como Juan Marsé, a quien un día le preguntaron por qué odiaba tanto a Porcel. Marsé dio una respuesta tremenda: «ya ni me acuerdo», una frase que refirmaba ese odio irracional que nacía de la distancia ideológica. Ese es uno de los pero que yo siempre he puesto a Marsé, su atrincheramiento irracional, que es el mismo pero, en las antípodas, que le pongo a Porcel, su volatilidad. Pero en realidad ambos eran incoherentes, pues si uno se aferraba a su demanda del Cervantes (que finalmente le dieron), el otro, tan catalanista, buscó incluso el Premio Nobel, cuya candidatura fue presentada en Estocolmo por el gobierno pujolista.
Y se ha muerto a los 72 años, y ahora sabremos el calado de su obra, si es capaz de permear el idioma como hicieron Espriu y Pla desde el catalán y Rosalía de Castro y Alvaro Cunqueiro desde el gallego. O bien se queda encerrado en su lengua como ha ocurrido con Verdaguer y Castelao. Descanse en paz.

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Dos presidentes, qué derroche

En tiempos difíciles, cuando los líderes hablan al pueblo suelen poner esperanza en sus palabras, para que haya al menos una pequeña brizna de luz al final del túnel. Y eso está bien, pero una cosa es lo que los líderes digan y otra muy distinta que tengamos la cuota de ingenuidad precisa para que podamos al menos concederles el beneficio de la duda.
cafe3.JPGLa economía es un arcano que se puede estudiar científicamente a toro pasado, como los partidos de fútbol. Mientras se mueve el balón puede pasar de todo y a menudo cosas imprevisibles; es cuando los comentaristas, en ocasión de que Estados Unidos le meta dos goles a Brasil, dicen aquello de «esa es la grandeza del fútbol». Pero es un comentario inútil, porque finalmente siempre, gana Brasil. En economía es igual, no sabemos quién gana (lo suponemos) pero sí que sabemos quién pierde siempre.
A veces nos habla el Presidente de Canarias, a veces el de España, pero ayer nos hablaron los dos, después de la reunión que mantuvieron en Las Palmas. Dos presidentes, casi nada, poniendo esperanza en sus palabras y apuntando a una supuesta luz que tendrá que empezar a verse al fondo de un momento a otro. «Esa es la grandeza de la política», que diría Luis Aragonés metido a primer ministro. Si ya es difícil creer a un presidente, tragarse la esperanza predicada por dos es una exhibición de candor. Pero seamos optimistas, que volviendo la frase al revés viene a ser un realista mal informado.
¿Un cafecito, señores presidentes?