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Otra razón para dejar de fumar

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Los fumadores han pasado a ser una secta perseguida, pero cuando les conviene tiran de los impuestos del tabaco. Hay una crítica generalizada y hasta institucional que siempre culpabiliza a los fumadores de muchos males de la sociedad, cuando hace unas décadas esa misma Tabacalera, que recaudaba impuestos para el Gobierno, hacía campañas para que los hombres fumasen, porque eran más dinámicos, y mostraba imágenes glamourosas de mujeres fumadoras muy atractivas, que fumaban cigarrillos emboquillados y miraban con los párpados caídos en medio de una cortina de humo.
marlenne.jpg Nos vendieron a fumadores míticos, desde Bogart y Clint Eastwood a Marlenne Dietrich y una Jane Fonda setentera que fumaba con el cigarrillo al aire mientras se agarraba el codo con la otra mano. Y ahora aparecen cifras en las que las enfermedades derivadas del tabaco cuestan al erario público mucho dinero, pero no dicen cuánto recaudan con el tabaco. Ahora, en Canarias, los fumadores van a sufragar parte del paro, y esta incongruencia hace que uno crea cada vez menos en los políticos.
Una cosa dejo clara: el tabaco es nocivo, y los fumadores debieran dejar de fumar, por su salud y por ver la cara de los recaudadores cuando deje de entrarles el dineral impositivo del tabaco. Otra razón para dejar de fumar.

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No ceder al pánico

Después de tantos comunicados contradictorios, ha hablado la Organización Médica Colegial, que es una entidad científica que se rige sólo por criterios científicos. Y ha dicho que esto de la gripe A es la epidemia del miedo, lo que confirma lo que muchos de nosotros hemos escuchado de voces de amigos y conocidos que trabajan en el campo de la Sanidad.
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(Detrás de los celajes el cielo siempre está azul)

Pero este organismo ha ido más lejos, y ha puesto el dedo en la llaga de uno de los argumentos que se han barajado en estos meses: la posible manipulación de informaciones guiada por intereses económicos. Como dice una amiga mía, lo más terrible de este asunto es que morirse de gripe tiene muy poco glamour, aunque menos estilo tiene morir de disentería. Bromas aparte, estamos ante una situación que merece cuidado, pero no pánico. Las vacunas no son la panacea, lo ha dicho la ministra de Sanidad, y precisamente la de la gripe A ni siquiera sabemos si es efectiva, porque ahora mismo se está probando.
Lo más recomendable, creo yo, es cumplir hasta donde se pueda las medidas higiénicas que conocemos, y digo hasta donde se pueda porque no veo la manera de que, por ejemplo, niños de escuelas infantiles puedan ser controlados hasta ese punto. Lo dicho, precaución, prudencia y no ceder ante el pánico que puede llegar a bloquear el sistema sanitario y entonces nos moriremos de otra cosa por imposibilidad de asistencia.

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La lección polaca

polonia01[1].jpgEn todos los noticiarios de ayer resaltaban el 70 aniversario de la invasión de Polonia por parte de las tropas alemanas, y se considera generalmente que fue el comienzo de la II Guerra Mundial. Pusieron espectaculares imágenes, filmadas sin duda por los equipos de cine del III Reich, resaltando la potencia brutal del fuego alemán en su famosa Blitzkrieg (guerra relámpago). Tal y como se suele presentar, el asunto es bien sencillo: Hitler era un tipo malo-malísimo que por su cuenta y riesgo sumió al planeta en un baño de sangre, con la complicidad de Japón e Italia (el eje del mal de entonces), y a los pobrecitos aliados no les quedó otro remedio que defenderse.
No fue tan simple, porque todo empezó mucho antes, acaso con el Tratado de Versalles (1919) que sellaba el final de la Gran Guerra (1914-1918), en el que se humillaba a Alemania y se ponía la simiente para una nueva conflagración. Todo se complicó con la crisis económica desatada en 1929 (también venía de antes) y la Gran Depresión, que hizo posible que el partido Nazi, radical y minoritario, llegase al poder en Berlín.
polonia 2.jpgLa invasión de Polonia del 1 de septiembre de 1939 no fue el primer acto de guerra, pues antes Hitler anexionó Austria, se hizo con Checoeslovaquia y se plantó en los Sudetes. Nadie movió un dedo para detenerlo, y cuando Polonia fue invadida tampoco las potencias occidentales intervinieron en su ayuda. Para colmo, el 17 de septiembre Rusia entró en Polonia por el Este, y Estados Unidos mantuvo su embajador en Berlín hasta diciembre de 1941 (dos años), y sólo entró en la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbour, cuando Alemania declaró la guerra a Estados Unidos, que ya tiene bemoles la cosa.
De manera que, entre todos crearon el monstruo y lo cebaron hasta que no pudo ser controlado, incluso el Vaticano, que veía en una Alemania fuerte un seguro contra los rusos comunistas, aunque Stalin también tenía pretensiones expansionistas y por eso firmó con Hitler un tratado de no agresión (Pacto Ribbentrop-Mólotov).
Pero no han aprendido la lección y se ha vuelto a repetir la metáfora del engorde de la bestia con Irán primero y luego con Afganistán e Irak: ¿Quien alimentó la revolución de Jomeini? ¿Quién empujó luego a Sadam Hussein a guerrear con Irán? ¿Quién armó a los talibanes contra la URSS? Por eso, el sufrimiento del pueblo polaco, invadido simultáneamente por dos de las naciones más poderosas, es una lección que estamos empeñados en no aprender.