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Obama sin careta

Quienes todavía seguían creyendo que el color de la piel del Presidente de Estados Unidos iba ser un factor determinante en un cambio de rumbo ya tienen la prueba de que no. Y es lo que he dicho siempre: los dos Bush y Clinton eran rubios, Nixon y Reagan morenos, Ford y Carter pelirrojos. Da igual, ha habido presidentes norteamericanos de todos los colores, incluso albinos. Se diferencian en detalles que a veces son importantes, pero finalmente, en lo grueso, actúan siempre en interés de ellos, ni más ni menos.
zbomban.JPGRecuerden si no al mediático Kennedy, todo un mito, mucho glamour y mucha Jacqueline, pero a la hora de la verdad puso a funcionar la cuenta atrás de las ojivas nucleares, y que si no llega a colgarse del teléfono Juan XXIII, llamando a Moscú y a Washington, estaríamos hace medio siglo en una nueva Edad de Piedra. Eso sí que era un Papa y un hombre de paz, al que, por cierto, aún no han hecho santo.
zjuan23[1].jpgEn conclusión, ni negro, ni mestizo, ni nada, Obama es otro presidente, uno más. Se ha quitado la careta en la Asamblea de la ONU, cuando ha dicho que no pueden dejar a Estados Unidos la responsabilidad de sofocar todos los conflictos del planeta, que hay que arrimar el hombro. Es decir, provocan las guerras por intereses territoriales, energéticos y de dominio, y ahora Obama quiere que participemos en la pacificación. Claro está, con ello se empobrecerán los demás y Estados Unidos saldrá más fuerte. Y Zapatero está tan hipnotizado por Obama como Aznar por Bush. ¡Ah! La UE… Sí, sí, ya verán cómo al final nos embarramos todos y crecerán los cuatro de siempre, porque en Europa Alemania, Francia y Gran Bretaña también conocen los pasos del baile.

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Sobre las necrológicas

Se ha muerto el actor Patrick Swayze y la verdad es que lo lamento, porque forma parte de la iconografía de los años 80 y 90 por sus interpretaciones en las películas Dirty Dancing y Ghost y porque era un tipo que me caía bien. Se supone que tendría que haberle hecho una necrológica hace unos días, pero es que este mes de septiembre, entre fallecimientos y aniversarios ya he cubierto el cupo de muertos.
zghots1.JPGHe hecho muchas necrológicas en prensa y en el blog, pero eso no es nada comparable con la trayectoria de periodistas como Juan Rodríguez Doreste, que tal vez tenga el récord de escritura de necrológicas, pues empezó muy jovencito escribiendo las de Tomás Morales, Alonso Quesada y Jorge Oramas, y creo que llegó a escribir alguna incluso siendo alcalde de Las Palmas de Gran Canaria.
Siempre que se moría alguien de cierta vida social, lo llamaban a él para que escribiera sobre el muerto, y el hombre se esmeraba en dejar bien al difunto, a veces muy por encima de lo que había sido en la realidad. Contaba él que el poeta teldense Fernando González decía que le gustaría resucitar al día siguiente de su muerte durante cinco minutos, solamente para leer lo que Rodríguez Doreste había escrito de él. Tanto sabía el viejo Don Juan de los entresijos de este tipo de escritura, que unos pocos años antes de morir quiso leer su propia necrológica. Así que me la encargó. Se la di a leer y estuvo conforme porque usé todo el sentido del humor que pude, pues era fácil tomarse a coña su muerte porque era una hipótesis, todavía no estaba muerto. Guardé esa necrológica varios años, y finalmente la publiqué el día de su entierro. La verdad es que Rodríguez Doreste era todo un personaje.
Pues eso, que se ha muerto Patrick Swayze.
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¿La foto? Puesss… No sé, los fantasmas, o las copas, quién sabe…

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Pablo Neruda y el compromiso

Pablo Neruda murió de cáncer el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe de estado de Pinochet. Hay quien dice que se dejó morir, aunque es posible que no fuera exactamente así, sino que dejó de luchar, y ya es sabido que en el combate contra el cáncer la mente juega a veces un papel importante.
Murió Neruda y con él se apagó una de las voces más rotundas de América Latina. Ya sé que siempre lo oponen a Vallejo, y cuando se habla de Chile le ponen enfrente a Huidobro, a Pablo Rokha e incluso a Nicanor Parra. Estamos hablando en todo caso de grandes poetas, y el arte no se puede pesar o medir. Está claro que Neruda siempre fue un poeta muy popular (no un poeta popular), y a quienes le acusan de artificioso yo les digo que sí, que lo era, porque la poesía es un arte y el arte tiene mucho de artificio.
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No sé cuál de estos poetas es más grande, creo que todos tienen una obra magnífica, y Neruda fue, además, famoso desde muy joven y encima le dieron el Premio Nobel. Pertenecía a esa estirpe que parece inagotable de escritores latinoamericanos emparentados con la política en distintos credos, desde Rubén Darío y José Martí hasta Carpentier y Vargas Llosa. Escriben y se involucran más allá de la opinión, cosa menos frecuente en Europa.
Me ha pasado con Mario Benedetti, Roa Bastos, Abel Posse, Vargas Llosa o Jorge Edwards. Cuando hablo con escritores latinoamericanos, siempre sale a colación la política, y si el interlocutor es un político acaban hablando de literatura. Me ocurrió con Rodrigo Borja, ex-presidente de Ecuador. Es como si política y literatura no pudieran separase en el convulso mundo de América Latina. Y es que ese debe ser un factor común del mestizaje, porque no concibo a Mariano Azuela fuera de la Revolución mexicana, a Rómulo Gallegos lejos de los vaivenes de Venezuela o a Pablo Neruda (poeta y narrador en «El Canto general») olvidando a tanto sátrapa como ha descoyuntado América Latina.
Sobre esto, dice Bryce Echenique, en su refugio grancanario junto a la playa de Las Canteras: «creo que está en decadencia el intelectual comprometido sobre el que tanto teorizó Sartre, frente a un intelectual también comprometido, pero de otra forma, como era Camus, no militante, más crítico, más distante, un espectador comprometido pero no un actor». Puede ser, como ocurre con Carlos Fuentes, pero el caso es que también suele pasar con muchos cantantes, aunque no sean de los llamados cantautores, y si no vean la polvareda que ha levantado el concierto de Juanes en La Habana. Neruda fue un actor de la literatura y de la política hasta el final. Rokha, Huidobro y Parra también.
xpkjh.jpgY, por supuesto, César Vallejo, que si hubiera conocido como Bryce Echenique la playa de la Canteras, tal vez no habría querido morirse en París.