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La salud mental de Evo Morales

Los iluminados nunca han sido buenos gobernantes, porque acaban creyendo sus alucinaciones y llevan a la nación al desastre. Franco hablaba de un imperio y en un momento creyó tener la sartén por el mango cuando cuatro adulones le dijeron que conocían el modo de convertir el agua en petróleo. Hitler y su secuaz Himmler buscaron denodadamente objetos sagrados con fines esotéricos, desde la supuesta lanza de Longinos (la que dice la tradición que clavaron en el costado de Cristo) hasta el Arca de la Alianza, que vaya usted a saber dónde está, así como la mesa de Salomón, que hay quien dice que está en Toledo.
aevo.JPGAhora Evo Morales, que me llegó a caer simpático por sus suéters multicolores, dice que la cocacola da diarrea y que las homonas de los pollos de granja generan homosexualidad. Es decir, otro iluminado, y lo triste es que hay mucha gente que lo cree y lo sigue. Ya sólo falta que prohíba las líneas aéreas y organice vuelos ecológicos en cóndor. Siempre me han dado miedo los prepotentes que se creen en posesión de la verdad, y más si tienen poder, porque al final acaban volviéndose locos y llevando a los ciudadanos a la catástrofe. Viene pasando desde los faraones que decían hablar con los dioses hasta los visionarios que en nombre del Estado decretan purgas y exterminio: Stalin, Pol Pot, Mao, Castro, Pinochet, Musolini… Ya nombré a Franco y a Hitler, pero podríamos seguir con Napoleón, Robespierre, Julio César…

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El sofisma para invertir la culpabilidad

Acabo de ver el programa 59 segundos de TVE1, y todavía estoy flotando. Ante los casos de pederastia en la Iglesia Católica, un clérigo presente en el debate (la perplejidad me impidió retener su nombre), en lugar de reconocer la evidencia del silencio cómplice del Vaticano, ha tirado del argumento de que el Papa ha pedido perdón.
accrruuz].jpgY ya está, el Papa pide perdón y se cierra el asunto. No es esa la opinión de la Asociación de teólogos Juan XXIII, también presente en el programa, que pide la dimisión de Benedicto XVI. No estamos hablando de pecados, sino de delitos, en plural, el de la pederastia y el de la complicidad. El colmo ha sido que en lugar de entonar el mea culpa (latín sabe para eso), el cura se ha despachado a gusto acusando de pederastia a las familias, a los pastores de comunidades no católicas y a los profesores de gimnasia. La pederastia es cosa del pederasta, a La Iglesia lo que le corresponde es su denuncia y no su ocultación. Cuando sucede en un colegio o en un club deportivo, estos no lo ocultan, sino que llaman a la policía.De eso es de lo que estamos hablando y lo demás es marear la perdiz.
Lo estaba viendo y oyendo y no sé si era mayor mi perplejidad o mi indignación, o al revés. Si me lo cuentan, les juro que no me lo creo, y como sé que ustedes no acaban de creerme (porque es increíble), sugiero visitar la página web de Televisión Española.
Para no repetirme más sobre el tema, me remito a los comentarios que publiqué el 30 de marzo y el 13 de abril, porque lo que vi anoche en televisión se parece mucho al juego de los trileros, tratando de hacer que lo blanco fuese negro y utilizando las habilidades del lenguaje para que sean los medios de comunicación los que parezcan culpables por publicar la verdad. Claro que en algún momento quiso decir que eran mentiras. Las mencionadas intervenciones del sacerdote en 59 Segundos son el mejor ejemplo que he visto en mi vida de lo que es un sofisma.

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El cometa Halley y Mark Twain

200px-Mark_Twain[1].jpgHoy hace cien años que murió un norteamericano que si les digo que se llamaba Samuel Langhorne Clemens es probable que no sepan quien fue, pero si les nombro a Mark Twain enseguida lo reconocerán como el autor de los libros sobre el gran río Misisipi. Y es que Mark Twain es todo un personaje de novela, con sus primeros escarceos de aventurero, su participación en la guerra civil americana en el bando confederado, sus ruinosas aventuras como editor y sus viajes increíbles en la última etapa de su vida.
Hoy es un gran clásico, pero tuvo una vida muy azarosa y en cierto modo triste, pues vivió lo peor que puede sucederle a un ser humano, la muerte de varios de sus hijos e hijas, lo que amargó sus últimos años. Dijo haber tenido una revelación, pues cuando se anunció unos años antes que el cometa Halley pasaría el 22 de abril de 1910 él predijo que moriría ese día, que se iría con el cometa. Unos dicen que falló por un día, pero otros aseguran que acertó, porque murió el 21 al filo de la medianoche. Tal vez fue causalidad, aunque Carl Joung dijo que «no existen, nosotros hacemos parte de un rompecabezas cósmico donde las casualidades nos guían hacia nuestro destino». Ahí queda eso, y también el recuerdo de un gran escritor, que pasó como el cometa Halley y sigue navegando en la memoria colectiva con las historias del gran río.