¿La invasión de los ultracuerpos?
Este empieza a ser un Estado que, si te lo cuentan, piensas que el otro delira. Porque es delirante que los controladores aéreos paralicen las comunicaciones de todo un país por un cabreo espontáneo que origina una reacción en cadena, que no haya el comedimiento necesario para entender que la economía y la imagen de España se verá afectada, que los dirigentes del sindicato de controladores no hayan sido capaces de controlar (no es un juego de palabras) una acción que necesariamente no terminará bien para nadie.
Y es que todo suena muy fuerte, porque no me dirán que no les recuerda a la película La invasión de los ultracuerpos escuchar y leer que coroneles del ejército del aire toman el mando de las torres de control de los aeropuertos, que el Jefe del estado Mayor de la Defensa forme parte del Gabinete de Crisis, que 2.300 personas consigan bloquear un país. Y no quiero hablar de la pedrada a Canarias en la frente de un puente que era un respiro. Siempre pasa con los pilotos y los controladores, cuyas carreras son carísimas y no se facilitan en las universidades, cosa que tendría que hacer un Estado serio que vela por los servicios de interés general. Es un coto cerrado y eso da mucho poder. No sé cuándo empezó a crecer el monstruo, si viene de la época de Magdalena Alvarez, de la de Alvarez-Cascos o de más atrás, el caso es que ahora mismo tiene muchas cabezas. Está claro que aquí hay mucha gente que ha metido la pata, y algo o mucho se ha hecho mal en el ministerio de Fomento y en AENA. Tampoco se ha lucido la dirección del sindicato de controladores, cuyos responsables han quedado en la picota al ser incapaces de evitar este caos.
Todavía no estoy seguro de si estoy hablando de un hecho real, si estoy viendo la mencionada película de Don Siegel (o leyendo la novela en que se basa, de Jack Finney), o es una historieta para muñequitos de playmovil. Pero ya me lo creo todo, y no me sorprendería que lo siguiente fuera que en vez de aviones volaran burros. Es como si una fuerza alienígena se hubiese inflitrado y convirtiera a los cuerdos en locos y suicidas. Lo que digo: La invasión de los ultracuerpos.
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Dicen que todos los países obtienen grandes beneficios cuando organizan un Mundial, pero también aseguran las malas lenguas que cuando tuvo lugar en nuestro país el Mundial del 82 fue un desastre, aunque esto es difícilmente cuantificable por aquello de los beneficios indirectos, ya que un evento de esta índole es un anuncio publicitario permanente durante un mes en todo el planeta. De todas formas, decían que ganar un Mundial de Fútbol generaba una activación de la economía; bueno, España es campeona ¿y? Ahora habrá quiénes dirán que la culpa es de ¡Zapatero! Es verdad que no le dieron a Madrid los JJOO 2016 y ahora tampoco el Mundial de Fútbol, pero recuerden que en el 2014 se celebra en España el Mundial de Baloncesto. Es el dinero quien manda, y por eso apuestan por lugares donde haya mucho por hacer para ganar, si no no se explica que a Brasil le hayan dado el Mundial de 2014 y los JJOO de 2016. Lo que me pregunto es cómo van a jugar en el 2022 en Qatar, que está en el Golfo Pérsico y en junio hace un calor infernal. Sólo faltaría que le pusieran aire acondicionado a los estadios. Dinero les sobra… de momento, y siempre nos quedará Naranjito.